Rafa Guerrero, psicólogo, sobre la historia de supervivencia de los Andes para los niños: "La vida tiene una cara alegre y otra trágica: todo se puede hablar con ellos"


Eduardo Strauch, uno de los supervivientes, y Rafa Guerrero, psicólogo, han publicado un cuento sobre esta historia donde los más pequeños tienen la oportunidad, por primera vez, de conocer lo que sucedió con una obra literaria adaptada a ellos.


Rafa Guerrero, psicólogo© Rafa Guerrero
28 de septiembre de 2026 a las 15:27 CEST

Sobre el accidente aéreo de los Andes se ha escrito, comentado y filmado mucho. Es un acontecimiento tan excepcional que más de medio siglo después de que sucediera sigue suscitando pleno interés. Pero esta tragedia que a la vez es una historia de superación, un drama, un milagro... no había sido contada hasta ahora para niños. Lo han remediado Eduardo Strauch, uno de los supervivientes, y Rafa Guerrero, psicoterapeuta experto en trauma, apego, inteligencia emocional y adicciones tecnológicas.

Juntos han escrito Aventura en los Andes (Ed. Sentir), un cuento ilustrado por Paula Marco, dirigido a niños entre siete y 12 años, donde los acontecimientos son presentados de un modo realista, pero muy respetuoso, para adaptarse a cada edad. El volumen incluye juegos, preguntas al margen para profundizar en la historia, dependiendo de la necesidad de los lectores, y una guía didáctica para adultos que acompañen la lectura. Hemos hablado con Rafa Guerrero del cuento y de lo que significa la historia de los Andes en el mundo actual.

Es un mensaje y una enseñanza, ahora cuando se dice que la cultura del esfuerzo se está perdiendo, de que, pese a que te sientas mal, puedes y debes avanzar en tu objetivo y que no siempre va a haber buenas noticias

Rafa Guerrero, psicólogo

El ser humano es más resiliente y adaptativo de lo que pensamos. ¿De qué depende en la infancia que unos menores desarrollen más estas capacidades que otras?

No es una cuestión genética ni que dependa solamente de una sola variable. Va a depender mucho de la infancia que hemos tenido, del acontecimiento que estamos viviendo, del grupo de personas con las que estamos. En este caso, la mayoría se conocían porque pertenecían a un equipo de rugby...

Depende de muchas cosas, no solamente lo que se ha demostrado en ciencia, también lo que vemos en consulta y lo que cuentan ellos, los supervivientes, es que nos sorprendemos de la gran capacidad que tenemos de adaptación y que no es hasta que vivimos este tipo de situaciones que decimos cómo he sido capaz de plantarle cara, cómo he sido capaz de motivarme, de venirme arriba, de hacer equipo ante una situación tan extrema.

Una de las conclusiones que sacamos de esta historia es que somos mucho más capaces de enfrentarnos a situaciones adversas de lo que realmente nos imaginamos.

Libro Aventura en los Andes© Ed. Sentir

 Teniendo en cuenta que muchas veces hay sobreprotección, ¿podría 'apagarse' esa capacidad resolutiva del niño? 

Estamos hablando de un acontecimiento que tiene más de medio siglo de historia y nos podemos plantear cómo responderían hoy unos jóvenes de 18, 20, 22 años ante una situación tan extrema como esta y tan sobresaliente.

Es cierto que los niveles de superprotección están ahí, los vemos en el día a día, los vemos en nuestros hijos, los vemos en otros chicos que están creciendo, y nos preocupan, pero al final no se trata de juzgar a los papás ni a las familias; es un hecho que podemos describir sin lugar a dudas, pero al final vivimos en una sociedad donde hay mucha alarma, donde hay mucha sobreinformación, donde todos tenemos mucho miedo, muchas preocupaciones y son variables que desde luego nos afectan.

Ante una situación como el accidente aéreo de los Andes, tu cerebro se pone en modo supervivencia, pero también es cierto que necesitamos saber hacer equipo, necesitamos saber funcionar en grupo, necesitamos estrategias, es decir que al final es algo también muy complejo. Pero estoy de acuerdo en que los niveles de sobreprotección que tenemos nos hacen plantearnos cómo sería este escenario en 2026.  

Manos juntas adolescentes en señal de ayuda© Getty Images

Cuando ocurre el accidente, el cuento muestra cómo algunos supervivientes comienzan enseguida a organizarse derritiendo nieve, cosiendo trozos de tela… La mirada global es más efectiva que la individual. ¿Tienen los niños hoy esta percepción o está más debilitada porque vivimos en una sociedad más individualista?

Eso seguro, cada vez tendemos más a la individualidad, cada vez tendemos a estar centrados en nosotros mismos, cada vez hay menos empatía y menos conexión con los demás y también con uno mismo. Creo que hay muchas variables que están afectando a que estemos cada vez más distraídos de nosotros mismos y de la gente que queremos, como puede ser el estrés, como pueden ser los altísimos niveles de sobreprotección que hablábamos antes. Las redes sociales se crean hace algunas décadas con la intención de conectarnos más, pero yo tengo ese interrogante, no sé hasta qué punto estamos más conectados con los demás o no sé hasta qué punto estamos más informados realmente de lo que está pasando, con la cantidad de fake news que hay, con la cantidad de aspectos que vemos que no son ciertos, con la inteligencia artificial...

