Diego González Rivas (1974, La Coruña) es el protagonista absoluto de estas líneas. La entrevista se desarrolla a través de una videollamada que conecta Guangzhou con España (en su reloj marcan las 18:00; en el nuestro, las 11:00). Las agujas del reloj no son un detalle menor: apenas unas horas antes, acababa de enfrentarse a una de las intervenciones más complejas (cirugía sin intubar) y, tan solo 24 horas antes, el rey le había otorgado un reconocimiento como Marca España , recogido —al igual que este diálogo— de manera virtual. Fueron sus padres quienes, en su nombre, acudieron de forma presencial y sellaron bajo un estrecho de manos su agradecimiento al rey.
Y, aunque él mismo alude a cómo cada uno de los premiados se lo merecía, él mismo lleva años ganándoselo a pulso. En 2010, el experto torácico , desarrolló una técnica pionera a nivel mundial que permite operar a través de una sola incisión (Uniportal VATS). Desde entonces, ha recorrido numerosos países enseñando y difundiendo este procedimiento innovador (mínimamente invasivo) , contribuyendo a su implantación global. Pero no solo se quedó ahí, el año pasado operó por primera vez en la historia de manera transcontinental : en pocas palabras, a 8.000 millones, mientras él se encontraba en China y el paciente en Rumanía gracias a un “brazo” robot (su llamado Shurui) que recibió indicaciones gracias a una conexión por vía satélite .
Ayer recibió un reconocimiento honorífico de la Marca España de manos del rey, pero no pudo estar presente. ¿Qué significa este reconocimiento para ti y por qué no pudiste asistir?
Fue un honor recibir este reconocimiento, especialmente después de tantos años llevando el nombre de España por todo el mundo. Para mí es una enorme satisfacción representar a la Marca España, y más aún saber que el Rey es consciente de ello, que participa en la entrega y, sobre todo, que la impulsa. Además, tuvo el detalle de decirles a mis padres que tenía muchas ganas de conocerme y que seguía muy de cerca todo lo que hago. Es una persona a la que admiro profundamente, por lo que me dio mucha pena no poder estar allí. Aun así, envié un vídeo que finalmente se proyectó durante el acto. La verdad es que hice todo lo posible por asistir, pero justo coincidía con un curso en Guangzhou que imparto dos veces al año. En esta ocasión, iban a participar alrededor de 40 cirujanos de todo el mundo que llevaban meses preparándose para venir, con vuelos y alojamiento ya organizados. Cuando supe las fechas, ya era imposible cambiarlo, sobre todo teniendo en cuenta la agenda del Rey. Mi vida funciona un poco así: este año mis padres han recogido por mí cuatro o cinco premios a los que no he podido asistir. De hecho, no tengo ni un solo día libre hasta enero de 2027 .
En alguna ocasión te has definido como un médico que "salva vidas de verdad". ¿Qué significa para ti esa afirmación?
No me considero un médico que “salve vidas de verdad”. Me refiero a que en España, cuando tú no operas a un paciente, lo opera otro. Tenemos la suerte de tener un sistema sanitario muy bueno, en el sentido de que es universal y cubre a todo el mundo. Sí, es mejorable —por ejemplo, en cuanto a las listas de espera—, pero en general es ideal. Sin embargo, en países en desarrollo, como en África, sí que se salvan vidas de manera literal. Si tú no vas a operar a esos pacientes, nadie lo hará y se van a morir. Allí no hay ni infraestructuras ni recursos suficientes. Un ejemplo es la niña que operé en el Congo: había tragado una llave hace dos años y se estaba muriendo. Nadie podía ayudarla. La operé y le salvé la vida; de no haberlo hecho, habría muerto en pocos meses, porque la llave ya estaba perforando todo el bronquio. Sí puedo decir que le salvé la vida.
¿Tu vocación nació al ver el trabajo de tu madre?
Mi madre era enfermera, y al verla en el hospital, acompañarla y vivir ese ambiente hospitalario… claro, yo tenía la percepción de que cuando veía entrar a mi madre al hospital, la gente luego salía bien. Ella volvía feliz a casa y me contaba las historias de sus pacientes, y yo asociaba eso con que su trabajo hacía feliz a la gente. Y yo quería eso: hacer feliz a la gente. De hecho, de pequeño me grababa cintas para hacer reír a los demás; incluso quise ser actor, para hacer reír y que todos estuvieran felices.
