¿Quieres tener un Picasso en casa, sin necesidad de hipotecarte el resto de tu vida y la de tus herederos? Muy fácil. El proyecto 1Picaso100euros te ofrece la posibilidad de cumplir tu sueño y el de muchos mortales. Fue Péri Cochin quien, hace cerca de quince años, impulsó esta iniciativa benéfica para hacerte feliz con la ayuda de Olivier Widmaier Picasso, uno nietos del genial pintor malagueño.
Como su propio nombre indica, se trata de un singular sorteo que, por el módico precio de cien euros el boleto, te ofrece la oportunidad de adquirir un cuadro de Pablo Picasso, con el aliciente de que tiene un fin solidario. En esta tercera edición –tras la de 2013 y la de 2020–, se "rifa" Tête de Femme, acuarela creada en 1941. Los beneficios de su recaudación se destinarán, en esta ocasión, a la Fundación Recherche Alzheimer, para la investigación de esta enfermedad neurodegenerativa.
Con motivo de la inminente esta nueva edición de 1Picaso100euros, que se celebrará el próximo 14 de abril en la sede de Christie’s en Paris, hablamos con Olivier Picasso. Con él, no sólo repasamos la vida de su abuelo y despejamos los mitos que rodean su figura. También analizamos el impacto que ha tenido su obra en el mundo y cómo ha repercutido en su familia, teniendo en cuenta la fatal decisión de su abuela, que se quitó su vida cuatro años después de fallecer Pablo Picasso. Por su puesto, no pudimos evitar preguntarle a Olivier por la familia Bosé, muy unida a su abuelo.
Olivier, ¿cómo surgió este proyecto?
La idea la tuvo Puri Cochin, que es la fundadora de 1Picaso100euros. También es amiga de toda la vida, así que sabe lo mucho que me he involucrado con documentales, libros y proyectos de licencias. Hace más de una década, me preguntó si yo podría ayudarla. Ni me lo pensé. La primera operación fue un gran éxito. La segunda ya fue más difícil porque tuvo lugar en 2020, durante el COVID, así que fue imposible viajar o ayudar.
¿Y qué tiene de especial la edición de este año?
Es realmente interesante. No sólo por la obra de arte, que es muy bonita y muy del estilo de Picasso, sino por su propósito benéfico: ayudará a la investigación contra el Alzheimer, una enfermedad difícil de tratar y que nos concierne a todos.
Háblanos del cuadro que se sortea este año.
Es una pintura de 1941, de cuando mi abuelo se encontraba en París. Era un momento difícil, porque fue durante la ocupación. Como ciudadano español, era neutral, pero Pablo nunca fue neutral. Siempre se comprometió a ayudar a la gente, tanto con su arte como en su vida cotidiana. Lo hizo durante durante la Guerra Civil española y durante la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, mantuvo la esperanza de que las cosas pudieran ser diferentes y seguía recurriendo a sus inspiraciones clásicas, que eran las mujeres. Entonces, estaba tratando de divorciarse de su primera esposa, Olga –la bailarina Olga Jojlova–; tenía una hija con Marie-Thérese, mi abuela; y también un affaire con Dora Maar. Dora Maar fue muy importante para Pablo porque le acompañó durante el proceso de pintar el Guernica. Ella era una artista y miembro del movimiento surrealista, así que este cuadro muestra exactamente el estilo de Picasso para el público en general. Y los colores reflejan la época con esta combinación de blanco, marrón y negro. Es una buena oportunidad de tener no solo un Picasso, sino una obra preciosa.
¿Quién es el propietario del cuadro?
Para cada "rifa", Péry me ha pedido que encontrara una buena obra de arte de mi abuelo y esta vez ha sido de la Opera Gallery, que tiene galerías por el mundo: Miami, Nueva York, París, Londres, Mónaco… Ellos aceptaron ofrecerle a Péry un cuadro por un precio especial. Sé que si se llama un Picasso por un millón, pero el valor de la obra en el mercado es mayor.
Por un millón, no se puede comprar un cuadro así de su abuelo.