Es algo que a mí, como profesional de la salud mental, me preocupa. Me preocupa ver a niños muy sumergidos en sus tabletas, en los móviles de mamá y papá, en los videojuegos... y poco conectados con el mundo de alrededor. Es cierto que un niño pequeño evolutivamente hablando está en una fase egocéntrica, no podemos pretender que con tres o cuatro años sea empático contigo y súper sensible, porque evolutivamente hablando aún no está preparado para eso, está preparado para conectar consigo mismo, para hablar de sí mismo y luego para seguir hablando de sí mismo.

Pero creo que cada vez tenemos una sociedad más individualista, más hedonista, más centrada en el objetivo, en el resultado, en la apariencia, –aquí influyen mucho las redes sociales–, y creo que cada vez estamos perdiendo más la esencia del ser humano: la esencia de la conexión, de empatizar, de mirarnos a los ojos, de tocarnos, de abrazarnos... Y eso no es gratis; tiene sus consecuencias porque estamos hechos para conectar.

Adolescente triste mirando el móvil© Getty Images

Esa tribu tan necesaria para sobrevivir empieza en la familia, donde los niños no solo tienen que ser mirados sino vistos, de forma que los padres conecten con sus necesidades y las cubran. De hecho, Eduardo Strauch dijo que lo que los salvó en la cordillera fue el amor. ¿Qué pasa cuando ese amor incondicional no está?

Cuando un niño pequeño de dos, de tres, de cuatro años o a lo largo de su infancia no se siente visto, no se siente querido, no se siente importante para sus padres hay una factura a pagar y esa factura es que no va a tener una sana autoestima. ¿Con qué fuerza, con qué energía y con qué convencimiento voy a enfrentarme a un examen si mis padres no confían en mí, si mis padres me dicen que soy un torpe, si no me protegen? Así es muy difícil que uno tenga una sana autoestima, un mínimo de salud mental, un mínimo de confianza en sí mismo, la capacidad para conectar con los demás, para ser sensible, para poner límites...

La historia no romantiza lo sufrido. Habla de TERROR, DE HORROR, DE RABIA, DE IMPOTENCIA y destaca estas palabras en mayúsculas. Ahora que se dice que la cultura del esfuerzo se está perdiendo, es una enseñanza saber que, pese a que te sientas mal, puedes avanzar en tus objetivos...

La historia de los Andes también habla de emociones como la rabia y la tristeza. Por ejemplo, la rabia en el momento en que se enteran de que son abandonados: esa rabia les lleva a enfadarse con el mundo, con la sociedad y a decir 'pues ahora vamos a salir nosotros por nuestro propio pie, no necesitamos de nadie'.  Y luego esa tristeza que también reflejamos en las últimas ilustraciones cuando son rescatados y salen del fuselaje y aparece un sentimiento de tristeza ante una situación que fue, como han descrito algunos de ellos, verdaderamente un infierno, es decir, estás huyendo, estás saliendo del infierno y aun así sientes cierta pena y cierta tristeza por dejar un lugar que fue muy inhóspito y muy difícil, donde perdiste a muchos amigos, donde perdiste a familiares...

Es un mensaje y una enseñanza ahora cuando se dice que la cultura del esfuerzo se está perdiendo, de que, pese a que te sientas mal, puedes y debes avanzar en tu objetivo y que no siempre va a haber buenas noticias. De los 45 que se subieron al avión solo 16 sobrevivieron. Esta historia es un resumen, por supuesto, excepcional de lo que es la vida con su cara alegre y con su cara trágica y por eso se habla del milagro de los Andes. Pero también es un trauma, es un acontecimiento trágico no solamente para los fallecidos sino para los familiares y amigos de los fallecidos. Pero al final nos aporta esa esperanza, la importancia de la lucha, la importancia de hacer equipo, pues como vemos también en el deporte al final ganamos todos o perdemos todos. Esta historia refleja muy bien esa empatía y ese altruismo: no solamente estar centrado en tu supervivencia, sino también en cuidar de los tuyos que también se están jugando su vida.

Chica adolescente entrenando en un campo de deportes© Getty Images

En el libro se apunta que “todos tenemos una cordillera que se puede superar". Pero a veces, aun con propósito y rodeándose de personas adecuadas, querer no es siempre poder… ¿Cómo conjugar ambos aspectos?

Querer no es poder, no es una condición suficiente, pero sí que es necesaria esa lucha, ese sacrificio. 'Todos tenemos una cordillera' es una metáfora que utilizan muchos de ellos. He tenido la suerte de dar varias conferencias con Eduardo Strauch y te das cuenta de que el perfil de gente que viene a verles es gente que lo está pasando mal, puede ser un fanático de la historia como es mi caso, pero siempre hay algo de la historia que conecta con tu propia historia, con tu 'cordillera': nos enganchamos a su cordillera para tratar de salvar nuestra cordillera.

