Pedro Almodóvar (76 años) es una persona tremendamente exigente, pero no solo con su equipo de trabajo, sino también con el espectador. Decimos esto porque sumergirse en cualquiera de sus películas es de una intensidad emocional tan elevada, que atolondra. En la última, no defraudará por tanto a los que le siguen con fervor haga lo que haga, ni tampoco debería espantar a los que se asoman de vez en cuando a contemplar alguna de sus obras. Amado por unos y odiado por otros, su autenticidad y su sello personalísimo siempre están ahí, a través de ese universo tan particular que recrea en todos y cada uno de sus largometrajes. En Amarga Navidad, que llega este viernes a las salas, no iba ser menos.
En esta propuesta, el realizador manchego vuelve a desnudar sus sentimientos, sus filias y fobias, proyectándose de forma sutil en uno de los personajes que articula la trama, como hiciera en su aclamada Dolor y gloria (2019). Ya desde el propio cartel de su nuevo film, uno puede reconocer y adivinar la silueta del director entremezclada con la imagen de la protagonista, papel confiado a la fabulosa Bárbara Lennie (41). De hecho, la actriz declaraba esta semana en una entrevista que Amarga Navidad bien podría ser la prima hermana de aquella película que, hace más de un lustro, encabezó Antonio Banderas.
Una Aitana Sanchez-Gijón de escándalo
Quien hará esta vez de Almodóvar -y lo hace maravillosamente bien- es el argentino Leonardo Sbaraglia (55), metido en la piel de un guionista y director que atraviesa por una severa crisis creativa y anda encallado en sus propias obsesiones. Alguien que, sentado frente al ordenador, no termina de dar con la tecla (nunca mejor dicho) de lo que quiere contar. Junto a él conoceremos a su fiel colaboradora-representante, quien le intentará guiar y empujar para seguir adelante, pero con la que también vivirá una situación límite que resulta clave en el devenir de la historia. Ese rol está encarnado por Aitana Sánchez-Gijón, quien nos ofrece una actuación soberbia y descomunal de principio a fin. La mejor, para nosotros, de Amarga Navidad.
Han pasado más tres décadas desde que la intérprete de 57 años nos sedujera por completo al lado de Javier Bardem en la divertidísima Boca a Boca (1995), de Manuel Gómez Pereira. Ya había trabajado a las órdenes de Almodóvar en Madres paralelas (2021, pero con un papel de menor peso, y es ahora cuando sobresale por encima del resto al desplegar ese talento que le ha llevado a ser una de las más grandes de nuestro país. En Amarga Navidad, ella es una de las tres mujeres que vive al borde de un ataque de ansiedad, o que directamente está atacada de los nervios, guiño este que hemos querido hacer al mítico film de Pedro el cual le catapultó a la fama internacional a finales de los ochenta.
En comparación (siempre odiosa) con sus compañeras de reparto, quien tal vez no se luce tanto aquí es la actriz Victoria Luengo (antes conocida como Vicky). Vaya por delante que su trabajo, como una abnegada esposa engañada por su marido, es notable. Sin embargo, no nos ha fascinado tanto como sí hizo ella por ejemplo, en anteriores proyectos suyos como en la espectacular serie Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen (2020). Sea como fuere, y a sus 35 años, estamos ante una de las actrices más brillantes de su generación, cuyas interpretaciones -sean más o menos aplaudidas- están fuera de toda duda.
Prepárate a llorar
Rodada entre Madrid y Lanzarote, en Amarga Navidad se llora mucho. Hasta se escucha esa canción tan popular y legendaria llamada La llorona en una de las secuencias, bajo la voz rasgada de una de las musas de siempre de Almodóvar. Es la mexicana María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, la gran Chavela Vargas (1919-2012). Es más, la película se llama así por uno de los temas la recordada artista mexicana. Si los títulos son evocadores, estando ahora en marzo, aquí se rompe con la temporalidad habitual de los estrenos en la gran pantalla, puesto que se nos traslada precisamente a un época del año que ya pasó hace unos meses.
En relación al sinuoso argumento, aunque tiene elementos de thriller, es el drama (o melodrama) el que predomina de forma constante. No uno, ni dos, ni tres, sino que son varias historias de profunda pena o tristeza infinita que convergen entre sí y saltan de una a otra. La más horrible e insoportable, desde luego, será la que padezca el personaje de Milena Smit (29), cuyo duelo por la muerte de un ser querido llegará a lo más hondo del público. Se suele decir que Almodóvar es un director de mujeres, porque sabe captar como nadie ciertas interioridades femeninas que no son nada fáciles de desentrañar. En Amarga Navidad, como hizo en su oscarizada Todo sobre mi madre (1999) y tantas otras, lo consigue.
Nos ha gustado también ver a Patrick Criado (30) dando vida a un bombero de día, 'stripper' de noche llamado Bonifacio (un personaje que solo podía salir de la mente de Almodóvar). Qué lejos queda ya aquel niño de la nobleza y 'mal-criado' llamado Nuño en el fenómeno televisivo que fue Águila Roja (2009-2026), pero donde este empezaba a demostrar ya con creces que lo suyo era la profesión de actor. En Amarga Navidad, será el compañero sentimental de Elsa, una pareja algo extraña y que no nos ha terminado de convencer por diversos matices. Ella será la principal protagonista, encarnada por una Bárbara Lennie que ya estuvo con Pedro en La piel que habito (2011), si bien entonces fue un rol muy pequeño.
Dos cameos desiguales y la valoración final
Hablando de breves apariciones, nos hemos quedado con ganas de ver más -en su desconocida faceta actoral- a la top model y presentadora Nieves Álvarez (51), cuyo cameo es tan fugaz que resulta casi imperceptible. Una presencia efímera y, al mismo tiempo, impactante, al irrumpir de forma repentina con el rostro desfigurado por un dolor que no tiene consuelo posible. Será una persona destrozada, hecha polvo, sacudida por la mayor de las tragedias que uno puede afrontar. También intervendrá la cantante Amaia Romero (27), de OT 2017, en su caso haciendo de sí misma para regalarnos una dulce y preciosa balada -casi a capela- en otra de las escenas. Será en la fiesta organizada en su mansión por una hilarante Rossy de Palma (61), genia y figura hasta la sepultura.
Sobre los contados golpes de humor que nos ofrece la cinta, que van muy en la línea del autor, a destacar la autoparodia que este hace de sí mismo cuando se habla, en uno de los diálogos, de lo que realmente significa ser director de culto (uno al que unos cuantos aprecian y quieren mucho, pero al que lo ven pocos). Será en la colaboración que hace Carmen Machi (63) al comienzo de la historia, quien habla por boca del cineasta.
Porque sabe perfectamente Pedro que sus obras se dirigen a un público muy determinado, y tampoco está entre sus pretensiones hacer lo que se denomina en términos de taquilla un 'blockbuster '(aún menos a estas alturas de la película, es decir, de su vida). Almodóvar no engaña a nadie. La poética es su arma más poderosa, así como la colorida e inconfundible estética que siempre le acompaña, o la majestuosa banda sonora que corre cargo, una vez más, del donostiarra Alberto Iglesias (70). Por eso, si te apasionan sus creaciones, esta última lo hará también de forma sobraba.