Por eso, es una buena oportunidad para participar. Durante estos meses, Opera Gallery se ha ofrecido a exponer el cuadro en su sede de París, cerca del Palacio Presidencial, para que todo el mundo pueda ir a verlo. Es muy bonito contar con marchantes y galerías que ofrezcan una obra así a buen precio, como ocurrió con la Galería Nahmad en las anteriores ediciones.
Usted tendrá un montón de cuadros u obras de arte de su abuelo. Pero, ¿ha comprado algún boleto para esta edición?
Legalmente, no puedo. Imagínate si ganara… ¡Sería horrible! (ríe). Incluso, para mí mismo. Por eso, decidimos que ningún miembro de la familia pudiera comprar un boleto. Además, ya somos muy afortunados por tener suficientes obras de arte de mi abuelo, así que hay que darle la oportunidad a otras personas.
Como nos comentaba, los ingresos de este año se destinarán a la investigación del Alzheimer. ¿Qué le une a esta causa?
No hay ningún caso en la familia. Pero soy realista y todos tendremos que enfrentarnos a esta enfermedad, ya sea en primera personas o en nuestro entorno. Creo que es hora de despertar. Por eso, estoy muy ilusionado con la "rifa" de este año.
¿Conoce personalmente a los ganadores de las ediciones anteriores?
Sí. El de 2013 fue un chico de Pensilvania de unos 25 años. Yo estaba cuando se le dieron el cuadro, que fue en una sala de su trabajo, y me acuerdo que el chico se quedó petrificado.
Imagínese… Ganar un Picasso y recibirlo de manos de su nieto.
Se quedó paralizado. Luego, ya sabes que en Estados Unidos, cuando ganas en la lotería o cualquier tipo de juego, tienes que pagar impuestos. Pero, en el caso de ganar una obra de arte, si aceptas ponerla durante cinco años en un museo, te eximen de pagar los impuestos. Es lo que hizo el ganador, que ya tiene el cuadro y puede venderlo si quiere. El ganador de la segunda operación, en 2020, fue un italiano que compró dos boletos, uno para él y otro para su madre. Y el boleto ganador fue el de su madre.
Cuénteme un poco sobre usted.
Vivo en París, aunque la mayor parte del invierno lo paso en Miami. Allí, puedo practicar un poco de español. Siempre he trabajado en televisión y produciendo programas y documentales, como el que hice sobre mi abuelo. También me he encargado de las oportunidades de licencia en la familia. Hace veinticinco años, le dije a mi tío Claude que teníamos que gestionar el nombre de forma proactiva y se me ocurrieron algunas ideas con LVMH, Nokia o el coche Citroën. Todas fueron mías. Era un riesgo, pero ninguna afectó al éxito de las exposiciones o los precios de sus obras en el mercado. Gracias a eso, pudimos proteger el nombre. Hoy tenemos grandes problemas con China por la falsificación, pero la familia está dispuesta a contraatacar y lo vamos a hacer.
Usted se parece físicamente a su abuelo. ¿Se lo dicen a menudo?
Sí (ríe). Siempre respondo: "Ah, sé que tengo su nariz, pero no tengo las manos".
¿Visita España con frecuencia?
No lo suficiente. En los últimos años, he ido sobre todo a Málaga, por el Museo de Picasso que inauguró mi primo Bernard. También he viajado mucho a Barcelona. Me gusta la cultura española y el carácter de los españoles, que son más sencillos que los franceses. Hay una conexión instantánea con los españoles, es más fácil.
No tiene hijos, ¿verdad?
No, no quisimos. Pero tengo un sobrino y una sobrina, quien vive en París y a la que veo muy a menudo. Ella tiene nueve años y es muy divertido porque veo cómo se relaciona con su bisabuelo. Por ejemplo, mi hermana Diana, su madre, tiene obras de arte, aunque intentamos que todo sea muy normal. Pero hace unos cuatro o cinco años, fuimos a la fundación en Suiza y compré un muñeco de Picasso para mi sobrina. Era como un personaje de dibujos animados, con camiseta a rayas y un pincel. Cuando se lo di a ella, le pregunté si sabía que ese muñeco era el padre de su abuela. Ella me contestó: “No, es Picasso” (ríe). Me pareció tan bonito.
