El viaje del rey Felipe a Canadá ha acabado de la mejor manera posible. Entre el 19 y el 21 de mayo ha recorrido diferentes puntos del país norteamericano, participando en actos que han servido para reforzar los lazos económicos y comerciales entre ambas naciones. La última parada de su agenda antes de volar a España escondía un gran valor sentimental: ha regresado al internado en el que tan feliz fue, una época en la que no era el príncipe de Asturias, sino simplemente Flip. Aquellos meses los recuerda con enorme cariño, como él mismo ha explicado al pisar de nuevo las instalaciones del Lakefield College School, en Ontario.
El jefe del Estado estudió el equivalente a COU, haciendo del Lakefield College School su hogar durante el curso 1984-1985. En el marco del 40 aniversario de su paso por estas aulas, ha regresado y ha sido nombrado patrón honorario por la directora del centro y el presidente de la junta directiva Además, ha participado en la inauguración del nuevo centro de estudiantes, bautizado como Rey Felipe VI de España. El acto central se ha celebrado en la Capilla A.W. Mackenzie, donde el monarca ha interpretado el himno del centro junto al resto de asistentes, entre los que había compañeros de su promoción con los que se ha reencontrado.
Un lugar que le ha marcado
La intervención de Felipe VI ha supuesto un recorrido por su pasado, ya que ha dado detalles personales de los meses que pasó en Canadá, una experiencia que forjó su personalidad y le aportó una visión única del mundo. "Es un gran colegio lleno de historia, tradición y una visión moderna del mundo. Es también, en cierto modo, una familia… y alberga una gran cantidad de experiencias y recuerdos a los que le debo tanto. El tiempo nos cambia inevitablemente, moldeándonos con infinitas capas. Pero hay momentos y lugares (y personas) que permanecen dentro de nosotros dejando una huella más profunda en quienes somos mucho después de que hayamos seguido adelante. Lakefield es para mí, sin duda, uno de esos lugares", ha comenzado a decir.
"Aquí no solo encontré conocimientos académicos, sino también una forma de entender el mundo... y de vivirlo; con más armonía, respeto por los demás y tolerancia hacia nuestras diferencias. Aquí, muy lejos de casa, también crecí y maduré en los valores del esfuerzo, la amistad y el compromiso. Y aquí empecé de verdad a comprender que la educación no es simplemente una etapa de la vida, sino el terreno sobre el que una vida toma forma", ha continuado explicando don Felipe, quien ha hecho hincapié en la importancia de la educación y en la figura de los docentes.
Sus anécdotas y amistades que perduran
El Rey también ha compartido anécdotas y vivencias de su etapa como alumno del internado: "Un simulacro de incendio en pleno invierno canadiense, cuando nos quedamos fuera al aire libre, con temperaturas cercanas a los -20 °C. Fue,quizás, un momento sencillo, pero me enseñó algo sobre la resiliencia y la fuerza silenciosa que surge de afrontar los retos juntos... También como miembro orgulloso del cuerpo de bomberos de Lakefield College School. Eso y algunos otros episodios durante las excursiones en canoa (osos, moscas negras y todo lo demás...), sin duda me ayudaron a prepararme para los años que pasé después en las academias militares de España. Sin embargo, probablemente lo que más recuerdo son las amistades que forjé aquí. Amistades que perduran más allá del tiempo y la distancia, y que nos recuerdan que lo más valioso de cualquier educación no es solo lo que aprendemos, sino en quiénes nos convertimos junto a los demás".
El reencuentro con Margaret Atwood
Antes de volver a las aulas del Lakefield College, Felipe VI entregaba en la Victoria University de Toronto el III Premio Internacional de Poesía Joan Margarit a Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada y galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2008. Al saludar, se mostró de lo más cariñoso con ella y le ofreció su brazo para dar un paseo. Además, destacó su contribución a la literatura contemporánea y su capacidad para ayudar a comprender mejor nuestro tiempo, nuestras sociedades y a nosotros mismos. “Estimada Sra. Atwood, querida Margaret, nos gustaría que recibieras este premio como muestra de gratitud por enseñarnos a leer mejor, a leer nuestra época, a leer nuestras sociedades y a leernos a nosotros mismos”, dijo sobre la escritora, con la que ya estuvo en Oviedo.









