Fue un 15 de junio de 1905 cuando Gustavo VI Adolfo de Suecia se unió en matrimonio a Margarita de Connaught. La ceremonia tuvo lugar en la capilla de San Jorge del Castillo de Windsor y el cortejo de damas de honor no era, en ningún caso, desconocido: su hermana, Patricia de Connaught y sus primas, Victoria Eugenia de Battenberg, Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha y María de Gales. De su enlace surgió una estirpe que ha dado príncipes y monarcas de Grecia, Suecia y Dinamarca y también un look memorable que fascinó en la época y que aún hoy sigue causando sensación. En concreto, fue su velo de encaje irlandés el que supuso un hito de moda entonces y ha llegado hasta nuestros días.
Con motivo de la celebración de aquel gran día, la nieta de la reina Victoria y sobrina de Eduardo VII de Reino Unido, que se casaba con el hijo de los entonces príncipes herederos de Suecia, futuros reyes Gustavo V y Victoria, recibió como regalo tres emblemáticas tiaras reales: la de rubíes del rey Eduardo VII, la de diamantes de Connaught de Cartier y la del Jedive de Egipto.
No fueron estas piezas, sin embargo, las que formaron parte de su look. La joven llevó un vestido de satén blanco, confeccionado en Francia, con grandes mangas y un corsé, que incorporaba motivos de mirto y azahar y encaje irlandés. Completaba su estilismo el que años más tarde se convirtió en su complemento más famoso: el velo de encaje irlandés que han llevado otras muchas royals europeas tras ella, bordado para la ocasión. La pieza se la quedó su hija Ingrid de Suecia, más tarde Ingrid de Dinamarca y posteriormente la lucieron otras muchas mujeres de la realeza en sus bodas. Hoy recordamos a algunas de ellas que son la mejor inspiración para novias amantes del romanticismo.
Antes de adentrarnos en todas esas novias de la realeza que escogieron el famoso velo de Margarita de Connaught, conviene recordar la historia alrededor de esta pieza. Se trata de un complemento, realizado con delicado encaje de Carrickmacross, con lirios, ulmaria y tréboles, que le regalaron las damas de Irlanda, mujeres de la aristocracia que se unieron para encargar este exclusivo obsequio para la futura monarca. Cuando la princesa falleció, en 1920, a causa de una septicemia, justo cuando estaba embarazada de ocho meses de su sexto hijo, la que estaba destinada a ser la reina de Suecia dejó a su pueblo conmocionado. El velo cubrió su ataúd y, tras su muerte, fue un regalo en herencia para su hija.
Ellas también llevaron el velo de encaje irlandés
1/6
Ingrid de Dinamarca
Cuándo: 24 de mayo de 1935.
Dónde: Catedral de San Nicolás de Estocolmo, Suecia.
Con quién: príncipe heredero que sería Federico IX de Dinamarca.
El look: Sencillo y atemporal, en el estilismo nupcial de la reina danesa todo se planteó para que los accesorios fueran protagonistas. El vestido de quien era princesa sueca fue una pieza realizada en satén de seda, muy fluida y que incorporaba drapeados, por la que no ha pasado el tiempo. Una cola de seis metros se unía al citado velo, que perteneció a su madre, que ella llevó al estilo casquete de los años 20 junto a un ramo de mirto del que también se inició otra tradición.
El look: En su gran día, la princesa recurrió a Holger Blom, quien era el diseñador de cabecera de su madre Ingrid, para su vestido de novia. El traje contaba con seis metros de larga cola, mangas tres cuartos y cuello barco y estaba confeccionado en satén duquesa. El velo de encaje irlandés que ya era tradición en la familia lo llevó junto a la tiara regalada por el virrey Abbas II de Egipto.
Dónde: Iglesia de Holmen en Copenhague, Dinamarca.
Con quién: Enrique de Laborde de Monpezat.
El look: Con seda y encaje en el pecho, el vestido de novia de la madre del actual rey danés era una creación de Jørgen Bender. Sus mangas largas y su inspiración historicista no dejaron a nadie indiferente. Para acompañar el resultado, no solo recurrió al famoso velo familiar, también al broche de diamantes con forma de margarita (en honor a su madre)y a la tiara del Jedive de Egipto.
El look: Uffe Frank fue el modisto danés encargado del vestido de novia de la entonces princesa de origen australiano. Confeccionado en satén color marfil contaba con mangas globo y pliegues interiores que revelaban encaje antiguo.
Dónde: Catedral Ortodoxa de Santa Sofía en Londres, Reino Unido.
Con quién: Carlos Morales Quintana.
El look: Junto a la espectacular y popular tiara del Jedive de Egipto, llevó el velo al que nos referimos y un vestido de inspiración clásica creado a medida por Inge Sprawson, modista preferida de su madre, con escote barco en tejido de satén texturizado y bordados discretos.
El look: Escogió a una diseñadora emblemática en su país, Celia Kritharioti, quien ideó para ella un vestido de escote palabra de honor con una estola tipo Bardot. Pedrería y cristales fueron las claves del diseño que hacía contraste con el histórico velo.