Su hermana, Diana, es pintora. ¿Qué tal se le da pintar a usted?
El problema es que en mi familia no hay genios. Eso no se hereda. Cuando iba al colegio, todos mis profesores de dibujo solían decirme: "Ah, qué bonito, qué bonito". Siempre me ponían un sobresaliente, pero yo no era un buen artista. En el examen final de Bachillerato, saqué un tres sobre veinte, así que dejé inmediatamente mi carrera como artista y me fui a la universidad.
Supongo que usted sentiría cierta presión por seguir los pasos de su abuelo.
No. Primero, porque, cuando vives en un entorno artístico, tienes el potencial de desarrollar ciertas habilidades. En mi caso, me encanta estar detrás: producir música y en televisión. Por otro lado, ser nieto de un artista así da muchas ventajas y quizá algunos derechos, pero también muchas obligaciones. Sé que mi vida, en un 10 por ciento, siempre estará influenciada por mi respeto a la vida y a la obra artística.
¿Se refiere a cuidar su legado de tu abuelo?
Su legado y a mí mismo, para no convertirme en un estúpido. Nunca he ido de "Oh, soy el nieto de Picasso". Ni nunca le he dicho a nadie: "¿Sabes quién soy?". Porque no viene al caso y no es relevante.
¿Qué opina del precio que han alcanzado en subastas algunas obras de tu abuelo?
Siempre conocemos el precio de un objeto porque sabemos cuánto tiempo se necesita para fabricarlo o los materiales que se requieren. Pero, en el caso de una obra de arte, lo que cuenta es tu relación personal. Entonces, ¿cuál es el precio de tu emoción? Por supuesto que podemos pensar en ello como una inversión, claro, pero quizá prefieras a un artista u otro dependiendo de tus sentimientos. Es importante tener un sentimiento real cuando miras una obra de arte. Por eso, siempre promuevo la organización de exposiciones, para ofrecer a todo el mundo la posibilidad y el placer de ver una obra de arte.
Hace tres años, en noviembre de 2023, se subastó una obra de su abuelo por 140 millones de dólares. ¿Qué le parece?
Nadie está obligado a comprar u ofrecer tanto dinero. Sé que mi madre heredó de Marie-Thérèse –abuela de Olivier– y de Pablo. Él fue muy generoso con ella y sé que ella siempre prefirió hacer caso omiso de los precios. Para Maya, mi madre, eran recuerdos de sus padres y no quería obsesionarse con los precios. Para ella, era un retrato de mamá hecho por papá y eso era lo que decía. Tenía una conexión muy especial. Por supuesto, es algo que la tercera generación no podemos tener.
Usted estará rodeado de pinturas de su abuelo. ¿Le resulta difícil conservarlas?
¿Te refieres a protegerlas? Sí, porque necesitan cuidados. Es un placer poder tenerlas en casa y es necesario tener un seguro. Intenté sentirme como mi madre, que tenía muchos cuadros en casa y sin seguro. Yo soy más precavido porque sé que son obras que tienen mucho valor. El problema es no tener suficientes paredes (ríe).
¿Cuál es la obra de arte favorita de Picasso?
Emocionalmente, tengo una predilección por los cuadros de mi abuela y de mi madre. La suerte es que es uno de los periodos más deseados de Picasso. Están llenos de colores y encajan con los recuerdos de mi madre y mi abuela en un momento precioso con Pablo. Mi abuela solía decir que era maravillosamente terrible, y probablemente era terrible, pero de una manera maravillosa.
¿Qué es lo que más admira de la personalidad de su abuelo?
Dos aspectos. En primer lugar, la libertad. Hacía lo que le apasionaba y esa libertad no es fácil de conseguir. Mi abuelo fue capaz de cumplir su misión, porque sabía que tenía un talento extraordinario. De él aprendí que hay que tener tanta libertad como podamos. El segundo punto es la generosidad. Aunque quisiera estar solo en el estudio y trabajar, mi abuelo era extremadamente generoso con la gente que le rodeaba. Escuchaba los problemas de los demás e intentaba hacer todo lo posible por ayudarles. Es injusto decir lo contrario. Cuando escribí una biografía sobre él, tuve acceso a documentos familiares y pude comprobarlo, aunque no se viera.
