Durante los últimos años, mientras la relación entre Kiko Rivera e Isabel Pantoja atravesaba su etapa más convulsa, Irene Rosales se convirtió en una figura clave. Su papel, discreto pero constante, fue determinante en un conflicto que nunca fue suyo, pero que marcó profundamente su vida personal, familiar y mediática. Su reciente entrevista en ¡De Viernes! ha permitido reconstruir cómo vivió este periodo de distanciamiento y desgaste entre madre e hijo, una relación que parecía rota pero que, recientemente, ha iniciado un camino de reconciliación y han firmado la paz. Incluso sus hijas, Ana y Carlota, ya han retomado el contacto con su abuela, como confirmó la sevillana en el programa de Telecinco.
Desde que comenzaron su relación en 2013, Irene se convirtió en el mayor apoyo del DJ. Primero como amiga y después como pareja, aportó estabilidad emocional en uno de los momentos más difíciles de la vida de Kiko: el ingreso en prisión de Isabel Pantoja en 2014. A ese impacto se sumaron los problemas de adicciones del DJ, que encontró en Irene un refugio y una guía. La llegada de su primera hija, Ana, en 2015, fue para él “una tabla de salvación”, y en 2016 sellaron su relación con una boda multitudinaria en Sanlúcar la Mayor. Con el nacimiento de Carlota, en 2018, la familia parecía haber encontrado un equilibrio, aunque ya entonces convivían con altibajos marcados por la depresión de Kiko.
2020: el año que lo cambió todo
El punto de inflexión llegó en 2020. Durante una visita familiar a Cantora, Kiko entró en una habitación y descubrió los trajes y objetos de Paquirri que su madre le había asegurado que no existían. Irene recuerda cómo lo vio salir “blanco”, conmocionado por un hallazgo que reabrió heridas profundas y desencadenó una ruptura sin precedentes. “Yo tengo el dolor de un hijo al que su madre le ha engañado… Si a eso se le llama querer, yo no quiero que me quiera”, llegó a decir entonces el DJ.
Ese mismo año, Irene vivió uno de los golpes más duros de su vida: la muerte de su padre, pocos meses después de haber perdido también a su madre, Mayte Vázquez. Con dos duelos recientes y una crisis familiar que crecía a diario, Irene se mantuvo al lado de su marido, en silencio, sin intervenir públicamente y sin alimentar tensiones. Aun así, pronto comenzó a convivir con el peso de las acusaciones externas que la señalaban como responsable del distanciamiento.
Ella misma lo explicó así en ¡De Viernes!: “A mí se me achaca que todo es responsabilidad mía… Yo mientras menos haga era mejor, sin hacerlo he sido machacada. Es lo que llevo sufriendo durante seis años, a mí se me ha machacado por la relación de Kiko con su madre, con su hermana, con su prima, con su tío… y llega un momento que estoy agotada. No he hecho más que acompañar a mi marido, lo he escuchado, pero él tiene 42 años y hace las cosas por él solo”.
Mientras la relación entre Kiko e Isabel se deterioraba, el DJ atravesaba una depresión que comenzó en 2019 y se agravó con los problemas tributarios que arrastró entre 2019 y 2021. Con su marido emocionalmente hundido y con dificultades económicas, Irene asumió un papel fundamental dentro de su hogar.
En 2021 dio el salto a la televisión como colaboradora de Viva la Vida y que después continuó en Fiesta. Paralelamente, potenció su faceta como influencer, consolidando una presencia en redes que le permitió generar ingresos estables. Mientras tanto, Kiko intentaba refugiarse en la música, lanzando nuevos temas y retomando actuaciones, aunque sin la regularidad de etapas anteriores.
Pero esa exposición tuvo un coste emocional enorme para ella, en 2021 tomó la decisión de dejar la televisión para tomarse un respiro, porque como ella misma confesó entonces: "No estoy bien". Ahora, años después vive enfocada a crear contendio en las redes sociales y en el cuidado de sus hijas. Sobre su etapa televisiva recuerda: “Si tomé la decisión de irme de la televisión, cuando económicamente venía bien, es porque no podía más… Tenía un saco, todo tenía que excusarlo. Si tenía una opinión, me podía acarrear consecuencias. Me autodestruía… venía a trabajar mal. Terelu, tú me viste irme llorando la última vez”.
Aun así, Irene reivindica que siempre intentó trabajar como ella misma, no como “la mujer de”: “Estoy aquí por haber sido pareja de Kiko Rivera, si no, no me conocería nadie… pero también he buscado mi lugar”.
Los problemas de salud de Kiko y el papel de Irene
Entre 2022 y 2023, Irene volvió a sostener a su familia en uno de los periodos más delicados para Kiko. En octubre de 2022, el DJ sufrió un ictus isquémico que obligó a ingresarlo en la UCI del Hospital Virgen del Rocío. Aunque fue calificado como “leve”, dejó secuelas iniciales y tensó aún más la relación con Isabel Pantoja. La cantante se preocupó por su estado de salud. "Mi madre me llamó, fue una videollamada a través de mi mujer. Me puse a llorar que casi me da otro ictus", contó el sevillano en El show de Bertín. "Si algo necesito es que mi madre me dé un abrazo, pero mi madre y yo somos orgullosos. Un abrazo de tu madre no se puede comparar con nada. Todavía no ha sucedido", añadió en el programa.
La salud de Kiko volvió a resentirse en 2023, cuando sufrió un cólico nefrítico severo y posteriormente tuvo que someterse a un cateterismo por una angina de pecho y un amago de infarto. “No sé ni cómo estoy vivo”, reconoció después.
En medio de ese torbellino médico y emocional, Irene volvió a asumir la carga: gestionar la casa, cuidar de sus hijas, acompañar a su marido en cada ingreso y convertirse, una vez más, en el sostén emocional de la familia.
En 2024, Irene regresó a la primera línea mediática para proteger a su familia cuando Isa Pantoja relató en televisión uno de los episodios más duros de su adolescencia: la noche en la que Kiko la roció con agua helada por no considerarla “pura”. El relato generó una oleada de críticas hacia el DJ y reabrió heridas familiares que parecían cerradas.
En medio de ese vendaval, Irene fue una de las pocas personas que se atrevió a defenderlo públicamente. Lo hizo sin justificar lo ocurrido, pero recordando el contexto, la juventud de ambos y el trabajo personal que Kiko había realizado desde entonces. Su postura, firme pero respetuosa, volvió a evidenciar el papel que ha desempeñado durante años: sostener, proteger y amortiguar el impacto de cada crisis familiar, incluso cuando ella misma estaba emocionalmente agotada.
Su relación con Isabel Pantoja
Su presencia discreta, su intento constante de evitar tensiones y la buena relación que mantuvo con Isabel antes del conflicto la situaron en una posición compleja: atrapada entre el cariño hacia su suegra y la lealtad hacia su marido en un momento en el que la comunicación entre ambos se había roto por completo. Aun así, Irene nunca cerró la puerta a la reconciliación: “Mis hijas se merecen tener la figura de una abuela… ellas no saben lo que es eso”, dijo con emoción en el programa de Telecinco.
Hoy, con la relación entre Kiko e Isabel en vías de reconstrucción, el papel de Irene durante estos seis años cobra una nueva dimensión: la de una mujer que sostuvo a su familia en silencio, que cargó con culpas que no eran suyas y que, pese a todo, nunca dejó de tender puentes.














