Recientemente, Eugenia Silva cumplió 50 espléndidos años y lo celebró con un posado muy especial para nuestra revista, en su casa de Extremadura. La modelo y empresaria nos hablaba de su gran momento vital, marcado por el éxito profesional y centrado en su entorno familiar. También acababa de superar un bache de salud, pues había tenido que someterse a una operación de cadera por una artrosis severa, lo que obligó a colocarle una prótesis de titanio… Pero lo que no sospechábamos es que en este inicio de la nueva década se iba a enfrentar también a un momento de transición en el plano sentimental: Eugenia y Alfonso de Borbón, su pareja y padre de sus dos hijos, atraviesan una crisis, por lo que han decidido darse un tiempo de reflexión y distanciamiento.
Según ha podido saber ¡HOLA!, el empresario dejó el hogar familiar hace dos semanas y se ha instalado en otra casa, como prueban las fotografías que vienen a estas páginas, en las que se le ve entrando en su nuevo domicilio. Un hecho que viene a confirmar que el distanciamiento no solo es emocional, sino también físico.
En las imágenes a las que hemos tenido acceso, también se puede ver a la modelo, con gesto sereno y reflexivo, manteniendo una conversación con su madre mientras pasean por un parque cercano a su vivienda. En estos días, Eugenia se ha volcado también en sus compromisos profesionales no solo como modelo de las campañas más prestigiosas, sino también como productora de reportajes y al frente de su nueva agencia de representación de talentos.
Desde hace tiempo
Según fuentes cercanas, la crisis que atraviesan Eugenia y Alfonso venía desde hacía un tiempo. Y ha sido ahora cuando ambos han optado por materializarla y organizar sus vidas por separado. La discreción siempre ha caracterizado a esta pareja, que tiene dos hijos, Alfonso, que pronto cumplirá doce años, y Jerónimo, que hará los nueve en junio. Ahora se inicia una nueva etapa para la modelo y el empresario en la que el tiempo será el que marque si se trata de una separación definitiva o tan solo de un paréntesis en una historia de cariño mutuo y estabilidad familiar.
Quince años
Eugenia Silva y Alfonso de Borbón consolidaron su historia de amor hace trece años, aunque más bien lo correcto sería decir que la empezaron hace quince, si sumamos los dos años que estuvieron saliendo antes de romper y reconciliarse cuatro años después.
Empezaron su relación en 2007. Tras dos años de noviazgo, sin ocultar sus sentimientos ni esconderse —asistían juntos a bodas, diferentes eventos y presentaciones—, Eugenia y Alfonso se dijeron adiós en marzo de 2009 y cada uno siguió su camino. La ruptura se achacó a la distancia, ya que la modelo, en pleno auge de su carrera, tenía establecido su cuartel general en Nueva York.
El empresario, que ha dejado el hogar familiar, ya ha sido visto entrando en su nuevo domicilio
En sus idas y venidas se encontraban, pero, con el tiempo, la cosa se fue complicando. Ahora, viéndolo a través del tiempo con perspectiva, parece que, más que un adiós, aquello fue un hasta luego. Cuatro años —y diversas relaciones por parte de ambos— después, en 2013, Eugenia y Alfonso se reencontraron en una fiesta que organizó Cari Lapique en la localidad malagueña de Casares, en el exclusivo Beach Club de Finca Cortesín. Aquella velada volvió a unirlos y, ese mismo año, Alfonso y Eugenia decidieron darse una segunda oportunidad.
Más madura
"Al encontrarnos de nuevo, Alfonso y yo decidimos vivir la relación de una forma más madura, planeando un futuro, algo que antes no me había planteado con nadie", confesó Eugenia en las páginas de nuestra revista. En la primavera siguiente (el 1 de abril de 2014) daban la bienvenida a su primer hijo, al que llamaron Alfonso, como su padre y su abuelo. Tres años más tarde, el 14 de junio de 2017, nacía su segundo hijo, Jerónimo, llenando de felicidad a la pareja.
Sin planes de boda
No estaban casados, ya que el matrimonio, como nos aseguraba Eugenia siempre que se lo preguntábamos, no entraba en sus planes: "Estamos muy bien así. Para mí, tener un hijo y vivir juntos es como si estuviéramos casados. Alfonso es un hombre maravilloso que me da mucha calma. He tenido mucha suerte de que el destino quisiera que volviéramos a estar juntos y hayamos podido formar una familia juntos", nos decía en marzo de 2015, con motivo del primer cumpleaños de su primogénito. La top solía reiterar que la boda "no es algo que me haga especial ilusión", y cuando nació Jerónimo, nos dijo: "Con dos hijos, me considero más que casada con Alfonso".
Aunque el peso mediático de esta pareja siempre ha recaído en Eugenia, muy popular y reconocida mundialmente por su trabajo de modelo e imagen de las marcas de lujo más prestigiosas, Alfonso, hijo de Alfonso de Borbón y Escasany —primo en cuarto grado del Rey don Juan Carlos— y Marisa Yordi —antigua relaciones públicas y considerada una de las mujeres más elegantes de nuestro país—, también es una figura muy reconocida públicamente.
"Tenemos muy claro qué queremos para nuestros hijos, cómo queremos educarlos y qué valores deseamos transmitirles", nos decía Eugenia recientemente
Gran deportista, ha participado en maratones y en desafíos extremos, y en el plano profesional primero desarrolló su carrera en el mundo de las telecomunicaciones y ahora se dedica a la gestión de los negocios de su familia. Sin embargo, siempre se ha conducido con gran discreción, optando por mantener un perfil bajo.
El año pasado, Alfonso y su familia vivieron un duro golpe al perder a su padre, el 10 de mayo, a la edad de 80 años, tras una larga enfermedad, y diez días después a su único hermano, Francisco de Borbón y Escasany, duque de Sevilla, quien murió el día 20 del mismo mes a los 81 años.
Un buen equipo
En la reciente entrevista que Eugenia nos concedió con motivo de su 50 cumpleaños, nos hablaba del secreto de su unión con el padre de sus hijos: "Creo que la clave es que somos un muy buen equipo. Nos complementamos mucho, especialmente a la hora de ejercer como padres. Tenemos muy claro qué queremos para nuestros hijos, cómo queremos educarlos y qué valores deseamos transmitirles".
"Obviamente —continuaba—, no todo es siempre de color de rosa, como en cualquier relación, pero ambos pensamos siempre en nuestros hijos como prioridad absoluta, y eso marca el camino. Su padre está muy presente en su día a día; les enseña deportes, pasan mucho tiempo juntos y son chicos muy deportistas. Lo adoran y eso me llena de felicidad. Al final, cuando hay respeto, admiración y un proyecto común tan importante como la familia, todo fluye de una manera muy natural".













