Ana Peleteiro acaba de sumar un premio a una temporada especialmente intensa. El GEN ¡H! Deporte y Trayectoria de ¡HOLA! lo recibía el pasado martes en la plaza de Las Ventas, solo unas semanas después de la llegada al mundo de su hijo León en el mes de julio. El pequeño se incorporaba a una familia que ya tenía a Lúa, nacida en 2022, y a unos padres que no parecen especialmente dispuestos a separar la vida deportiva de la familiar. “No quiero elegir”, dijo al recoger el galardón. “Tener hijos no debería significar renunciar a nuestros sueños”.
La frase resume bien por qué Ribeira ocupa un lugar tan importante en la vida de la campeona de Europa. Después de Madrid, Portugal, Guadalajara, los campeonatos internacionales, los Juegos Olímpicos y una vida marcada por los entrenamientos y los viajes, regresó a su pueblo en 2024, tras 11 años fuera de casa. No era una decisión menor; lo hacía para entrenar junto a su marido, el atleta francés Benjamin Compaoré —“mientras siga soñando con ser campeona olímpica, hay Peleteiro para rato”, decía en mayo—, y, sobre todo, para que Lúa creciera cerca de sus abuelos en el sitio en el que había transcurrido su infancia. “Regreso a Ribeira, a Galicia, a mi refugio”, explicó entonces.
Esta localidad de la ría de Arousa, en la comarca coruñesa de Barbanza, es más que un lugar para una vida nueva; es el sitio donde Peleteiro tiene a su familia, donde empezó a competir y también donde ha puesto en marcha un negocio propio, Area Café, una cafetería de especialidad que abrió en 2025 junto a Compaoré y que llevaba años rondándole la cabeza. La idea, contaba, empezó a tomar forma durante un viaje de París a Madrid, cuando estaba embarazada de su hija.
CON EL ATLÁNTICO DE FONDO
Para tomar el pulso a Ribeira, hay que empezar por el puerto. Basta con acercarse al muelle para ver entrar y salir barcos y comprobar que aquí la pesca sigue marcando el ritmo de la localidad. Es uno de los grandes puertos de pesca de bajura de Galicia y una parte importante de la actividad local continúa girando alrededor del mar.
A pocos kilómetros, el paisaje cambia radicalmente al llegar al Parque Natural Complexo Dunar de Corrubedo e Lagoas de Carregal e Vixán. Su enorme duna móvil, las playas abiertas al Atlántico y las zonas húmedas dibujan uno de los paisajes más característicos de la comarca de Barbanza. Cerca de allí se encuentra el faro de Corrubedo, construido en 1853, que marca este tramo de costa.
CASTROS, DÓLMENES Y MIRADORES
Para verlo todo desde arriba está el mirador de Pedra da Rá, coronado por una piedra con forma de rana, que ayuda a entender de un vistazo la geografía de Ribeira. Desde aquí se divisan el parque dunar de Corrubedo, la ría de Arousa y buena parte del litoral, con el paisaje de la península de Barbanza extendiéndose alrededor. Muy cerca se encuentra el castro da Cidá, un antiguo poblado castreño situado en lo alto de la sierra, del que todavía se conservan restos de viviendas y estructuras defensivas. Y en la parroquia de Oleiros aparece otro de los testimonios más antiguos del municipio, el dolmen de Axeitos, uno de los monumentos megalíticos más destacados de Galicia, levantado hace miles de años.
SÁLVORA, FRENTE A RIVEIRA
Junto a Cíes, Ons y Cortegada, Sálvora conforma el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas. A esta isla despoblada que pertenece a Ribeira y se encuentra a la entrada de la ría de Arousa se va de excursión para conocer su belleza salvaje, su rica fauna y flora, así como su pazo, el faro, la estatua de una sirena sentada frente al mar y escuchar las historias de naufragios en sus costas. Las visitas se realizan en barco con navieras autorizadas, principalmente desde O Grove y Aguiño, aunque también hay salidas desde otros puertos de la ría de Arousa. La propia naviera se encarga de tramitar el permiso de acceso, sujeto al cupo diario establecido por el Parque Nacional.
Sálvora pone el punto final al recorrido por Ribeira, un lugar que tanto peso tiene en la vida de Ana Peleteiro. Ahora, con dos hijos y un nuevo ciclo deportivo por delante, aquella decisión tomada después de París parece tener una dimensión todavía mayor. Ribeira ya no es solo el lugar al que regresó, es el escenario en el que ha decidido que suceda lo demás.