¿Qué le sorprendió o más le llamó la atención de Pablo Picasso de estas investigaciones?
Su energía. Era un hombre del siglo XX, un siglo de guerras, de revoluciones, de transformaciones sociales… También fue el paso de una sociedad muy tradicional a una más abierta. Pablo era un artista. Probablemente, sabía que disponía de un tiempo limitado para lograr todo lo que quería hacer, pero, al mismo tiempo, era padre de cuatro hijos y tuvo muchas compañeras y mujeres en su vida. Además, se enfrentó a problemas políticos en España y Francia. Incluso después de la guerra, cuando estuvo en la zona comunista, porque el Partido Comunista defendió que los artistas eran muy importantes, aunque luego él cambiara de opinión. Mi abuelo tenía una energía que nunca, nunca perdió. La tuvo siempre, hasta el final. Pero estoy seguro de que esa energía para la creación fue también una forma de sobrevivir. En el último mes de su vida, siguió dibujando y creando.
Su prima Marina Picasso –hija de Paulo Picasso, quien fue del matrimonio del pintor malagueño con la bailarina ucraniana Olga Khokholova– fue muy crítica con su abuelo. ¿Reconoce ese retrato que hizo ella?
No. Cuando la madre de Marina, Émilienne [Lotte], se casó en 1949 con el hijo de Pablo Picasso, Paulo, creo que pensaba que se había casado con el propio Pablo. Pero se separaron muy pronto, cuando ella estaba embarazada de Marina, así que fue una situación difícil para ella. Durante el proceso de divorcio, esta mujer le pedía cosas a Pablo, como si se las pidiera a su marido. El problema es que ella se quedó con la custodia exclusiva de los niños y no pudieron ver a su padre ni a su abuelo. Este es el punto clave, que, de hecho, es horrible. En los años 50, Pablo tuvo a sus hijos pequeños, Claude y Paloma, al mismo tiempo, su hijo Paolo tenía los dos suyos, Pablito y Marina, quienes no podían ver al abuelo. Esos niños llevaron una vida bastante normal, mientras que su abuelo era rico. Esto no lo ha contado Marina, pero es la realidad. Luego, cuando eres niña y te dicen que eres la nieta de Pablo Picasso, todo el mundo te admira. Pero sin ningún vínculo con él… No tienes nada. Y es triste. Seguramente, fue muy confuso cuando fue pequeña o adolescente. Y el destino quiso que Pablo muriera en el 73 y Paulo, en el 75. Ahí, Marina era muy joven, tenía 25 años.
Supongo que habrá conocido a grandes admiradores de su abuelo. ¿Quién le ha fascinado más?
Jeff Koons. Estuve en su estudio en Nueva York y hablamos de mi abuelo. Le pregunte: "Jeff, ¿cómo te convertiste en artista?". Me contestó: "El 9 de abril de 1973, cuando yo era estudiante en York y me enteré de la muerte de Pablo Picasso". Me contó que la noticia estaba en todos los periódicos, por todas partes, y que todos los estudiantes hablaban de ello. “Ese día, quería ser Pablo Picasso y me convertí en Jeff Koons”, me dijo. Es curioso, porque su fama tuvo un mayor impacto. Aunque Jeff tenga talento, claro, viene de una nueva generación en la que la fama es muy importante y es interesante ver que un artista contemporáneo tan importante se inspirara en la fama que rodeó la muerte de Pablo Picasso.
Hablemos de su abuela, una de las mujeres de la vida de Picasso. ¿Cómo era Marie-Thérèse?
