Es un tesoro que ha estado 'escondido' durante casi setenta años, pero ha llegado el momento de que vuelva a ver la luz. La casa de subastas Sotheby’s prepara una puja excepcional, con tesoros de ‘royals’ y aristócratas -como la tiara que llevó la duquesa de Devonshire en la coronación de la reina Isabel II-. Sin embargo, en esta ocasión, toda la atención se la ha llevado la Mellerio Orléans.
El origen de una joya única: de la casa Mellerio dits Meller a Napoleón III
Una tiara transformable, que fue creada por la casa de joyería Mellerio dits Meller, la más antigua del mundo -fue fundada en 1613 y la misma familia la ha liderado de generación en generación-, para la Exhibición Internacional de Londres de 1862.
Por aquel entonces, Francia volvía a tener emperador, Napoleón III, quien había adquirido la colección Campana para el Louvre un año antes. Una compilación extraordinaria que debía su nombre al marqués Giampietro Campana, quien reunió miles de objetos antiguos, en su afán por reconstruir un conjunto que representase la producción artística de toda Italia. El ‘problema’ es que terminó pagando un alto precio por su desmedida ambición.
Fue detenido por malversación de fondos y se le confiscó aquella colección que había comenzado con tanto esmero. En cuanto se puso en venta, Napoleón III adquirió, de su propio bolsillo, la mayor parte, dispuesto a nutrir los museos franceses.
Un hito que inspiró a Mellerio dits Meller a la hora de crear su pieza, que bebe de la Grecia clásica, como puede verse en su diseño Engastado en diamantes de talla mina antigua y realzado con diamantes de talla rosa, la diadema es desmontable y puede lucirse como collar.
De París a Sevilla: el legado en la Casa de Orleans
Aunque la pieza fue creada y pensada en el esplendor del Segundo Imperio francés, terminaría en manos de una dinastía que representaba al régimen anterior, la familia de Orléans.
Tras la exposición, fue comprada por Antonio de Orléans -el hijo pequeño del rey Luis Felipe de Francia, el último soberano que ocupó el trono galo antes de su abdicación durante la Revolución Francesa de 1848- y la infanta Luisa Fernanda de Borbón -hermana de la reina Isabel II de España, que fue considerada como heredera al trono español, aunque nunca fue proclamada Princesa de Asturias-, duques de Montpensier.
La pareja vivió en la corte francesa hasta febrero de 1848. Con el estallido de la revolución, recaló en Gran Bretaña, después, Holanda, y finalmente España, aunque no podrían quedarse en Madrid. Terminarían instalándose en Sevilla y el palacio de San Telmo, a orillas del Guadalquivir, donde nacieron sus nueve hijos, se convirtió en su hogar.
De regalo de bodas al joyero de la marquesa de Valdeterrazo
De hecho, el matrimonio se hizo con la tiara para entregárselo a la mayor, María Isabel, como regalo de boda. La joven se casó con Philippe de Orléans, Conde de París -y pretendiente al trono francés-.
La pareja tuvo ocho hijos, pero María Isabel quiso dejársela al pequeño, Fernando de Orléans, que se casó con una aristócrata española, María Isabel González de Olañeta e Ibarrieta, marquesa de Valdeterrazo, en 1920. De hecho, ella la llevó en numerosas ocasiones durante los años veinte -y por el resto de su vida-.
Hasta el momento, pertenecía a su colección privada, pero, ahora, ya busca un nuevo dueño.










