No podemos asegurar a ciencia cierta si fue un azar del destino o si había una intención detrás —tal vez un homenaje a su madre— en el momento de elegir la fecha. Pero lo cierto es que Carolina de Mónaco y su hija Carlota Casiraghi celebraron sus respectivas bodas un mismo día del año, separadas por 41 años exactos, en dos momentos muy distintos de sus vidas y del propio Principado. Dos enlaces, el de Carolina con Philippe Junot y el de Carlota con Dimitri Rassam, que reflejan no solo la evolución de una saga marcada por el magnetismo de Grace Kelly, también la forma en la que ciertas fechas parecen repetirse como si la historia se reconociera a sí misma.
La primera boda de Carolina de Mónaco
El 29 de junio de 1978, Carolina de Mónaco, entonces con 21 años recién cumplidos, desafió la voluntad de su padre y se casó con Philippe Junot, un empresario francés 17 años mayor que ella, célebre en la Riviera por su carácter mujeriego. Sin linaje noble, igual que la princesa Grace antes de llegar al Principado, Junot era conocido como el rey de la noche en la Costa Azul.
Aquel día de celebración, el príncipe Rainiero III expresó sus verdaderos sentimientos a la princesa Tessa de Baviera con una frase tan sincera como amarga: “No me felicites, mejor dame el pésame”.
Aunque muchos sospechaban que la historia no duraría demasiado, la familia Grimaldi llevó a cabo el enlace con toda la pompa de una unión destinada a ser para siempre. La ceremonia religiosa se celebró en el patio del palacio de Mónaco y, posteriormente, los recién casados salieron a saludar a los más de 5.000 curiosos que se congregaron en las calles aledañas.
Un vestido bohemio para la Princesa
Ese paseo permitió ver al completo el delicado vestido de novia, sin cola, diseñado a medida por Marc Bohan para la casa Dior. Una creación de color blanco impoluto y silueta princesa, con escote recto y una capa semitransparente de cuello redondo y mangas mariposa, que se adornaba con bordados florales.
Carolina recogió su melena en un moño bajo cubierto por un velo corto de tul, sujeto con un tocado de flores de tela y pequeños cristales, detalle que algunos compararon con el mítico peinado de la princesa Leia de La guerra de las galaxias, ya que la primera película de la saga había salido solo un año antes y había causado un furor sin precedentes.
Como complementos, eligió solo una cruz. Su ramo silvestre estaba compuesto de nardos.
El amor, tal y como se había previsto, se desgastó rápidamente y, solo dos años más tarde, el primer matrimonio de Carolina acabó en divorcio. Aun así, dicen que no hay mal que por bien no venga, y de sus siguientes nupcias, con el italiano Stefano Casiraghi, nacerían Carlota, Pierre y Andrea, los tres hijos mayores de la Princesa.
Ha nacido una superstición
¿Te casarías el mismo día que tu madre? ¿Y con un vestido de novia que hiciera homenaje al suyo? Más de cuarenta años después, Carlota Casiraghi decidió darse el 'sí, quiero' un 29 de junio. Por si fuera poco, eligió, al igual que Carolina, un vestido nupcial de estilo bohemio.
Podría ser el inicio de una bonita tradición familiar, pero estas casualidades son en realidad elementos protagonistas de una condena que marcó a las mujeres Grimaldi. Está claro que Carlota no debe ser muy supersticiosa, porque no solo eligió para casarse el mismo día en que se celebró aquella primera boda de su madre, la que resultó en un matrimonio infeliz y su consiguiente divorcio. También decidió rendir homenaje al look de novia que la Princesa había usado, reinterpretando la visión bohemia y setentera de Marc Bohan con la ayuda de Giambattista Valli, gran amigo de la familia.
Una boda bohemia que sigue inspirando
El 29 de junio de 2019, Carlota pasaba por el altar junto a Dimitri Rassam en la abadía de Sainte-Marie de Pierredon, situada en Saint-Rémy-de-Provence. Un mes antes, la pareja se casaba por lo civil en una ceremonia totalmente privada, para la cual la novia lució dos vestidos poco convencionales que contrastaron con el tercer look nupcial, el de la boda por la Iglesia. Es este último el que nos ocupa.
Como es habitual en todo lo relacionado con la nieta de Grace Kelly, hubo mucho secretismo en torno a la boda. De hecho, no supimos la fecha hasta que el Palacio de Mónaco hizo públicas dos fotografías oficiales en las que se desvelaba el día de la ceremonia y, cómo no, el romántico vestido de la novia. Destaca su falso escote bardot, sobre el que se posaba una capa de fino tul transparente con bordados de motivos vegetales.
El vestido presentaba un volante sobre el pecho, así como varios volantes en cascada a lo largo de la vaporosa falda, mangas semitransparentes, la cintura entallada y todo el cuerpo bordado de diminutas flores.
El mismo mono bajo con velo corto
Carlota recogió su melena en un moño bajo con raya al medio, al igual que hizo su madre 41 años atrás, coronando el peinado con un pequeño tocado de pedrería del que partía un velo corto. Este tipo de decoraciones es poco habitual en los looks nupciales de las damas de la realeza, pero encaja a la perfección con el estilo rompedor de la novia. Además, es bien sabido que las monegascas generalmente no usan tiaras en sus bodas. Ni siquiera lo hizo Grace Kelly.













