CÁCERES

'Parque Taurásico' existe y está en Extremadura: el safari en 4x4 donde puedes ver de cerca toros de 600 kilos


Visitamos una de las ganaderías más famosas por su bravura. Pilar Martín, la nieta del fundador, nos guía en un 4x4 por la finca Las Tiesas, donde viven estas bestias prehistóricas. Cerca está Coria, en Cáceres, una ciudad que ya era taurina en tiempos de los vetones.


Toros en la finca Las Tiesas, Cáceres© Andrés Campos
17 de abril de 2026 a las 14:00 CEST

Si no se entiende de toros –no se puede saber de todo– y se recurre a la IA para averiguar cuáles son los más fieros, aparecen, en primer lugar, los de Miura, que tienen una cara y un historial escalofriantes, y justo después los de Victorino Martín, que tampoco son ángeles. Pero si se inquiere cuál es la ganadería que más visitas recibe, resulta que la segunda es la primera. Por algo será. Pues será porque Victorino Martín posee una activa división turística (visitasvictorinomartin.es) que ofrece entretenimientos de lo más variado a todos los públicos: paseos en un remolque abierto por la dehesa, visitas al museo familiar, catas, maridajes, comidas taurinas, rutas para niños, para jubilados, de team-building, para grupos, a la medida, VIP…  Y será también porque la que dirige esto, Pilar Martín –la nieta del fundador de la ganadería–, sabe transmitir su pasión a todos: al que entiende y al que no, al que le gustan los toros y al que le dejan frío. Además es encantadora y divertida y –como hemos tenido ocasión de comprobar recientemente en una visita especial para hola.com: solo ella al volante y nosotros– hace sentir a los visitantes como si estuvieran en Parque Jurásico, acercándose a pocos metros de estos animales prehistóricos y escapando por los pelos de los más iracundos en un todoterreno donde solo falta Jeff Goldblum gritando: “Must go faster! ¡Más rápido!”. Como decían en la cuarta entrega de Parque Jurásico: “Este lugar existe para recordarnos lo pequeños que somos. Cuán recientes. Eso no tiene precio”. 

Acceso a la finca Las Tiesas de Vitorino Martín, Cáceres© Andrés Campos
Acceso a la finca Las Tiesas de Vitorino Martín.

UN CENTRO DE ALTO RENDIMIENTO PARA ATLETAS DE CASI 600 KILOS

Quedamos con Pilar Martín en la puerta de la finca Las Tiesas, en el término de Portezuelo, en el noroeste de Cáceres. Estas 1.800 hectáreas de encinas, alcornoques, charcas y pastizales –la clásica dehesa extremeña, vaya– son como un centro de alto rendimiento deportivo en el que los afamados victorinos se pasan el día corriendo arriba y abajo, buscando agua, sombra, comida, vacas, pelea, un tronco para rascarse, lo que sea... Enseguida aparece Pilar, que viene de llevar a sus hijas al colegio en Coria, una pequeña ciudad de la que nos cuenta maravillas –amurallada por los romanos, vive los toros con ardor extraordinario, sobre todo durante los encierros de los Sanjuanes, del 23 al 29 de junio– y que nos anima a visitar cuanto antes, esta misma tarde o mañana. 

Pilar Martín, nieta del fundador, en el comedor de la finca Las Tiesas, Cáceres© Andrés Campos
Pilar Martín, nieta del fundador, en el comedor de la finca Las Tiesas.

En el corazón de Las Tiesas, entre las casas y el tentadero, aguarda el remolque abierto que se usa para pasear a los visitantes por la finca en la mayoría de las ocasiones. Es grande y seguro, pero tiene aire de trenecito turístico, de tren de la bruja, de atracción de feria. Mucho mejor, mucho más serio, es el 4x4 en el que vamos a hacer la visita VIP, conducido por la propia Pilar. Pronto bajamos a tope las ventanillas para admirar unos preciosos caballos –los purasangres lusitanos de la yeguada Victorino Martín– y las volvemos a subir, dejando solo una rendija para fotografiar sin peligro y sin incordiar a los toros cárdenos característicos de esta ganadería. Pilar nos cuenta que se abonan cifras fabulosas por estos atletas en las plazas importantes: en la misma Coria, las peñas pagan por uno 9.000 solo para correr delante de él. Son lo mejor de lo mejor, los Ferraris de los toros. No es de extrañar que los cinqueños, los que están a punto de salir para los ruedos, anden por la dehesa con los pitones protegidos con unas fundas resistentes, no sea que a estos superdeportivos se les raye una aleta y los compradores digan que ya no los quieren. Al lado de estos monstruos de hasta 600 kilos, los de Parque Jurásico parecen gatitos. Bajarse para abrir las verjas que cierran el paso –algo que nos toca hacer cada pocos minutos–, ya es una aventura. Incluso dentro del todoterreno, cuando un cinqueño escarba y se arranca, hay que salir pitando y verlo por el retrovisor, rezando para que no sea verdad eso de que “los objetos en el espejo están más cerca de lo que parecen”, como se lee en el del jeep al que persigue un cabreadísimo T-rex en la primera entrega de Parque Jurásico. No estaría mal –pensamos en voz alta– que en la puerta de la finca Las Tiesas hubiera un cartel que dijera: “Bienvenidos a Parque Taurásico”. Pilar se troncha con nuestra ocurrencia. Dirige las visitas a la ganadería con verdadero entusiasmo, como una niña encantadora y risueña, como si fuera el primer día y no llevara haciéndolo desde 2010.

