Tras los devastadores incendios que arrasaron Los Ángeles el año pasado, la 98ª edición de los Premios Oscar ha recuperado todo su esplendor en el emblemático Dolby Theatre de Los Ángeles. Ni la amenaza de un posible objetivo iraní ha empañado la noche más esperada de Hollywood, blindada en medio de fuertes medidas de seguridad. Con Conan O’Brien como maestro de ceremonias por segundo año consecutivo, el show debía continuar y la alfombra roja más glamourosa del cine se ha desplegado para recibir a las estrellas más rutilantes del séptimo arte. Los españoles Arón Piper, Manu Ríos y Oliver Laxe han sido los primeros en llegar a la alfombra roja de Los Ángeles.
La gran apuesta española de este año ha recaído en Sirât, la película de Oliver Laxe, que opta a dos premios, el de mejor película internacional y el de mejor sonido por un equipo compuesto íntegramente de mujeres. Para el cineasta y guionista español es su primera gran cita con los Premios Oscar. Ha llegado vestido completamente de negro con una chaqueta de cuello mao y ha despertado suspiros a su paso con su característica melena ondulada negra.
Sirât no se llevo ninguna estatuilla y Oliver Laxe, a su llegada, dio por hecho que no ganaría en la categoría de mejor película internacional porque tiene una seria rival como Valor sentimental, que finalmente se ha alzado con el galardón. “No estoy nervioso, porque sé que no voy a tener que salir a recoger un premio”, decía. "Eso alivia, en parte". No obstante, sí en algún momento vio posibilidades, fueron en la categoría de sonido. Hubiera sido un hito que un equipo compuesto 100% de mujeres se llevara el Oscar, pero no ha sido así. El cineasta, a su paso por Hollywood, reconoció que "me he sentido como en casa. Nos gusta tu movida me dicen aquí, danos más", sobre el recibimiento a su película. "Sirât es una terapia de choque y que hayan acogido así a Sirât... Creo que tengo una bonita responsabilidad", aseguró
El actor español Javier Bardem llegó a la gala como una de las celebridades encargadas de entregar la estatuilla a los ganadores. El oscarizado actor de No es país para viejos, que vivió muchos años en Los Ángeles, donde incluso nació el primero de sus dos hijos, -padre de Leo y Luna, de 15, y 12-, se mueve como pez en el agua en los círculos hollywodienses. Bardem ha sido elegido uno de los presentadores de la 98ª edición de los premios Oscar y ha llegado vestido completamente de negro con esmoquin, y una serie de carteles reivindicativos. Son diversas las ocasiones en las que ha ejercido de presentador -nadie olvida cuando presentó junto a la dama del cine Meryl Streep e hizo una genuflexión para recibirla-. El actor español regresa a la gala cuatro años después de desfilar de la mano de Penélope Cruz como una de las parejas nominadas en un mismo año -ella por Madres paralelas y él por Ser los Ricardo-, para entregar el galardón a mejor película extranjero, que finalmente no fue para la española Sirât, sino para la noruega Valor sentimental.
Nuestro cine no ha podido sumar una estatuilla más a las de los 18 españoles que conquistaron el premio más importante del cine a lo largo de la historia, pero para el cineasta y su equipo solo el hecho de formar parte de la lista de candidatos ya ha sido un gran triunfo y un impulso para seguir dedicándose a la profesión que ama y que tantas alegrías le ha dado. Laxe nació en París, hijo de unos inmigrantes gallegos que habían emigrado a Francia en busca de una vida mejor. Cuando tenía seis años, su familia decidió regresar a Galicia, y aquel cambio marcó profundamente su infancia. "Pasé de ser el primero de la clase al último, porque todos sabían leer y contar menos yo", recordaría después. Él mismo confesó en una entrevista con El País que esa sensación de desarraigo y tristeza le acompañó desde entonces: "He estado deprimido desde los seis años, y esa depresión me ha llevado a hacer cine".









