La confesión más dura de Amanda Peet: le diagnosticaron cáncer de mama al despedirse de sus padres


La actriz recibió el diagnóstico de su enfermedad mientras sus padres estaban ambos en cuidados paliativos


Amanda Peet confiesa en un desgarrador relato como se encfrentó a un cáncer de mama al mismo tiempo que se morían sus padres© Variety via Getty Images
Paloma AnayaPeriodista de cine y actualidad
23 de marzo de 2026 a las 18:32 CET

La actriz neoyorquina Amanda Peet, conocida por sus papeles en Falsas apariencias o El amor es lo que tiene, acaba de hacer público que padece cáncer de mama, una noticia que ha compartido a través de un conmovedor ensayo publicado en The New Yorker. La actriz de la serie Vicios ocultos (54 años) relata cómo este difícil diagnóstico, que recibió el pasado verano, coincidió con un momento especialmente complicado para ella, ya que sus padres estaban en cuidados paliativos. 

Amanda Peet confiesa en un desgarrador relato como se enfrentó a un cáncer de mama al mismo tiempo que se morían sus padres© GTRES
Amanda Peet confiesa en un desgarrador relato como se enfrentó a un cáncer de mama al mismo tiempo que se morían sus padres

Peet relata cómo, en agosto de 2025, una revisión rutinaria derivó en un diagnóstico de cáncer de mama de estadio I, mientras sus padres ya se debatían entre la vida y la muerte en costas opuestas de Estados Unidos. La actriz describe con mucha crudeza la ansiedad antes de los resultados, el uso de ansiolíticos para manejar la presión emocional y el alivio de saber que el tumor no era el más agresivo. El diagnóstico inicial de su enfermedad apuntaba a un tumor pequeño, aunque era necesario realizar más pruebas para determinar su alcance. "Es como con los perros", le explicó su médico. "Por un lado están los caniches y, por el otro, los pitbulls".

Al mismo tiempo que trataba de procesar su enfermedad, su mente se vio sacudida por otra desgracia: la llamada de su hermana diciéndole que su padre estaba a punto de morir. Peet revela que, aunque sus padres llevaban mucho tiempo divorciados y estaban ingresados en cuidados paliativos en costas opuestas de Estados Unidos, la situación parecía desequilibrada: la enfermedad de su madre, en fase avanzada de Parkinson, ya llevaba desde junio, mientras la de su padre apenas había empezado una semana antes, por lo que nunca imaginaron que él sería el primero en irse.

Amanda Peet y su marido David Benioff© Getty Images
Amanda Peet y su marido David Benioff

Su padre falleció justo cuando ella viajaba a Nueva York y, por mucho que apuró el trayecto, no llegó a tiempo de despedirse de él con vida, aunque sí pudo ver su cuerpo y quedarse un rato a su lado, en un momento desgarrador que marcó un antes y un después en su manera de entender la muerte. Amanda Peet relata con desasosiego esa sensación inesperada en la que su mente, en lugar de centrarse en el duelo por la muerte de su padre —"me sentí culpable por no llorar", dice—, volvía una y otra vez a su propio diagnóstico de cáncer de mama, como si su enfermedad se hubiera convertido en un pensamiento obsesivo que se negaba a ceder espacio al dolor ajeno. "En cuanto el cuerpo de mi padre desapareció de mi vista, volví a entrar en pánico por mi cáncer".

Peet y su hermana decidieron no contarle a su madre, que estaba en fase terminal de Parkinson, ni la muerte de su padre ni su propio diagnóstico, para no aumentar su sufrimiento en los últimos días. 

Amanda Peet con su madre en Nueva York, en 2012© GTRES
Amanda Peet con su madre en Nueva York, en 2012

Cuando Amanda regresó a Los Ángeles, contó que recibió una llamada de su médico, quien le comunicó que su cáncer de mama era "HER2 negativo" (las células cancerosas de la mama no contienen altos niveles de la proteína factor de crecimiento epidérmico humano 2 (HER2), que impulsa el crecimiento del cáncer). Sin embargo, se encontró una "segunda masa" en la misma mama y se quisieron realizar más pruebas para examinar las células. Peet afirmó que los resultados mostraron que la segunda masa era "benigna" y que tenía cáncer de mama en estadio I, lo que requería una lumpectomía y radioterapia, sin mastectomía doble ni quimioterapia. 

Una vez que descubrió que su segundo tumor era benigno, ella y su esposo, David Benioff, decidieron contárselo a sus hijas mayores, Frances y Molly June, de 19 y 15 años, respectivamente.  "Mi terapeuta me dijo que no tenía que mostrarme fuerte ni imperturbable, ni tener respuestas definitivas", dijo Peet sobre el momento de contárselo a sus hijas mayores. "Me dijo que me sorprendería lo mucho que pueden ayudar los niños y que pedir ayuda a todos puede hacerlos sentir útiles. Molly lloró, y Frankie —que me llamaba por videollamada desde el campus de su universidad— se tapó la boca con la mano y la mantuvo así hasta que pudo asimilar la buena noticia: que al parecer estaba en fase I y que no iba a necesitar quimioterapia".  Peet y Benioff también son padres de un hijo llamado Henry, que ahora tiene 11 años.

Amanda Peet, con su madre Penny y su hija Frances, en 2010© Getty Images
Amanda Peet, con su madre Penny y su hija Frances, en 2010

Tras muchos días de miedo e incertidumbre, Peet compartió que a mediados de enero le habían realizado su primera tomografía sin anomalías. Días después, su madre falleció en el centro de cuidados paliativos. En el ensayo recoge los últimos momentos junto a su madre y describe cómo ambas se comunicaban sin palabras, cerrando con la idea de que ya le había “contado todo” y de que el tiempo se había acabado. Un relato desgarrador, en el que Amanda Peet no solo visibiliza su lucha contra el cáncer, sino también cómo pudo convivir con su enfermedad y otros procesos vitales profundamente dolorosos, como la despedida de sus padres y el duelo.