Sentarse en la butaca a ver La fiera no es cualquier cosa. Hay que estar ciertamente preparado, aunque no tanto como lo estaban sus protagonistas, para adentrarse en una viaje alucinante que plantea permanentes dilemas. Es esta una excepcional película de contrastes que te lleva a lo más alto -literalmente hablando- para después dejarte caer a lo más bajo -por el doloroso devenir de los acontecimientos-. Y para narrar un historia real que acabó de forma tan devastadora, resulta encomiable que se haya hecho con suma delicadeza. A partir de aquí, la cinta que se estrena este viernes en salas es tan excitante como especialmente dura, pero merece mucho la pena acercarse a ella y sentir por momentos algo de ese vértigo que está al alcance de unos pocos.
Largometraje trepidante que te mantiene en alerta de manera constante y que tiene en su reparto a los dos 'migueles' más cotizados (y atractivos) del cine español: Silvestre y Bernardeu (con permiso del también talentoso Miguel Herrán y de Miguel Ángel Muñoz). Junto a ellos están un gran Carlos Cuevas -quien lleva la batuta de la narración- o José Manuel Poga -un valor seguro para todo casting que se precie-. El peso de la trama la llevan ellos porque, al fin y al cabo, se cuenta su vida. Acompañados, eso sí, por dos mujeres que no pasarán nada desapercibidas, interpretadas por las actrices Candela González y Stéphanie Magnin.
Los dirige con maestría Salvador Calvo, quien en la última década ha hecho trabajos muy sobresalientes como Los últimos de Filipinas (2016), Adú (por la que ganó el Goya en 2020) o la demoledora Valle de sombras (2024). Ahora, el cineasta madrileño nos ofrece un relato donde no le cabe ya una pizca más de adrenalina, abordando con enorme respeto y desde diferentes prismas el que está considerado como deporte más peligroso del mundo. Solo con esa frase, a uno se le empiezan a poner los pelos de punta. Es el salto B.A.S.E. acrónimo en inglés de unas siglas que significan Building (edificio), Antenna (torres de tendido eléctrico), Span (viaducto) y Earth (Tierra).
Nadie quiere morirse
Tirarse al vacío desde un risco, barranco o acantilado no es algo muy seductor para la inmensa mayoría, pero para esta gente era su forma de vida. No se pretende en La fiera que empaticemos con ellos ni que los entendamos, ciertamente porque no es fácil comprender que alguien pueda amar de esa manera un riesgo tan extremo, y tampoco le dé miedo mirar de frente a la muerte como ellos hacen. Son el recordado Álvaro Bultó, encarnado por el actor David Marcé, cuyo parecido físico con el que fuera aristócrata, paracaidista y rostro televisivo es más que notable. También fue Bultó el prometido de la modelo y presentadora Paloma Lago, con quien estuvo a punto de casarse hasta que cancelaron su boda a dos meses de celebrarse.
Él formaba parte de un grupo de colegas que mantenían una férrea y estrecha amistad, una camaradería que viene a ser desde luego una de las claves de la película. Y no, no estaban locos. Estaban muy cuerdos y eran plenamente conscientes de lo que se jugaban cada vez que se enfundaban ese traje con alas y jugaban a ser una especie de dioses del aire. Unos 'hombres pájaro' que, antes de saltar, respiraban hondo y profundamente. Con un sudor frío que recorría su espalda cada vez que se asomaban al precipicio, eran expertos altamente cualificados que supervisaban al milímetro cada detalle. Pese a todo ello, están las consecuencias personales catastróficas. Porque si en EE.UU. tienen ahora su aclamada Otra batalla tras otra, aquí se nos presenta Una tragedia tras otra. (solo ha sobrevivido uno de los cinco amigos que eran).
Lo que no podían controlar, de ahí el nombre de la película, era esa 'fiera' que habitaba en ellos. Eran la que necesitaban liberar para que no les devorara por dentro. Una pulsión adictiva que no podía evitar tampoco Darío Barrio, a quien no le bastaba con ser un reconocido chef y estrella de la pequeña pantalla. Recuerdo perfectamente su carisma delante de las cámaras, y también la impactante noticia de su muerte en un fatal accidente mientras hacía lo que más le gustaba. Su destino parecía escrito (aunque él nunca quisiera acabar así), sobre todo si nos atenemos a la estadística de fallecidos que arroja esta práctica, Es más, este ambicioso proyecto cinematográfico tuvo también que lamentar durante el rodaje la pérdida de uno de los saltadores y asesores de la misma, Carlos Suárez.
Lógicamente, es también La fiera una película de espectaculares y bellísimos parajes naturales, lo que deriva en una potencia visual estremecedora que cautiva desde la primera toma. Sobrevolando cada paisaje, hay uno de esos lugares que resulta igual de fascinante que tenebroso: es La Torre sin Nombre, en Pakistán, una pared casi vertical de 1.000 metros y que para los escaladores es como su meca. Bajo estos mimbres, al proyecto de MOD Producciones y Atresmedia Cine le acompaña una maravillosa y épica banda sonora del brillante compositor TRoque Baños (Alatriste, 800 balas). Porque dotará al filme de un envoltorio perfecto para sumergir de lleno a sus protagonistas, y a los espectadores, en la boca del lobo.











