Seis años han pasado desde aquel marzo de 2020 que cambió el mundo para siempre. Para María Pombo, aquel viernes 13 no solo marcó el inicio de un confinamiento histórico, sino el comienzo de una nueva realidad personal que hoy, con la madurez de sus 31 años y tres hijos en brazos, decide transformar. La empresaria ha compartido con sus más de 3,4 millones de seguidores una reflexión profunda sobre el paso del tiempo y una noticia médica que supone un antes y un después en su vida y en su familia. “La última vez que fue viernes 13 de marzo nos encerraron cuando comenzó el COVID. Tenía 25 años, hoy tengo 31”, rememoraba María con cierta nostalgia en su perfil público de Instagram. Para ella, aquel 2020 fue la frontera entre la juventud despreocupada y la vida adulta más consciente.
Lo cierto es que en ese año cambiaron muchas cosas en la realidad de la influencer. Ha querido reflexionar en sus redes sobre cómo desde ese momento clave ve la vida de manera diferente: “Siento que desde entonces hay una energía diferente y que el 2020 fue un antes y un después. Todo un poco más agresivo, más dividido, más tenso, un poquitito más gris... Han pasado 6 años y todavía no se me va esa nostalgia”. Además, este año supuso un torrente de sucesos que María aún no ha terminado de asimilar.
Una coincidencia del destino
Lo que hace este aniversario aún más especial y reflexivo es la sincronía de las fechas. Fue precisamente hace seis años cuando recibió el diagnóstico de su enfermedad, justo cuando celebraba el embarazo de su primer hijo, Martín. “También hace 6 años que me detectaron Esclerosis Múltiple. Y de cumplir el sueño de mi vida. Una de cal y una de arena”, confiesa con la sinceridad que la caracteriza.
Hoy, la situación es muy distinta. Con el nacimiento de la pequeña Mariana el pasado 2 de enero —que se une a Martín (5) y Vega (2)—, María y su marido, Pablo Castellano, han cumplido su deseo de formar una familia numerosa. Esta nueva estabilidad vital es la que ha permitido a la influencer tomar una decisión médica de gran calado, recomendada por su neuróloga, que prioriza su salud a largo plazo pero que conlleva una renuncia personal.
El cierre de una etapa: adiós al cuarto hijo
Hasta ahora, María seguía un protocolo médico específico que, aunque duro físicamente, le permitía ser madre. “Coincidencia, hoy 6 años después cambio de tratamiento. Hasta ahora he estado con una medicación de pinchazo cada 15 días que me sentaba realmente mal, pero a cambio me permitía poder quedarme embarazada sin afectar al bebé”, explicaba a sus seguidores.
Sin embargo, con la llegada de su tercera hija, María siente que su ciclo de maternidad se ha completado. “Hoy oficialmente cierro etapa y cambio de medicación a una mucho más 'ad hoc' a mi enfermedad que me ha recomendado mi neuróloga”, anunciaba. Este nuevo fármaco, según explica, es en teoría “mucho más eficaz”, pero implica aceptar que no habrá un cuarto bebé en el futuro cercano, ya que no es compatible con la gestación.
“Me da un poco de miedo cambiar algo que me ha funcionado hasta ahora y 'renunciar' un poco a esa posibilidad de cambiar de idea sobre un cuarto bebé y poder hacerlo 'sobre la marcha'”, confiesa con honestidad. Pero, por encima del miedo, prevalece la gratitud y la responsabilidad de estar bien para los suyos.
Vivir sin miedo a la enfermedad
La relación de María con la esclerosis es singular. Al haber crecido viendo a su madre, ‘Sito’, convivir con ella, el diagnóstico no fue un territorio desconocido. “Lo he llegado a normalizar tanto que cuando me lo dijeron fue un respiro, porque yo me imaginaba lo peor en mi cabeza... Pero como lo conocía yo decía: es que mi madre ha estado conmigo siempre, en todos los momentos importantes”, relató recientemente en el podcast de Vicky Martín Berrocal.
A pesar de su optimismo, María no oculta sus temores más humanos, aquellos que la impulsan a buscar el tratamiento más efectivo ahora que su familia está completa. “Vivo sin miedo, pero es algo que pienso a diario y que pesa dentro de mí: llegar a ser dependiente de mi marido o de mis hijos, ser una carga. No quiero eso. Ojalá no llegue nunca el momento de que me tenga que mover con alguien”, confesaba emocionada.
Un futuro lleno de luz
Con este cambio de medicación, María Pombo apuesta por su bienestar y por la calidad de vida junto a sus tres "dragones". Tras un parto que ella misma calificó como “soñado” con Mariana, la empresaria se enfoca ahora en disfrutar de su numerosa prole y de su sólida relación con Pablo Castellano, de quien dice: “La seguridad que me ha dado Pablo… No tengo vidas para agradecérselo, me ha cambiado como persona. Gracias a él me siento imparable”. Cierra así una etapa de "pinchazos" y esperas, para abrir una nueva donde la salud y la eficacia médica son la prioridad, demostrando que, aunque la vida a veces se vuelva "un poquitito más gris", siempre hay espacio para tomar las riendas del propio destino.













