HACE 115 AÑOS

La boda de los últimos emperadores de Austria: alianzas con mensajes secretos, un vestido bordado en plata y un enlace emitido en el cine


Celebraron el 'sí, quiero' más mediático hasta la fecha, rodeados de miembros de la realeza europea y regalos tan insólitos como una escultura de la novia que transportaron en dirigible o una repoducción de Leonardo da Vinci


La boda del Archiduque Carlos de Austria y la Princesa Zita de Borbón-Parma© Getty Images
Cristina GonzálezRedactora de FASHION
21 de octubre de 2026 a las 7:31 CEST

"Esta gloriosa boda de cuento de hadas es el final feliz de una romántica historia de amor". Así describía el periódico húngaro Budapest el enlace que acababan de protagonizar Carlos de Habsburgo, de 24 años, y Zita de Borbón-Parma, de tan solo 19. Una celebración que los historiadores definirían como la última gran boda de Europa y que tenía algo especialmente bonito: en una época en la que los matrimonios entre miembros de la realeza respondían con frecuencia a intereses dinásticos, los protagonistas habían elegido casarse por amor.

Su historia había comenzado mucho antes, cuando ambos eran niños y coincidían en el castillo de Schwarzau, propiedad de la familia de Zita. Sin embargo, fue durante un encuentro en el balneario de Franzensbad, en 1909, cuando surgió el romance que los llevaría al altar dos años después. Todavía no sabían que acabarían convirtiéndose en los últimos emperadores de Austria, ni que su matrimonio sería incluso elogiado por la Iglesia católica, quien puso en valor su ejemplar vida matrimonial, marcada por la fe, el compromiso y el apoyo mutuo. En 2004, el papa Juan Pablo II beatificó a Carlos y eligió el 21 de octubre, aniversario de su boda, como fecha de su festividad litúrgica. 

La boda del Archiduque Carlos de Austria y la Princesa Zita de Borbón-Parma© Getty Images
El archiduque Carlos de Austria y la Princesa Zita de Borbón-Parma

Pero volvamos a aquel 21 de occtubre de 1911, cuando el castillo de Schwarzau se engalanó para recibir a representantes de algunas de las familias más importantes de Europa. Una boda que reunió vestidos espectaculares, joyas históricas, regalos increíblemente valiosos y hasta cámaras de vídeo —un número sin precedentes en la historia— que permitieron que las imágenes de aquel día llegaran a las salas de cine.

Un vestido con hilos de plata y encaje de su abuela

Mucho antes de que los vestidos de novia de las princesas se convirtieran en fenómenos mediáticos y marcasen las tendencias nupciales para siempre —diseños como el de Grace Kelly sigue inspirando a las prometidas—, Zita ya había despertado una enorme expectación con el suyo. Tanto es así que tanto su ajuar como su vestido, confeccionados en un salón de moda de la elegante Kärntner Straße de Viena, la calle comercial más famosa de la capital austriaca, se expusieron antes de la ceremonia para que el público pudiera admirarlos y los periodistas describirlos en las crónicas posteriores.

La boda del Archiduque Carlos de Austria y la Princesa Zita de Borbón-Parma© Getty Images

La novia eligió un diseño de satén blanco, de apariencia majestuosa, con una cola de tres metros decorada con flores de lis de los Borbón, guiño a sus raíces familiares, y flores de azahar bordadas con auténticos hilos de plata, entre guirnaldas de mirto. Sus cuatro hermanas fueron las encargadas de sostenerla mientras caminaba hacia el altar.

Uno de los detalles más sentimentales se ubicaba en la cintura del diseño, confeccionada con un encaje que había pertenecido a su abuela, la reina de Portugal, y que esta había lucido también el día de su boda con el rey Miguel I. El diseño, de cuello elevado y cintura marcada, recuerda en algunos aspectos a la elegancia del vestido que Wallis Simpson llevaría casi tres décadas después durante su boda con Eduardo VIII.

La boda del Archiduque Carlos de Austria y la Princesa Zita de Borbón-Parma© Getty Images

Zita completó su estilismo con un voluminoso recogido, una corona de mirto, un larguísimo velo de encaje de Bruselas y una espectacular tiara de diamantes que le había regalado el emperador Francisco José, tío abuelo del novio y marido de la inolvidable Sissi. Una joya que, cuatro décadas después, volvería a brillar en otra boda familiar: la de su hijo Otto de Habsburgo con Regina de Sajonia-Meiningen, a quien la propia Zita se la entregó como regalo nupcial en 1951. Carlos de Habsburgo, por su parte, vistió el uniforme de gala de los Dragones de Lorena, un regimiento de caballería del ejército austrohúngaro, adornado con el Toisón de Oro y otras condecoraciones.

Alianzas con mensaje, regalos extraordinarios y una boda de cine

La ceremonia se celebró en la pequeña capilla del castillo, donde se habían colocado setenta sillas doradas y un asiento de honor para el emperador Francisco José, que llegó en un tren especial. El enlace estuvo lleno de símbolos, pero quizá ninguno tan personal como las alianzas: junto a sus nombres, los novios hicieron grabar una frase en latín de una de las oraciones favoritas de Carlos, que puede traducirse como Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios.

Francisco José I, emperador de Austria, sentado junto a los novios© Getty
Francisco José I, emperador de Austria, sentado junto a los novios

Los festejos habían comenzado la víspera con la actuación de un coro de 800 escolares, música militar, una procesión de antorchas y fuegos artificiales. Tampoco faltaron regalos excepcionales. Carlos sorprendió a Zita con un collar de 22 vueltas de perlas; su tío, el archiduque Francisco Fernando —entonces heredero al trono del Imperio austrohúngaro y cuyo asesinato tres años después desencadenaría la Primera Guerra Mundial—, le regaló un anillo de diamantes y rubíes; y el papa Pío X les envió una reproducción de una obra de Leonardo da Vinci. Entre los presentes más insólitos destacó una escultura de bronce de la novia que fue transportada en dirigible. 

Tras el banquete, en el que se sirvieron especialidades como cordero asado, langostinos y helado de piña y fresa, los recién casados partieron hacia el castillo de Wartholz para disfrutar de su luna de miel.

Carlos I el día de su coronación como emperador de Austria, en 1916, junto a su esposa Zita© Getty Images
Carlos I el día de su coronación como emperador de Austria, en 1916, junto a su esposa Zita

La productora francesa Gaumont filmó la celebración y sus imágenes se proyectaron en distintos cines, entre ellos los de España, convirtiendo aquel enlace en uno de los grandes acontecimientos cinematográficos de la realeza de principios del siglo XX. Años después, el destino daría un giro inesperado a su historia: en 1916, tras la muerte del emperador Francisco José, Carlos y Zita se convirtieron en los nuevos emperadores de Austria, aunque su reinado apenas duró dos años.

El final de la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio austrohúngaro los obligaron a abandonar su país y emprender una nueva vida en el exilio. En 1922, Carlos falleció de neumonía en la isla portuguesa de Madeira, con solo 34 años, dejando a Zita viuda a los 29 y embarazada de su octavo hijo. La que fuera última emperatriz de Austria nunca volvió a casarse y sobrevivió a su marido casi 67 años, manteniendo vivo hasta el final el recuerdo de aquel amor que había comenzado en su infancia.