Nosotros no estamos en los Andes a 4.000 metros a 30 grados bajo cero, sin nada que echarnos a la boca. No estamos en ese espacio, pero tenemos otras situaciones, otro tipo de 'cordillera', y el mensaje que lanzan ellos y su sola presencia ya es muy sanadora para las personas que vienen buscando una respuesta, una motivación, una inspiración, una mirada, un abrazo ante cordilleras completamente diferentes.  

Cada vez estamos perdiendo más la esencia del ser humano: la esencia de la conexión, de empatizar, de mirarnos a los ojos, de tocarnos, de abrazarnos

Rafa Guerrero, psicólogo

En el libro cuando son rescatados los sentimientos de alegría y nostalgia aparecen a la vez. ¿Por qué es importante que los niños sepan que las emociones suelen tener varias caras al mismo tiempo?

A medida que vamos creciendo nos vamos dando cuenta de que uno puede experimentar distintas emociones ante un mismo acontecimiento. Yo siempre pongo el ejemplo del joven que ha decidido independizarse y se marcha de casa de sus padres, que por un lado sienten alegría porque es un hito y le ven muy feliz a su hijo y por otro lado sienten miedo, vacío, tristeza... Se mezclan muchas emociones.

En esto las redes sociales nos han hecho un flaco favor: 'tengo que estar triste', 'tengo que estar contento', 'venga, que la vida son dos días, que no tienes derecho a estar triste', 'no tienes derecho a estar llorando, levántate, vámonos por ahí, vamos a pasarlo bien, vámonos de fiesta y vamos a brindar por la vida porque la vida merece ser vivida'. Y con esto no estoy diciendo que la vida no merezca ser vivida, pero sí que hay momentos donde uno dice, 'es que no puedo más y me siento triste y no me apetece salir y no me apetece estar con nadie' y está bien. Está bien está bien estar triste, está bien sentir vergüenza...

Adolescentes abrazados en el campo© Getty Images/Maskot

Al final del libro se habla de encontrar un sentido a lo que nos sucede. ¿En qué momento de su desarrollo los menores están capacitados para encontrar un sentido a lo que les pasa? 

Para ser humanos es fundamental encontrarle un sentido a todo, a lo que me ha pasado, a la enfermedad que me han diagnosticado, a la oposición que acabo de aprobar y nos preguntamos ¿por qué?, ¿por qué yo he sacado esta oposición?, ¿por qué me han diagnosticado el cáncer?, ¿por qué me ha pasado esto a mí?, ¿por qué tener la suerte de conocerte a ti? ¿o por qué he tenido la desgracia de conocerte a ti? Nos preguntamos el porqué de las cosas.

Evolutivamente hablando, y esto es una generalidad, en torno a los 9, 10, 11 años, aproximadamente en los últimos cursos de Primaria, aparece una fase existencial en nuestros niños donde se preguntan qué hacen aquí, el sentido de la vida, la muerte, a dónde vamos cuando morimos... En algunos casos aparece a los 12, 13 y en otros casos aparece a los 9; también depende de muchas otras variables como si has vivido una muerte, depende también de tu capacidad intelectual, de tus inquietudes, tu curiosidad... Necesitamos encontrar un sentido y cuando es así empiezas a integrar lo que te pasa.

mensaje de ayuda SOS en la nieve© Getty Images

¿Cuál ha sido tu objetivo al escribir este libro? ¿Qué mensaje fundamental querías transmitir sobre esta historia también a los más pequeños? 

Un día le pregunté a Eduardo Strauch si alguno había escrito un cuento para niños sobre la historia y me confirmó que no. Pensé, ¿pero y por qué? ¿Por qué no confiamos en ellos? ¿Por qué no les damos la oportunidad de poder conocer, poder vivir y poder sentir esta historia en toda la gama de emociones que tiene? Desde la más superagradable y superpositiva y de placer y del rescate, a lo más trágico, ¿por qué no? Entonces, inmediatamente le dije, 'Eduardo, ¿escribimos un cuento?' Y dijo: 'Sí, sí, claro, por supuesto'. Ese es el objetivo, que los niños tengan la oportunidad de conocerla.

Yo creo que todo puede ser explicado a los niños, siempre y cuando tengamos en cuenta su edad, su sensibilidad, su personalidad, sus circunstancias... pero absolutamente todo se puede hablar con los niños. Otra cosa es que hayamos convertido determinados temas en incómodos y en tabú.

Ese era el objetivo, poder ofrecer un recurso para que los niños puedan conocer y para que sus padres les puedan contar. Y ya luego, en la mano de cada familia o de cada profe, está enseñarles esa historia con todo lo que implica o no. Llevamos 54 años sin contarle la historia a los niños. Es una herramienta para que se pueda hablar de todo esto, que genera debate, que genera conversación y eso siempre es una noticia positiva. Siempre.