Tienes el Récord Mundial Guinness por haber operado en más países. ¿En cuántos has operado hasta ahora?
En 142 países.
"En países en desarrollo, como en África, sí que se salvan vidas de manera literal. Si tú no vas a operar a esos pacientes, nadie lo hará y se van a morir"
¿Con qué hospitales o instituciones colaboras actualmente?
Con contrato en China, cinco; en Bucarest, otro; en Bosnia, otro; en Madrid, tres; en La Coruña, dos; en India, uno; en Alemania, dos. Luego, en Costa Rica y México hago un curso todos los años, y es como si tuviera contrato con ellos.
¿En qué país has encontrado mayores dificultades a la hora de operar? ¿Cómo fue aquella experiencia?
En Sierra Leona, estuve operando un tórax con una incisión pequeñita, y se nos fue la luz. Te quedas a oscuras y pierdes el control absoluto del paciente. No se puede experimentar una sensación más hostil que la que sientes cuando estás operando y no tienes material, o cuando el equipo no tiene experiencia.
¿Cuál fue tu reacción cuando se te corta el suministro eléctrico?
Esperas, mantienes la calma hasta que vuelve la luz, y vas operando con mucho cuidado. Son situaciones muy extremas. Ahora ya lo he superado, porque ya he “cogido calle”, por así decirlo, pero al principio fue durísimo, sobre todo hacerlo solo en otro país. Me he hecho fuerte y he ganado experiencia, en parte gracias a haberlo pasado mal. Como dice el dicho: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.
Uno de tus últimos avances es el robot Shurui, posterior al sistema Davinci Surgical System y basado en nitinol, con el que realizaste la primera operación transcontinental por satélite entre China y Rumanía. ¿Cómo surgió esta idea?
Llegó por la necesidad de evolucionar. Imagínate: yo estoy ahora en Guangzhou y hay un paciente en Alemania. Gracias a esta tecnología, puedo conectarme desde aquí y operarlo allá. Lo único que necesito es un equipo que me asista junto a la mesa del paciente; los brazos, en cambio, los manejo yo desde aquí, a través de una “consola”. Así es como serán las cirugías en el futuro. O imagínate que un cirujano desde la India me llama y me dice: “Oye Diego, quiero hacer este caso que es muy complicado y necesito que te conectes por si acaso surge algún problema”. Yo podría ayudarle desde mi casa, con la consola. Antes, esto ya se había hecho en urología con un robot que realizaba 4 o 5 incisiones. Nosotros, en cambio, realizamos la primera cirugía en el mundo desde Asia hacia Europa usando solo una incisión, y fue en un caso de cáncer de pulmón. Se llevó a cabo en abril del año pasado y funcionó muy bien. Para lograrlo se necesitó una conexión satelital; un wifi común no servía. Después hice otra cirugía en Shenyang hace un mes, a 5 mil kilómetros de distancia, y el próximo mes realizaré otra en Tayikistán.
¿Cuál es el coste aproximado de desarrollar una tecnología como este robot?
Cada vez que montamos todo, la cirugía transcontinental resulta muy cara: el sistema de conexión por satélite, un equipo de ingenieros en el lugar donde está el paciente y otro equipo de ingenieros a tu lado para que todo funcione correctamente… no puede fallar nada. La telecirugía es algo que está empezando. Hemos realizado casos, pero hay que continuar para que se convierta en un proceso estándar y rutinario. El robot —en específico el Shurui— es muy caro porque su tecnología utiliza nitinol, un metal maleable que se calienta y luego vuelve a su forma original. Los otros robots —refiriéndose al Davinci— funcionan con poleas y brazos articulados. Solo el robot Shurui cuesta cerca de 2 millones de euros. Pero el robot es un instrumento yo siempre digo que “cuanto mejor es el cirujano menos necesita al robot”.
¿Estás trabajando en nuevos avances robóticos? ¿Puedes adelantarnos algo?
No, de momento no, estamos trabajando con el Shurui para expandirlo por el mundo y hacer más cirugías.
"Los otros robots —refiriéndose al Davinci— funcionan con poleas y brazos articulados. Solo el robot Shurui cuesta cerca de 2 millones de euros. Pero el robot es un instrumento yo siempre digo que 'cuanto mejor es el cirujano menos necesita al robot'”
La Diego González Rivas Foundation impulsa una unidad móvil que funciona como hospital en África. ¿Con qué objetivo nace este proyecto y qué impacto está teniendo?
