Se confesaba "adicta al arte", y, en ningún caso, una mera "coleccionista" -aunque su contemporánea colección fue una de las más importantes del siglo XX-. "Soy un museo", sentenciaba Peggy Guggenheim. La gran mecenas del arte moderno falleció hace casi cincuenta años, pero muchos se habrán dado cuenta de que hay una española, con alma atlántica, que ha tomado, de alguna forma, ese 'espíritu' vanguardista en pleno siglo XXI: Lady Elena Foster. Aunque, en su caso, lo hace desde el rigor intelectual y la sobriedad -muy lejos de las excentricidades que marcaron la vida de Guggenheim-.
Comparten pasión por el arte, el poder de 'revolucionar' el sector cultural, y, por qué no decirlo, también un estilo inconfundible. Lady Elena ha convertido sus peculiares gafas de sol en parte de su 'uniforme' y en su accesorio estrella -con ellas es capaz de elevar todos sus looks-; mientras que Peggy impactaba con sus exuberantes y surrealistas lentes con forma de mariposa -diseñadas por su amigo Edward Melcarth-.
Sin embargo, la conexión va más allá de la estética. La propia Lady Elena Foster definía a la mítica mecenas en Fuera de Serie como una "vividora implacable" -en esto, no se parecen en absoluto- que, con pocos medios y mucho riesgo -en esto, quizá, un poco-, supo imponer su visión.
Para ella, Guggenheim no solo fue una coleccionista, sino una "gran comisaria de su propia vida"; una mujer que se puso el mundo por montera y apostó por la innovación, aun sabiendo que eso le llevaría a encontrarse con detractores.
Lady Elena también arriesgó cuando puso en marcha su proyecto más personal, la editorial Ivorypress. Confesaba en sus inicios a El País que su idea era "cubrir gastos y salir adelante (…) Esto es una locura, pero con cierta cordura".
Si Peggy Guggenheim fue el faro del mecenazgo, Lady Elena toma el testigo desde una perspectiva contemporánea… y diferente. Aunque ella es coleccionista y comisaria de arte contemporáneo -ha estado involucrada con el MoMA de Nueva York o la galería Serpentine de Londres-, ante todo, se define como "librera". Peggy, en cambio, cuando recibió a los cuarenta la millonaria herencia de su madre, no siguió los consejos de sus amigos, que le instaban a invertir la fortuna en una editorial. Ella prefería una galería.
Dos mujeres influyentes
Lady Elena es hoy una de las mujeres más influyentes del sector, como en su día lo fue Peggy Guggenheim, que sabía detectar el talento antes que nadie. Fue quien le dio la primera oportunidad a Jackson Pollock, cuando todavía no era conocido -pese a que le costó entender su propuesta al principio y terminó cediendo gracias a sus amigos Howard Putzel y Mondrian, momento en el que decidió encargarle el cuadro más grande de su carrera: 'Mural'-.
Esa misma capacidad para rodearse de los mejores -en su círculo estaban desde Man Ray a Jean Cocteau- y apostar por lo inédito es lo que hoy define el catálogo de Ivorypress, donde Foster ha dado cobijo a grandes artistas -el primer libro de artista que editó fue de Eduardo Chillida, el 'arquitecto del vacío'-, estableciendo con ellos una relación de confianza. "Si no existe esa confianza, simpatía, afinidad cultural, el proyecto no sale (…) Ellos tienen una idea y yo la materializo", confesaba, hace años, a El País, y ha sabido elevar el libro de artista a la categoría de una obra única.
Dos universos
Peggy se sumergió en el mundo del arte siendo muy joven. Con veintiuno, obtuvo la parte de su extensa herencia, más de dos millones de dólares -su padre había fallecido en el naufragio del Titanic cuando tenía cuatro años-, y puso rumbo a París -ella era americana- en 1920. Allí se encontró con los artistas de la época en el bohemio barrio de Montparnasse, pero si hay alguien que cambiaría para siempre su destino fue su amigo Marcel Duchamp, "la persona más influyente de mi vida", llegaría a decir, y la que le introdujo en el arte moderno.
De la capital francesa -y tras separarse de su primer marido, Laurence Vail, que la maltrataba- dio el salto a Londres, donde abrió su primera galería -el Guggenheime Jeune-, con exposiciones dedicadas a Jean Cocteau, Vasili Kandinsky, Max Ernst, Pablo Picasso y John Tunnard. Una apuesta muy arriesgada que el público inglés no entendía. Tuvo que comprar ella misma con los cuadros y así comenzó su colección -y su leyenda-.
También la ciudad del Támesis cambió para siempre la historia de Lady Elena. Tenía una carrera brillante como psicóloga e impartía clases en la universidad de King’s College, en Camberwell, hasta que, una mañana de 1997, todo cambió. La idea que llevaba meses en su cabeza tomó forma y decidió dar un paso adelante. Rompió con todo, con dos décadas en la disciplina académica, para sumergirse por completo en el universo de la cultura, aunque el aclamado arquitecto no tuvo nada que ver con su decisión. Fue un gran amigo de su marido -y suyo- quien la animó a montar Ivorypress hace tres décadas.
"Guíate por tus tripas", le dijo Bob Sainsbury, y lo hizo. Apostó por ello y fue un éxito -el pasado mes de marzo Ivorypress celebraba su 30º aniversario-.
Amor por los perros
Hace unas semanas, mostrábamos en las páginas de ¡HOLA! a Lady Elena paseando a su perro por St. Moritz -su refugio favorito-. Peggy también sentía pasión por sus mascotas. Los dos amores de su vida fueron el arte y los Lhasa Apsos, tenía catorce que le acompañaban casi a todas partes y que están enterrados con ella en el que fuera su palazzo en Venecia -ahora un museo sede de la colección Peggy Guggenheim-.
Guggenheim dejó un legado imborrable, a Lady Elena no le preocupa. Como confesaba en Forbes, "me interesa el presente, y el presente está comprometido con la edición y con el futuro del libro en cualquiera de sus formas. También con la misión de la Norman Foster Foundation" -de hecho, Ivorypress se ha convertido en su 'brazo cultural'-.
Cuando, en 1999, Lord Norman Foster recogía el prestigioso Premio Pritzker, le dedicaba unas preciosas palabras que no pasaron desapercibidas. "A tu lado, Elena, la palabra Renacimiento tiene para mí un nuevo y más profundo significado". Y lo que es seguro es que su nombre ya forma parte de la historia.













