La sheikha Al Jalila ha sido una desconocida por motivos de seguridad: hija del emir de Dubái, sobrina del rey de Jordania y protagonista de una historia que, en palabras de su madre, fue "aterradora". La joven que cumplió los 18 años el pasado diciembre se vio envuelta en el complejo divorcio de sus padres: la princesa Haya de Jordania y Mohammed bin Rashid Al Maktoum, emir de Dubái y uno de los hombres más poderosos del mundo. Ese divorcio no solo se cerró como la separación más cara del Reino Unido, también dejó la verdad judicial de los terribles motivos que llevaron a la princesa jordana y a sus dos hijos, Al Jalila y Zayed, a emprender una huída con la complicidad de las monarquías británica y jordana. Ahora, cuatro años después de la pesadilla, la joven jequesa comienza la construcción de un perfil propio.
De la seguridad extrema a la vida pública: el complicado camino de una sheikha
"Fue un placer ver a nuestra Mesajera de la Paz de la Naciones Unida, Su Alteza Real la Princesa Haya, de nuevo en Londres en la semana #ClimateAction. A medida que el cambio climático amenaza cada vez más la seguridad alimentaria y del agua, su trabajo y defensa por un mundo #ZeroHunger son más importantes que nunca", escribe António Guterres, el político lisboeta que fue nombrado Secretario General de las Naciones Unidas en 2017.
De esta forma, con una figura de alto perfil con proyección global y siendo uno de los líderes más influyentes del sistema multilateral, reaparece la princesa Haya y lo hace junto a su hija, lo que podría ser una señal de que la joven, formada en los mejores colegios británicos, podría seguir sus pasos vinculándose a la acción humanitaria y la diplomacia. Un camino natural para las princesas de la Corte Real Hachemita y que tiene a su tía, la reina Rania, como máximo exponente para poner el foco de los desafíos que atraviesan determinados sectores de la población de Oriente Medio.
La huida a Londres: protección diplomática, asilo y el papel clave de las monarquías británica y jordana
Al Jalila solo tenía 13 años cuando emprendió una huida de la hermética Corte Real de los Emiratos Árabes para refugiarse en uno de los barrios más seguros de Londres, al lado del Palacio de Kensington. Fue entonces cuando The Times afirmó que ella y sus dos hijos habían llegado a la capital británica pidiendo asilo internacional: ella quería proteger a sus hijos por encima de todo y siempre sobrevoló la idea de posibles matrimonios concertados, un tema que nunca se llegó a confirmar en un juicio en el que se limitaron a hablar de la seguridad de los niños. Todo ello sin olvidar que algunas de las hijas del jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, que tiene al menos seis esposas y una treintena de hijos, habían asegurado estar retenidas en contra de su voluntad.
Otro tema que nunca se confirmó por canales oficiales, pero que fue clave para la expectación que generó este caso, es que se sospechaba que Haya de Jordania, que había vivido gran parte de su vida en el Reino Unido y había formado parte de los círculos reales, contaba con la protección de la soberana británica. En parte por la amistad que Isabel II había tenido con el rey Huseín y por la propia historia de su dinastía, ya que no hay que olvidar que la monarquía en Jordania fue instaurada en 1921 con el apoyo del Reino Unido. Especialmente revelador fue el hecho de que la princesa Haya fuera representada en los tribunales por la misma abogada que había representado a los hijos de Isabel II, el rey Carlos III y el expríncipe Andrés, en sus respectivos divorcios, la implacable y afamada Fiona Shackleton, conocida como "la magnolia de acero".
Este divorcio, que finalmente se cerró a favor de la princesa Haya, tuvo por tanto algo de tintes diplomáticos, ya que resultó clave el inteligente movimiento que hizo el rey Abdallá de Jordania para proteger a su hermana: la nombró jefa adjunta de la misión de la embajada jordana en Reino Unido, por lo que contaba con inmunidad y protección diplomática. Esta maniobra llegó en un momento clave, justo después de que las autoridades británicas hubiesen desestimado la demanda de asilo de Haya. Con esa red de seguridad y de la mano de la más prestigiosa abogada de divorcios británica logró comenzar una nueva vida junto a sus dos hijos.
Los 650 millones que sellaron el fallo judicial: seguridad, custodia y una verdad incómoda
Finalmente el divorcio se saldó con 650 millones de euros que el emir de Dubái pagó a su exmujer, dejando como verdad judicial que esa suma de dinero era necesaria para proteger a sus hijos de la amenaza que resultaba él mismo, uno de los hombres más ricos del mundo. Haya de Jordania consiguió también la custodia exclusiva de Jalila, que tenía 14 años en el momento del juicio, y del príncipe Zayed, que tenía 9. El Alto Tribunal de Londres contó como de dura había sido la batalla de la princesa Haya, ya que según el fallo judicial el emir de Dubái había ido siempre un paso por delante al haber pirateado el teléfono móvil de su mujer, de su abogada y de varios de sus empleados, a través de Pegasus, una tecnología militar israelí. Además, el juez también consideró que estaba está totalmente justificado el temor de Haya de Jordania de que sus hijos pudieran ser secuestrados por su padre en su casa de campo inglesa.
"Los últimos años han sido aterradores y aún así, el santuario de protección y compasión extraordinaria que nos hemos encontrado en Inglaterra han reforzado nuestra fe en el poder de la Justicia y la Humanidad", escribió la princesa jordana después de que se diera a conocer el fallo judicial. Han pasado solo cuatro años de esa historia que contamos en un podcast y que fue el comienzo de una nueva vida para los tres.










