La reflexión de Meg Ryan sobre envejecer a sus 64 años: “No es tan aterrador"


La actriz estuvo casi una década alejada del ojo mediático y, en su reaparición, recibió cientos de comentarios en relación a su imagen


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16 de febrero de 2026 a las 22:57 CET

Meg Ryan es una de las actrices más icónicas de Hollywood, y, a sus 64 años, puede presumir de una dilatada y reconocida trayectoria. A menudo referida a ella como la reina de la comedia romántica, la que fuera protagonista de Cuando Harry encontró a Sally o Algo para recordar fue perdiendo protagonismo en la gran pantalla pese a sus intentos de alejarse del género que la catapultó a la fama allá por los primeros años de los 90. La disminución de sus apariciones públicas estuvo entrelazada con el edadismo del que tantas mujeres de la industria son víctimas, algo que en su momento afectó a la intérprete pero que, ahora, convive con ello sin ningún tipo de complejo. 

Meg Ryan © Getty Images

Coronada como la eterna novia de América —rubia, de ojos azules y una belleza sin igual—, parecía casi una prohibición para Meg envejecer. La actriz estuvo desaparecida durante años del foco mediático hasta su esperado regreso en 2023, cuando volvía al cine casi una década después de su último proyecto. Lo hacía detrás de las cámaras que tanto la habían adorado con su segundo trabajo como directora, Lo que sucede después (What Happens Later), aunque el primero en esta nueva faceta en su hábitat natural: las romcoms

Una reaparición que trajo consigo cientos de comentarios acerca de su aspecto físico, acaparando titulares sobre el cambio inherente a la edad. Si bien seguía luciendo su melena rubia —la cual se convirtió, en sí misma, en un clásico del cine— y su mirada seguía teniendo esa chispa que tanto la caracterizaba, el público general parecía descontento con el simple hecho de que habían pasado ocho años desde la última vez que se dejó ver en un acto público —y que el paso del tiempo era visible en su rostro—. 

Meg Ryan en los premios Oscar 2025© Getty Images

Sin embargo, las habladurías acerca de su imagen no eran nuevas para Meg. En 2015, la actriz principal de Tienes un e-mail se sinceraba con la revista Porter, admitiendo que estaba de lo más cómoda —y feliz— consigo misma. "Amo mi vida en este momento. Amo a la persona en la que me he convertido", reconocía ante el medio, indicando que, para ella, "ahora todo es más fácil". Un pensamiento que, indudablemente, "viene con la edad". Meg también afirmaba que no solía dejar que estas críticas le afectasen: "Hay mucho odio en el mundo hoy en día. Es tan fácil juzgar...". 

Además, subrayaba en las páginas de la mencionada cabecera que existían "conversaciones más importantes que cómo se ven las mujeres" o "cómo están envejeciendo", indicando que, a menudo, "nos quedamos atrapados en estas conversaciones sobre la imagen, el color del pelo....". Algo que podría resultar "interesante y divertido" durante tan solo "cinco minutos, pero no más"; y que, sin embargo, acapara decenas de titulares semana tras semana. 

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Años más tarde, tras su regreso a Hollywood en 2023, Meg afirmaba confiada que "como persona mayor ahora, me encanta mi edad", asegurando que estaba encantada con "el lugar en el que estoy". Además, lanzaba un mensaje tranquilizador relacionado con todas las críticas que ha recibido durante tantos años: "Envejecer no es tan aterrador". Sin embargo, la intérprete apostillaba que le habría gustado si alguien la hubiese avisado de que este pensamiento iba a llegar. 

"Desearía que alguien me lo hubiera dicho antes", indicaba, incidiendo en que su yo del pasado debía mantener la calma. "Relájate. Es lo que hay, no prestes atención a los obstáculos", terminaba su reflexión. En 2024, Meg visitaba la Ciudad Condal con motivo del BCN Film Fest; y, durante su paso por Barcelona, afirmó que se encontraba en un momento de plenitud. Tengo una vida muy agradable, con buenos amigos, unos hijos fantásticos, me encanta el diseño, me siento bien actuando, dirigiendo, escribiendo guiones, estoy en un cambio, en un precipicio muy agradable", aseguraba. 

Centrada en sus hijos

Uno de los motivos por los que se había mantenido alejada de las pantallas durante tanto tiempo fueron sus hijos, Jack Quaid —fruto de su matrimonio con Dennis Quaid— y Daisy True —a quien adoptó como madre soltera en 2006—. "Me tomé un largo descanso porque sentí que quería desarrollar muchas otras facetas de mi experiencia como ser humano", indicaba en Vanity Fair.

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Su primogénito ahora triunfa como una gran promesa del cine, teniendo su primera aparición en la gran pantalla en Ithaca (2015), el debut como directora de Meg, aunque su momento decisivo en Hollywood tuvo lugar hace un par de años, cuando formó parte del elenco de Oppenheimer.