Desde que se convirtió en Penélope Featherington, la columnista más mordaz de Los Bridgerton, Nicola Coughlan ha sido mucho más que la actriz que nos mantiene al día con los secretos de la alta sociedad y ha sabido ganarse el cariño de los espectadores. Entre corsés ajustados, vestidos imposibles y escenas románticas de alto voltaje, la intérprete irlandesa de 39 años ha brillado por su talento y carisma... pero también se ha visto envuelta en debates inesperados sobre su cuerpo, un tema sobre el que ahora ha querido reflexionar.
La tercera temporada del universo creado por Shonda Rhimes la vio brillar en algunos de sus momentos más exigentes y sensuales junto a Colin Bridgerton, interpretado por Luke Newton. Como protagonista sabía que iba a estar muy expuesta, así que decidió prepararse a fondo para mostrar su mejor versión. Para lograrlo mientras rodaba la serie hizo mucho ejercicio y bajó varias tallas, sin embargo, su esfuerzo no obtuvo el reconocimiento en el público que se podría esperar y lo que sucedió fue, según sus propias palabras, "realmente extraño".
“Había perdido bastante peso; probablemente era una talla 40 y uno de los corsés era una 38. Y aun así la gente hablaba de mi sobrepeso", lo que llevó a que Nicola se planteara: "”, ha revelado en una entrevista con la cabecera británica de ELLE.
Más allá de las críticas en redes sociales, la protagonista de Derry Girls también siente el escrutinio por su físico fuera de la pantalla. Coughlan ha rememorado un momento especialmente incómodo con una fan que, queriendo elogiarla, terminó por ofenderla. "Recuerdo que una vez una chica muy borracha me habló en el baño y me dijo: 'Me encantó [Los Bridgerton] por tu cuerpo'. Empezó a hablar de mi cuerpo y yo pensé: 'Me quiero morir. Odio esto muchísimo'".
Lo que le resulta más frustrante de este tipo de situaciones es que todo el esfuerzo que hay detrás de un proyecto se vea opacado solo por el aspecto físico. “Es muy duro cuando trabajas en algo durante meses, no ves a tu familia, te entregas completamente… y al final todo se reduce a tu apariencia ¡Es un aburrimiento de narices!”, ha lamentado.
Nicola es una defensora apasionada de muchas causas como la salud mental, la concientización sobre el TDAH —que ella misma padece— o el apoyo a la comunidad trans, pero, pese a lo que muchos creen, el movimiento Body Positive "no es una de ellas... Eso es cosa de otros. No es mío". "Lo que a veces digo y que molesta a la gente es que no me interesa". Y no lo dice por decir, sino que se basa en su propia experiencia: "De niña, nunca pensé en eso. No miraba a los actores ni pensaba en sus cuerpos. Así que, la verdad, no me importa", ha afirmado con rotundidad.
Eso sí, admite que es una persona sensible cuando se trata de las opiniones de quienes forman parte de su entorno cercano. “Si creo que un amigo está enfadado conmigo, me destroza”, ha reconocido. En cambio, los comentarios anónimos en internet ha aprendido a que no le afectan de la misma manera: “Cuando es John457 en internet, simplemente digo: 'Vale, da igual'”.
Pese a todo, la protagonista de Barbie se muestra cada vez más segura frente a la cámara. De hecho, fue ella quien propuso incluir determinadas escenas de desnudo en la serie, una decisión que describió como una forma de responder a las conversaciones constantes sobre su físico.
Mientras tanto, tras haber protagonizado la tercera temporada de Los Bridgerton y participar en la cuarta, Nicola Coughlan continúa consolidando su carrera en televisión y cine y ahora se prepara para el estreno de Magic Faraway Tree, la película fantástica donde da vida al hada Silky junto a Andrew Garfield y Claire Foy. Su popularidad no deja de crecer mientras la actriz sigue demostrando que su trabajo —y no su aspecto— es lo que debería ocupar siempre el centro de la conversación.