Toro cárdeno en la finca Las Tiesas, Cáceres © Andrés Campos
Toro cárdeno en la finca Las Tiesas.

El recorrido en 4x4 incluye una última parada en el hogar de los victorinos jubilados, donde viven los veteranos que fueron devueltos al campo después de demostrar una excepcional bravura en los ruedos. Solo 20 han merecido el indulto en los 60 años de este hierro. A los últimos –Bohemio, que fue indultado el verano pasado en Alicante, y Heráldico, en Pontevedra–, los vemos ahora persiguiendo a las vacas, como antes a los banderilleros, pero para algo bueno: “Creced y multiplicaos”. Esto es una jubilación como el dios Apis manda. O unas merecidas vaca-ciones, que diría Matías Prats.

PISCOLABIS CON VINOS Y ACEITES ECOLÓGICOS

De vuelta en las casas que hay en el corazón de la finca, Pilar nos invita a pasar a un gran comedor presidido por un retrato de Victorino Martín, su abuelo, el que forjó este hierro legendario. A izquierda y derecha del fundador, vemos las cabezas disecadas de varios toros ejemplares. Nuestra anfitriona hace hincapié en la de Hoyito, que participó en una corrida memorable en Las Ventas en 1969, la que hizo que esta ganadería comenzara a ser importante. Un año antes, su padre, Hospiciano, le había dado nueve cornadas en el campo al propio Victorino y por poco lo mata. Fue una mala-buena señal. 

Toro en la finca Las Tiesas, Cáceres© Andrés Campos

ara ver más cabezas y recuerdos de esta ganadería, tendríamos que ir al museo que hay en otra finca suya, Monteviejo, en Moraleja, a 35 kilómetros de aquí. Ese museo se visita al realizar el llamado circuito tauro-gastronómico, el recorrido más largo e intenso que el turista puede emprender por las dehesas de Victorino Martín, de ocho horas de duración. Hay que ser muy taurino y muy comilón para hacerlo, porque además de todo lo que se ve, se catan vinos y aceites elaborados por la familia, se come un guiso de carne de lidia y se sufre una sobremesa con postres artesanales, café de puchero y buenos licores. Para nosotros, aquí en Las Tiesas, han preparado algo sencillo: una mesa llena de productos ecológicos del Grupo Victorino Martín –vino de la variedad extremeña Eva de los Santos y aceite de manzanilla cacereña– y de ibéricos selectos. No está mal para un piscolabis mañanero.

EN EL TENTADERO CON VICTORINO MARTÍN GARCÍA

Por experiencia familiar y por estudios –es veterinaria–, Pilar Martín tiene y ha desarrollado un ojo clínico infalible para los toros: “Uno que berrea mucho”, nos comenta, “es como un hombre quejica. Otros, en cambio, aprietan los dientes y pueden con todo”. Para conseguir los buenos toros de lidia, hay que probar a las becerras, las que serán sus madres, en el tentadero. Camino de la placita, que está a 50 metros de donde hemos tomado el ecológico y selecto piscolabis, Pilar nos confiesa bromeando que sí, que tiene buen ojo para los toros y para los hombres: “Mi marido, cuando vio cómo seleccionábamos aquí los mejores ejemplares, me preguntó: ¿a mí me has tentado?”.

El torero Miguel Andrades en el tendadero de la finca Las Tiesas, Cáceres.© Andrés Campos
El torero Miguel Andrades en el tendadero de la finca Las Tiesas.

