Lydia Bosch atraviesa uno de esos momentos vitales que se reflejan en la mirada. A sus 62 años, la actriz no solo luce una forma física envidiable, sino que desprende la serenidad de quien ha aprendido a priorizar el bienestar emocional sobre las exigencias externas. En una etapa de absoluta plenitud, Lydia ha decidido romper con años de resistencia y pasar por el quirófano para corregir su presbicia, una decisión motivada por su inminente y esperado regreso a las tablas tras más de tres décadas. La actriz se muestra sincera sobre el paso del tiempo y cómo ha adaptado sus hábitos para sentirse mejor que nunca y sus mejores trucos para estar cada vez mejor.
Según ha confesado en una reciente entrevista para la revista Lecturas: “Entreno dos y tres días a la semana y llevo una alimentación saludable”. Sin embargo, su secreto no reside solo en la intensidad, sino en la técnica y la previsión. “Antes de la menopausia quise prepararme bien y empecé a hacer más deporte. De joven corría, pero ahora eso ya no me funciona igual, así que camino todos los días una hora”, explica Lydia al citado medio, detallando que este ejercicio lo realiza de forma activa: “con técnica: zancada larga, glúteo contraído, abdomen activo… siendo muy consciente de cada paso”.
A pesar de su disciplina, la actriz huye de la rigidez. Su nutricionista, David del Arco, le permite licencias que ella valora profundamente: “me guía y me deja un día para mis caprichos, para poder comer unos espaguetis o un helado. Pero es curioso, porque cuando te acostumbras a una determinada alimentación, luego ya ni siquiera te apetece salirte demasiado de ella”, precisa en Lecturas. Lydia afronta los cambios físicos con una honestidad refrescante. “Es verdad que vas cumpliendo años y ya no puedes llevar ciertos escotes porque la piel es diferente, pero no pasa nada. A cambio, ganas una sabiduría y una seguridad que antes no tenías”, reflexiona. Esta nueva seguridad es la que la ha llevado a operarse de la vista, tras notar que la falta de visión afectaba su rendimiento profesional: “esta falta de visión me estaba afectando no solo a nivel personal, sino que también en el profesional. Me enfadé conmigo misma”.
Andrea Molina: Su pilar fundamental
En este camino hacia la calma, su hija Andrea es, sin duda, su gran pilar. En declaraciones para ¡HOLA!, la actriz subraya que su conexión es única: “Mi relación con Andrea es una relación de absoluta complicidad. Doy gracias a Dios todos los días por el regalo que significa para mí ser su madre”. Por su parte, Andrea destaca en nuestra revista el trabajo emocional que ambas han realizado: “hemos trabajado mucho en nuestra relación para saber entendernos, perdonarnos y sanar ambas muchas cosas”.
Lydia se ve reflejada en su hija, especialmente en “su alegría, en la forma de ver y sentir la vida, en su capacidad de ilusionarse”. Juntas mantienen tradiciones tan entrañables como sus “abrazos puzle”, llamados así por la sensación de “encajar milimétricamente la una en la otra”.
Un regreso triunfal
Este verano, Lydia cumplirá un sueño profesional: interpretar a Fedra en el Festival de Mérida. Un reto que asume con la entrega que la caracteriza pero desde una nueva perspectiva: “Ahora sí que estoy disfrutando, pero antes, por la presión de querer llegar a lo que los demás esperaban de mí —o a esas exigencias que nos imponemos— no lo hacía tanto”, confiesa de nuevo en Lecturas. Con los pies en la tierra y el corazón en paz, Lydia Bosch nos demuestra que la verdadera belleza de la madurez es, sencillamente, “estar bien contigo misma”.









