Aunque se trate de un evento deportivo, los Juegos Olímpicos han visto nacer muchas parejas reales que empezaron su relación durante la cita deportiva más importante del mundo. Para algunos miembros de la realeza, un encuentro casual condujo al romance y, finalmente, al matrimonio e incluso a formar una familia. Estos son los más sonados
El rey Federico y la reina Mary de Dinamarca
Se conocieron durante los Juegos de Sídney, en el 2000. El primer encuentro se produjo en un pub de la ciudad, llamado Slip Inn, donde el rey se presentó simplemente como "Fred". Después de esta toma de contacto, Beatrice Tarnawski, una conocida de Mary, organizó una velada informal.
Allí coincidieron Bruno Gómez-Acebo, sobrino del rey Juan Carlos; el príncipe Nicolás de Grecia; Frederik, acompañado de su hermano Joachim; y la princesa Martha Louise de Noruega. La soberana no se dio cuenta de que estaba alrededor de figuras de la realeza hasta media hora después del encuentro con el grupo.
En una entrevista, Mary declaró que "la primera vez que nos conocimos, nos dimos la mano. No sabía quién era. Después, alguien se me acercó y me preguntó: '¿Sabe quiénes son estas personas?'". Tras una larga relación a distancia, en el 2003 Federico le propuso matrimonio a Mary con un anillo que reflejaba la bandera de Dinamarca en sus piedras preciosas.
La pareja se casó el 14 de mayo de 2004 en la Catedral de Copenhague. Desde entonces, han tenido cuatro hijos: el príncipe heredero Christian, la princesa Isabel y los gemelos, el príncipe Vicente y la princesa Josefina. Se convirtieron en rey y reina de Dinamarca en enero de 2024, tras la abdicación de la reina Margarita.
El príncipe Alberto y la princesa Charlene de Mónaco
El príncipe Alberto conoció a la nadadora sudafricana Charlene Wittstock en la competición de natación Mare Nostrum en Montecarlo, Mónaco, en el 2000. El hijo de Rainiero había competido en bobsleigh en cinco Juegos Olímpicos de Invierno consecutivos, y ambos se llevaron muy bien. Además, hace poco volvieron al lugar que vio nacer su relación.
"Fue increíblemente halagador", dijo Charlene a Vogue . "Después de verme nadar, Alberto le pidió permiso a mi representante para llevarme por ahí. Pasamos toda la noche riendo y charlando". Debido a que Charlene todavía estaba compitiendo, pasaron otros cinco años antes de que se reencontraran y comenzaran una relación seria.
"Nuestra primera aparición pública fue en los Juegos Olímpicos de Turín de 2006. Alberto me tranquilizó", recordó Charlene. "Era evidente que compartíamos las mismas pasiones; ambos nos emocionábamos mucho viendo a los atletas. El deporte es el denominador común de nuestras vidas". La pareja se casó en 2011 y dio la bienvenida a los gemelos, el príncipe Jacques y la princesa Gabriella, en 2014.
La princesa Ana y el capitán Mark Phillips
En 1971, el año en que cumplió 21 años, la princesa Ana, la única hija de la reina, era una belleza aristocrática bendecida con el famoso sentido del humor seco de los Windsor y el gen de "seguir adelante" de su padre, Felipe de Edimburgo. Mark, además de graduarse en la academia militar de Sandhurst, era jinete de élite.
Ese mismo año, su espíritu competitivo le permitió ganar el Campeonato Europeo de Concurso Completo y el premio a la Personalidad Deportiva del Año de la BBC. El propio capitán Phillips formó parte del equipo británico que se alzó con el oro en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.
Aunque la pareja se conoció en el circuito ecuestre en la década de 1960, se dice que su romance floreció en los Juegos de 1972. Durante su entrevista de compromiso en 1973, le preguntaron a Mark si había estado nervioso por proponerle matrimonio a una princesa.
"El hecho de que la chica en cuestión sea una princesa no supone ninguna diferencia. Si te casas con alguien, es algo muy personal y ambos lo sienten con total naturalidad", dijo. Lamentablemente, el matrimonio no duró, pero su hija, Zara Tindall, también es jinete. Ganó una medalla de plata con el equipo británico de concurso completo en los Juegos Olímpicos de 2012, y su madre le entregó la medalla.
El rey Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia de Suecia
En la fiesta inaugural de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, el heredero de uno de los tronos más antiguos de Europ, Carlos Gustavo de Suecia vio a través de sus prismáticos a una mujer de la que se quedó prendado. Se llamaba Silvia Sommerlath y trabajaba en la organizació de la Olimpiada.
Este encuentro casual acabó, como sabemos, en matrimonio, del que Carlos Gustavo contaría posteriormente a los periodistas: "Cuando la vi por primera vez, sentí que era una conexión y ha seguido siéndolo desde entonces".
Pese a las presiones por que se casara con una noble sueca, Carlos Gustavo se mantuvo firme y colocó el anillo de su difunta madre en la mano de Silvia, presentándola a la prensa como la futura reina. Al preguntarle los periodistas por qué ella le había llamado la atención, el monarca pareció sonrojarse y respondió: "Bueno, es Silvia. Puedes comprobarlo tú mismo".












