Sin sentimentalismos

La princesa Ana aparece con la joya que trascendió un matrimonio fallido y se consolidó como parte de su identidad pública


La estalactita de oro guarda todo el simbolismo y la personalidad de la princesa real


© POOL/AFP via Getty Images
Sira AcostaPeriodista senior de Realeza y Guionista
7 de mayo de 2026 a las 15:16 CEST

Coincidiendo con el aniversario de la Coronación de Carlos III, este miércoles se celebró en los jardines del Palacio de Buckingham la primera garden party de la temporada. Los Windsor, casi al completo, reaparecieron en los jardines de la residencia londinense del jefe del Estado para cumplir con una recepción que se ingenió en tiempos de la reina Victoria con el fin de atender a un gran número de invitados en poco tiempo. Los reyes se rodearon del nucleo duro, a excepción de los príncipes de Gales, y entre ellos estuvo la princesa Ana, la "reina sin corona", que recuperó una joya que habla mucho de su carácter sobriedad, constancia y sin sentimentalismos.

Primera "garden party" de la temporada en el Palacio de Buckingham© Getty Images
Primera "garden party" de la temporada en el Palacio de Buckingham

La princesa Ana llevó a su primer compromiso del día un broche de oro de 18 kilates y más de una treintena de diamantes que se conoce como el broche estalactita y es una pieza de su joyero con mucho simbolismo. Para empezar porque fue un regalo de su madre, la reina Isabel II, y el diseño refleja por completo lo que es la princesa real y su madre lo sabía. Una estalactita se forma con el tiempo y la constancia, gota a gota, año a año, además son resistentes a los cambios y generan unas formas que evocan la rectitud y la disciplina, casi una obra arquitectónica.

El rey Carlos III con su mujer, la reina Camilla, y su hermana, Ana de Inglaterra© Getty Images
El rey Carlos III con su mujer, la reina Camilla, y su hermana, la princesa real

La joya no solo encaja con la personalidad de la princesa, también lo hace con su estilo, es austera y nada ostentosa. Una estalactita no es otra cosa que una formación mineral, de líquido a sólido, es naturaleza petrificada. Una metáfora de la forma contenida en la que la princesa Ana maneja sus emociones, muy Isabel II, los sentimientos están allí, pero no se muestran. Y esto, encaja también con la historia de la joya, porque ese broche fue un regalo de boda de su primer matrimonio fallido.

La princesa Ana y su primer marido, Mark Phillips, recibiendo en Londres a la reina Beatriz de Holanda en su viaje de Estado de 1982© Getty Images
La princesa Ana y su primer marido, Mark Phillips, recibiendo en Londres a la reina Beatriz de Holanda en su viaje de Estado de 1982

Cuando la princesa Ana, la única hija de la reina y el duque de Edimburgo, se casó el capitán Mark Phillips en 1973, recibió un joyero espectacular, uno a la altura de su título único, el de princesa real, la única hija de la reina, desplazada en la línea sucesoria por todos sus hermanos varones, pero con una autoridad institucional ganada a pulso. Como regalo de boda recibió tiaras, gargantillas, pendientes y todo tipo de aderezos, algunos que estaban ya dentro del joyero de la Corona británica, y otros, completamente nuevos y pensados para ella, como ese el caso de este broche estalactita regalo de su madre. 

La llevó en el Jubileo de Platino de su madre, en el 2022, dos meses antes de la muerte de Isabel II© Getty Images
La llevó en el Jubileo de Platino de su madre, en el 2022, dos meses antes de la muerte de Isabel II

En otras mujeres, reales o no, hemos visto como este tipo de joyas muy vinculadas a un amor que se acaba o a un matrimonio que termina en divorcio, como le ocurrió a ella en 1992, se quedan en desuso, en parte por los propios recuerdos que evocan. Sin embargo, esa interpretación romántica es justo lo opuesto a la princesa Ana: pragmática, funcional y puro minimalismo emocional. 

Ascot 2018: madre e hija, la princesa Ana con la estalactita de oro© Getty Images
Ascot 2018: madre e hija, la princesa Ana con la estalactita de oro

Esa joya dejó de ser un regalo de boda para convertirse en un legado materno, así lo fue eligiendo en compromisos donde Isabel II era la protagonista, como alguno de sus jubileos. Hasta que su estalactita de oro se ha ido convirtiendo en un reflejo de ella misma y de su papel, primero para el reinado de Isabel II y ahora para el de su hermano Carlos III.