En África es donde más necesidad que es donde realmente no hay infraestructuras de nada tenemos la unidad móvil que es como un hospital con todo el material que necesitamos y lo bueno que tiene es que con ella conseguimos darle al paciente las mismas condiciones, ese “ambiente” que tendría en cualquier hospital de Europa. La unidad inmovil está en Sierra Leona, la hemos llevado por Ghana y por Costa de Marfil. Pero transportarla es muy cara, lo hacemos gracias a donaciones además que tenemos que registrar la unidad móvil como hospital en cada país al que vamos. Imaginate la burocracia…Una unidad movil moviendola por africa y que haga cirugía mínimamente invasiva es la primera vez y es muy complejo, nos enfrentamos a la corrupción de cada país.
Hablando de corrupción..¿en qué países ha sido?
En Ghana, Nigeria y en mil sitios más. Te piden dinero por todo, ven la unidad móvil, ven tecnología y te piden dinero por todo. Vas a hablar con un dirigente de algo y te van a pedir dinero. Vas allí a ayudar, todo pagado de mi bolsillo, a operar gratis y te sacan tajada de todo.
¿Cuántas operaciones has llegado a realizar en un mismo día?
En un día he llegado a operar 16 cánceres de pulmón. Este fin de semana, sin ir más lejos. Y máximo de cirugías, 22 cirugías, por casos de sudor.
Con ese nivel de actividad, ¿te da tiempo a pasar por casa?
¿Cuál es mi casa? (ríe). En España apenas paso un mes al año; voy a operar a Madrid un fin de semana al mes. Ahora estoy en Guangzhou, esta noche vuelo a Bucarest y voy directo al quirófano, donde tengo cinco cirugías robóticas. Luego, este fin de semana, tengo 30 cirugías en Madrid y, el lunes, me voy a Bosnia. Iba a ir a Kuwait también a operar, estoy esperando a que me envíen los billetes pero como está siendo bombardeado no me los están enviando. Yo no tengo miedo a ir, yo voy. Me da igual que esten bombardeando quiero operar a esos pacientes que han estado esperando por mi.
Una de tus operaciones aparece en la serie 'La Casa de Papel'. ¿Cómo surgió esa colaboración?
No, no, me llamaba para ver la serie y para ver las imágenes, todo eso. De hecho, es curioso, porque yo no sabía lo que era La Casa de Papel. Yo la Casa de Papel la descubrí la pandemia de curiosidad, ¿no? Porque la pandemia, como me quedé en España, empezó a ver series y yo no veía series. Y me puse a ver La Casa de Papel y hostia, algo curioso. Yo recuerdo que estaba en Malasia cuando me llamaron de la serie La Casa de Papel y me dijeron que querían usar una cirugía mía. Les respondí: “Sí, vale, pero ¿de qué trata la serie?”. No tenía ni idea de lo que era. Luego, ya durante la pandemia, se empezó a hablar mucho de La Casa de Papel, cogió mucho bombo y fue cuando la vi. Más adelante, por circunstancias de la vida, terminé operando a un actor de la serie, a Arturito (Enrique Arce). Ahora somos muy amigos. Cosas de la vida.
También a Broncano de hiperhidrosis.
Sí, claro, y a muchos más que no te puedo decir.
"Iba a ir a Kuwait también a operar, estoy esperando a que me envíen los billetes pero como está siendo bombardeado no me los están enviando. Yo no tengo miedo a ir, yo voy. Me da igual que esten bombardeando quiero operar a esos pacientes que han estado esperando por mi"
Después de todo lo que has conseguido y de los lugares a los que has llevado tu trabajo, ¿qué te queda por hacer?
Plantar un árbol ya lo he hecho, ser investido Honoris Causa también, subir en globo ya lo hice… Tener un hijo sería lo único que me faltaría. Nunca se sabe, aún soy joven.
Cuando mires atrás dentro de unos años, ¿cómo te gustaría que se recordara tu legado en la medicina?
Como alguien que se comprometió con el desarrollo de la cirugía, que fue un buen profesor. Cada cirujano que formo es un cirujano que opera a cientos de pacientes; de una sola persona se benefician cientos, miles.










