La agenda de Haakon de Noruega se ha convertido en un terreno de minas, ya que las explicaciones que la princesa Mette-Marit dio sobre su amistad con Jeffrey Epstein han sido consideradas insuficientes y, además, han planteado nuevas preguntas. Esto ha provocado que la agenda del príncipe heredero se vea eclipsada por el tema, algo que no ocurre en la agenda de su mujer, que de momento solo ha tenido apariciones en entornos sumamente controlados, en el interior del Palacio Real de Oslo y sin intervención de periodistas o público. El lunes por la tarde, el príncipe visitó varias empresas pesqueras de Møre og Romsdal y las cuestiones se repitieron. Haakon de Noruega trató de zanjar el tema: "No leo todos los correos electrónicos de mi mujer y espero que nadie lo haga, la verdad".
"Hemos pasado un periodo con muchas cosas, pero creo que ahora las cosas van mejor. Está enferma, y es algo que ya forma parte de nuestro día a día", dijo el príncipe Haakon cuando veía que su charla sobre la pesca y la sostenibilidad de la zona se veía de nuevo interpelada por los dos casos que rodean a la realeza noruega: la sentencia judicial que Marius Borg espera desde la prisión de Oslo y la vinculación de la futura reina consorte con el magnate condenado por prostitución infantil.
"Es duro marcharme y dejarla, pero ella se las arregla bien, un día o día y medio", añadió el príncipe después de que el pasado viernes la princesa diera el paso de acudir por primera vez a un acto oficial con un equipo de oxígeno, una imagen insólita con la que la enfermedad crónica que sufre —una fibrosis pulmonar diagnosticada en 2018— se hizo visible y se normalizó dentro de un acto del Palacio Real. Igual que comienzan a ser habituales los cambios de agenda, ya que, tal y como avanzó su médico el pasado diciembre, Mette-Marit está en una fase de adaptación a una nueva etapa de su enfermedad en la que no se descarta un trasplante de pulmón. El último viaje oficial al extranjero, a Estados Unidos el pasado otoño, el príncipe Haakon ya lo hizo en solitario, y está previsto que ocurra lo mismo con el viaje que tiene programado a Japón en junio.
El príncipe Haakon no pudo evitar, a pesar de la entrevista que concedieron el pasado marzo a la NRK, que el tema derivara en el caso Epstein. "Volvemos a lo mismo. No pretendo profundizar en ese tema aquí y ahora, no leo todos los correos electrónicos de mi mujer, y espero que nadie lo haga, la verdad", respondió el futuro rey, ya que fue el intercambio de mensajes entre Mette-Marit y el pederasta lo que reflejó el tono y la confianza de su relación.
"No voy a extenderme mucho sobre ese tema ahora, así que seguiremos hablando del tema principal", dijo el príncipe Haakon tratando de reconducir la conversación hacia el asunto del día. "Ya hemos hablado de ello", añadió.
Con una Casa Real en plena reconfiguración y una crisis de confianza que no termina de disiparse, los próximos días se dará un giro a la imagen del príncipe Sverre, que acudirá a dos actos oficiales en compañía de su padre. Una posibilidad que hace unos años se negaba por completo y que ahora parece materializarse, ya que con Mette-Marit fuera de circulación y la princesa Ingrid estudiando en Australia, las opciones no son muchas, más teniendo en cuenta que la princesa Marta Luisa de Noruega también salió de la vida institucional y no tiene funciones de representación.
En este contexto, la figura de Haakon emerge como el único miembro plenamente operativo de la familia real noruega de cara al futuro, obligado a sostener la agenda institucional mientras gestiona simultáneamente la presión mediática y el desgaste público que generan tantos frentes abiertos de carácter negativo. La combinación de problemas de salud, escándalos y ausencias prolongadas han dejado a una monarquía en situación de vulnerabilidad, y cada aparición del príncipe heredero se convierte en un examen sobre su capacidad para mantener el equilibrio entre transparencia y continuidad institucional.
Los próximos meses serán decisivos para medir hasta qué punto la institución es capaz de recuperar estabilidad y confianza, y si la estrategia de contención comunicativa en torno a Mette-Marit resulta sostenible. Por ahora, Haakon continúa avanzando entre preguntas incómodas, intentando que la agenda oficial no quede completamente absorbida. El desafío sigue sin resolverse.