“La tienta no suele estar incluida en las visitas: solo en las VIP”, explica Pilar. “Si coincide que estamos haciendo una tienta, cualquier visitante puede asistir. Pero observa y calla: no opina”. El toro no es una democracia. No todo el mundo tiene ojo como ella. Ni como Victorino Martín, a quien tenemos el placer de saludar en el tentadero. Pero no al abuelo, Victorino Martín Andrés, que está en el cielo criando toros con alas desde 2017, sino a su hijo Victorino Martín García –el padre de Pilar y responsable de la ganadería–, que examina todo el proceso desde la barrera, tomando notas en una libreta y en un ordenador portátil: esta becerra sirve para perpetuar la casta, esta también, esta no, esta ni fu ni fa y así. Es como un pitwall de Fórmula 1, solo que en vez de coches, pasan por delante del team-principal becerras y picadores a caballo.

El día de nuestra visita, participan en la tienta dos toreros profesionales: Saúl Jiménez Fortes y Raúl Andrades. Los tentaderos son los gimnasios de los diestros, donde entrenan. Victorino Martín García debe de saber mucho porque les indica todo, hasta cómo agarrar la muleta con la que se ganan y se juegan la vida. Y debe de vernos a nosotros muy decididos,porque nos invita a dar unos pases a una vaquilla. Alguien recuerda entonces oportunamente que, durante una tienta en El Escorial (Madrid), una vaquilla volteó y dio pasaporte a Antonio Bienvenida, que había salido 11 veces por la puerta grande de Las Ventas. Y declinamos respetuosamente.

LOS SANFERMINES DE CORIA

Recorriendo la finca Las Tiesas, hemos visto recortarse al noreste, poco más alta e imponente que la espalda de los victorinos, la silueta del castillo de Portezuelo o de Marmionda, construido por los almohades en el siglo XII y recién restaurado por la Junta de Extremadura. La que no se ve, pero tampoco anda lejos, es la muralla de Coria, un kilómetro largo de sillares graníticos que los romanos apilaron alrededor de la vieja Caurium, ciudad de inequívocos orígenes vetones, como atestigua el verraco o toro de piedra que se exhibe el museo de la Cárcel Real. 

Una de las puertas de las murallas romanas de Coria, Cáceres© Andrés Campos
Una de las puertas de las murallas romanas de Coria
Toro Vetón en el Museo de la Cárcel Real, Coria, Cáceres © Andrés Campos
Toro Vetón en el Museo de la Cárcel Real.

Allí se exhiben también, en la segunda planta, impresionantes recuerdos de la fiesta de los Sanjuanes, cuando la ciudad amurallada se cierra llena de gente y se van soltando dentro toros como los que hemos visto perseguir a nuestro todoterreno en la finca Las Tiesas. Si no podemos o no queremos ir a Coria entre el 23 y el 29 de junio, aquí es como si estuviéramos en mitad de la fiesta, rodeados de toros enteros disecados y fotos murales en las que una multitud los jalea y huye despavorida cuando los animales se revuelven, encaramándose en la desbandada a cualquier reja, palmera o arquivolta gótica que haya a mano. Un ojo inexperto puede confundir los Sanjuanes con los Sanfermines, por aquello de que los mozos y las mozas visten igual. No tienen nada que ver: aquí los toros se corren durante una hora y media por el recinto amurallado de la ciudad antigua, con sus cuatro puertas bien cerradas, y luego se les da muerte con un disparo de escopeta. Es mejor que matarlos en un ruedo después de otros mil sufrimientos, sin duda, pero peor que devolverlos a una de las fincas de Victorino Martín –o a donde quiera que se hayan criado– y dejarlos vivir a cuerpo de rey, como se hace con los indultados. 

Catedral de Coria, Cáceres© Andrés Campos
Catedral de Coria.
Toro de Victorino disecado y foto de los Sanjuanes, Museo de la Cárcel, Coria, Cáceres © Andrés Campos
Toro de Victorino disecado y foto de los Sanjuanes, Museo de la Cárcel de Coria.

Otro testimonio escalofriante de lo que son los Sanjuanes, cuando los toros persiguen a los corredores por las calles lanzando cornadas a diestro y siniestro, son los pitonazos que se ven en las puertas de la catedral y en las palmeras que hay delante del Ayuntamiento. A dos pasos de este último, en la calle de las Monjas, se encuentra el mejor restaurante de la ciudad, El Bobo de Coria (elbobodecoria.es), cuya especialidad son las setas –deliciosos, los Boletus a la crema–. Y al lado de la catedral, el mejor hotel, el AHC Palacio Coria (ahchoteles.com), que ocupa el antiguo palacio obispal. En su trasera, hay otro excelente restaurante, Huumm (tel.: 640 36 91 55). Su nombre significa que aquí todo está rico-rico y, leído al revés, es el mugido de un toro.¡

Chef Ángel Martín en su restaurante Huumm, Coria, Cáceres© Andrés Campos
Chef Ángel Martín en su restaurante Huumm.