Probablemente, era una mujer bastante inocente, porque conoció a Pablo cuando él tenía 45 años y ella, 17. Mi abuelo la cuidó durante toda su vida, así que mi abuela vivía en una fantasía de artista y musa. Cuando ella entraba en el estudio, Pablo le pedía que no se moviera y le inspiraba. Era muy erótico y se puede ver en los cuadros, pero todo era encantador. También tengo recuerdos de mi abuela y era una mujer fuerte, una personalidad especial. Era guapa y veías su inteligencia en su rostro. Por supuesto, después de la muerte de Pablo, mi abuela tuvo que madurar. Ya sabes, recibía dinero cada mes y le habían regalado más de 100 obras de arte. De repente, tuvo que enfrentarse a una vida cotidiana, pero sin su faro… Y se suicidó en 1977. Creo que a Jacqueline –se refiere a Jacqueline Roque, la segunda mujer del pintor– le pasó lo mismo en 1986. Decían: "¿Es posible sobrevivir a Pablo Picasso? ¿Haber estado en un mundo muy extraordinario y volver a la ordinaria?".
Pero, ¿entiende que su abuela se quitara la vida?
Creo que se aburría. De hecho, siempre estuvo en contacto con él. Incluso, con una simple tarjeta de Navidad o de cumpleaños que enviaba él aún estando ya casado con su última esposa. Eran solo unas pocas palabras, pero había un vínculo. Y, de repente, ese vínculo desapareció. Por otro lado, ella no estaba preparada para valerse por sí misma.
Digamos que no pudo sobrevivir a Picasso.
Así es. Era un vínculo con el único hombre de su vida. No fue una depresión, sino, más bien, una forma de intentar reunirse con él en algún lugar.
Es una forma curiosa de verlo.
Por supuesto, suicidarse es violento, pero no todo se basaba en las cosas malas o sucias. Se basaba en la imagen de un amor pasado con el que quizá esperaba reunirse.
¿Cómo se supera una pérdida así?
Creo que mi madre superó esa situación gracias a que tenía su propia familia y tres hijos, aunque pensaba que era injusto. Claro que fue un momento muy difícil. Y estoy seguro que, hasta el final de su vida, mi madre seguía pensando: “¿Por qué, por qué?”. Pero la relación entre Marie-Thérèse y Pablo era diferente de la relación entre Maya y su padre, así que no podían tener la misma apreciación.
Háblame de su madre. Porque todos conocemos a Maya, pero ¿cómo era ella?
Toda su vida insistió en que era Maya antes que Picasso. Probablemente, tenía un pequeño mundo privado que se reservaba para ella misma, porque todo había sido muy público. Ella era una fuente muy bonita de recuerdos e historias porque siempre tenía una conexión con ese cuadro de 1952. Era realmente interesante ver lo mucho que estaba unida a su padre. Los dos se querían mucho y Pablo era la parte española de su vida. Mi madre nació y vivió en Francia, pero amaba España. De hecho, consiguió un pasaporte español y estaba muy orgullosa de ello.
¿Usted también tiene pasaporte español?
No, no.
Su madre le habrá contado muchas historias y anécdotas sobre su abuelo. ¿Cuál es su favorita?
Recuerdo una de ella cuando tenía menos de diez años. Probablemente, fue al final de la Segunda Guerra, pero una noche, como a las 4 de la madrugada o así, mi abuelo la despertó y le pidió que fuera a ver algo al estudio. Era raro que lo hiciese, pero lo hizo con su hija y eso lo recordaba ella como un momento muy especial. En la familia, como Paloma o Claude, siempre le llamaban Picasso, pero mi madre siempre hablaba como "papá". Cuando salía de casa para ir al museo de París, para ocuparse de los archivos o reunirse con el director, mi madre decía: "Hoy voy al museo de papá". Siempre ha intentado mantenerlo.
Por último, querría preguntarle si conoce a la familia de Miguel Bosé. Su madre, Lucía Bosé, era una gran amiga de tu abuelo.
Primero, descubrí a la familia de Miguel Bosé Dominguín a través de las fotos de los años 50. Mi madre me decía: "Oh, ésta es Lucia y éste, su hijo". Mi madre tenía una buena relación con ella. Por supuesto, descubrí a su hijo en la televisión porque era un cantante famoso, pero a ella la conocí en Barcelona y recuerdo que era extremadamente teatral. Era divertida, ruidosa y muy, muy elegante. Cuando la vi, pensé “Ahora entiendo por qué le gustaba a mi madre”. Porque mi madre también era muy ruidosa y teatral.














