La familia de Ronald O. Perelman, uno de los empresarios y filántropos más influyentes de Estados Unidos, atraviesa un momento de enorme tristeza. Su hijo Oscar, de 15 años, ha fallecido en la isla caribeña de San Martín, situada en el archiélago de las Antillas Menores. La noticia de su muerte fue adelantada por el medio estadounidense Page Six. Las fuentes consultadas apuntan a que su muerte estaría relacionada con un problema médico de larga duración, un aspecto sobre el que la familia ha preferido mantener la máxima discreción.
Oscar era el hijo mayor del matrimonio formado por Perelman y la psiquiatra Dra. Anna Chapman, con quien el empresario se casó en 2010. Ese mismo año dieron la bienvenida a su primer hijo mediante gestación subrogada, un proceso que ambos vivieron con enorme ilusión. Dos años más tarde ampliaron la familia con la llegada de un segundo hijo, también por el mismo método.
Quienes conocían a Oscar lo describen como un joven especialmente brillante y afectuoso. “Era un niño amable e inteligente”, recuerda una fuente cercana a la familia. “Muy inteligente; era hijo de su padre”. El comentario resume el orgullo que Perelman sentía por él y la admiración que despertaba entre quienes lo trataban.
La llegada de Oscar supuso un antes y un después para la pareja. Tras un camino complicado hacia la paternidad, su nacimiento fue recibido con una felicidad inmensa. “Ambos deseaban mucho tener un bebé desde hace tiempo”, explicó una fuente en su momento. “Sus amigos dicen que nunca habían visto a Ronald tan feliz ni tan satisfecho”. Ese entusiasmo marcó los primeros años de vida del pequeño y reforzó la imagen de un Perelman mucho más familiar y cercano.
Una vida personal marcada por una familia numerosa
Más allá de su trayectoria empresarial, Perelman es conocido por su papel al frente del grupo de cosméticos Revlon y por las importantes operaciones financieras que llevó a cabo desde la década de 1980 a través de su holding MacAndrews & Forbes. A lo largo de los años también ha destacado por su compromiso filantrópico, con donaciones de gran impacto a instituciones médicas y de investigación. Entre ellas figuran el NYU Langone Medical Center, el Ronald O. Perelman Heart Institute del NewYork-Presbyterian Hospital o el centro de medicina reproductiva de Weill Cornell. Su presencia habitual en eventos benéficos y su apoyo constante a causas relacionadas con la salud, la educación y las artes lo han consolidado como una figura influyente dentro del panorama social neoyorquino.
Tras su divorcio, Perelman se casó en 1985 con la periodista y editora de Page Six Claudia Cohen, con quien tuvo a su quinta hija, Samantha. Su tercer matrimonio, con Patricia Duff, dio la bienvenida en 1995 a Caleigh Sophia. Más tarde, en el año 2000, contrajo matrimonio con la actriz Ellen Barkin, aunque la pareja no tuvo hijos y se separó en 2006. Finalmente, en 2010, inició una nueva etapa junto a la Dra. Anna Chapman, con quien formó la familia más joven del clan.
Esa compleja estructura familiar siempre ha convivido con la intensa actividad empresarial de Perelman, una figura clave durante décadas en sectores tan diversos como la cosmética, la alimentación, el entretenimiento o la tecnología médica. Su nombre está especialmente ligado a Revlon, la firma de belleza que adquirió en los años ochenta y que marcó su ascenso definitivo como uno de los grandes magnates estadounidenses.
Un empresario influyente y un filántropo comprometido
Más allá de los negocios, hay que recordar que Perelman econocido principalmente por ser dueño del grupo de cosméticos Revlon y por sus agresivas inversiones a través de su holding MacAndrews & Forbes desde la década de 1980. ha destacado por su implicación en proyectos filantrópicos de gran impacto. Ha realizado importantes donaciones a instituciones médicas y de investigación, como el NYU Langone Medical Center, el Ronald O. Perelman Heart Institute del NewYork-Presbyterian Hospital o el centro de medicina reproductiva de Weill Cornell. Su presencia en eventos benéficos y su apoyo a causas relacionadas con la salud, la educación y las artes lo han convertido en una figura habitual del panorama social neoyorquino.
La pérdida de Oscar supone un golpe devastador para una familia acostumbrada a la exposición pública, pero muy celosa de la intimidad de sus hijos más pequeños. El entorno del empresario coincide en que este duelo es especialmente doloroso, no solo por la juventud del menor, sino por el vínculo tan estrecho que mantenía con sus padres.
Sin duda, la muerte del adolescente deja un vacío inmenso en la familia Perelman, que ahora afronta un duelo íntimo, lejos del foco mediático, mientras recibe numerosas muestras de apoyo. Y su historia, marcada por el amor de sus padres y por una vida truncada demasiado pronto, deja una huella imborrable en una de las sagas más influyentes del panorama financiero y social estadounidense.










