Quien tiene una hermana sabe que, pese a lo distintas que puedan ser, hay una conexión especial entre ellas; una especie de lenguaje compartido que se forja poco a poco, con el tiempo, con las confidencias y sí, también con lo de quitarle ropa a la otra. Eugenia nunca había soñado con casarse ni con vestirse de novia y tampoco conocía a Jan Taminiau hasta que, por casualidad, se cruzó con uno de sus diseños nupciales en Instagram. "Fue amor a primera vista y pensé: 'si algún día me caso, será vestida de Jan'". Por eso, cuando se comprometió, solo lo visitó a él.
Su boda y la de su hermana Carlota se organizaron prácticamente al mismo tiempo. Se casaban con tres meses de diferencia, sus maridos pertenecían al mismo grupo de amigos —por lo que buena parte de los invitados iban a ser comunes—, pero las localizaciones de las bodas sí eran diferentes: Toledo y Madrid, por lo que los enlaces tendrían estilos muy distintos.
También lo fueron sus vestidos: el de Eugenia, más regio, con cuello ligeramente elevado, con la cintura bien marcada y confeccionado en un tejido con más cuerpo; el de Carlota, más romántico, con escote barco, encaje en el cuerpo y una falda llena de movimiento que nacía prácticamente de la cadera. "No voy a negar que me costó decidirme unos días por ser las bodas tan próximas, pero al final lo único que me hacía dudar era que se lo hacía a Eugenia, y ¿cómo iba a renunciar a hacérmelo por Jan por eso?", nos cuenta la segunda de las hermanas.
Pero quizá lo más anecdótico y divertido fue que Blanca, la tercera, siempre tuvo claro que quería seguir los pasos de sus hermanas y cerrar el bonito círculo que habían iniciado con sus bodas. "Cuando estuve en los procesos de los vestidos de novia de mis hermanas, me encantaron dos cosas: cómo Jan supo desde el primer minuto encapsular la esencia de mis dos hermanas en sus vestidos de novia con una minuciosa atención hasta el más mínimo detalle y su equipo del atelier y su verdadero expertise en la confección del vestido, hecho totalmente a mano; cada bordado, cada tejido, cada detalle es perfecto y único", asegura.
Las similitudes y diferencias entre los tres diseños
Que tres hermanas elijan al mismo diseñador para sus respectivas bodas dice mucho de la conexión que existe entre ellas. "Nuestra relación es muy especial, estamos superunidas; la verdad es que a mí me hace especial ilusión compartir el mismo diseñador y proceso", asegura Blanca. Pero también implica un reto: el que cada vestido respire la personalidad de cada novia y sea diferente, aunque haya rasgos comunes.
"Las tres hemos llevado manga larga, vestidos sin la espalda descubierta ni escote", apunta Eugenia. Además, compartieron accesorios: unos pendientes de su madre, de joyería Suarez —Eugenia llevó el modelo original, mientras que Blanca y Carlota utilizaron una transformación que dejaba prácticamente al aire los brillantes—. "También llevamos un pañuelito para limpiarnos las lágrimas por si nos emocionábamos; fue de nuestra abuela que lo llevamos las tres escondido en la manga del vestido. Y, para el momento de la velación, usamos una mantilla familiar del siglo XIX con la que se casó, entre otras, nuestra madre", apunta Blanca.
Pero en el fondo, aunque haya similitudes entre ellas y sus gustos, sus estilos son muy diferentes. "Carlota y yo quizás nos parecemos más, somos más clásicas (sin ser aburridas, claro, jaja), sencillas y sobrias; en cambio, Blanca es totalmente ecléctica y nunca pasa desapercibida. También en la personalidad somos muy distintas. Ha sido muy divertido ver cómo Jan nos ha ido conociendo a cada una de nosotras en capítulos separados, pero con pinceladas en cada uno de ellos, y cómo se iba adaptando a nosotras. "Realmente no es fácil lidiar con tantas mujeres juntas porque, por supuesto, todas opinábamos", recuerda divertida Eugenia.
El trabajo artesanal de Taminiau: técnicas de alta costura, bordados y tejidos
Para Jan Taminiau, que lleva más de dos décadas diseñando vestidos de alta costura y más de 10 vistiendo de blanco a las novias más especiales, diseñar los trajes de estas tres hermanas fue muy gratificante. El diseñador neerlandés, uno de los favoritos de Máxima de Holanda, nos confiesa que había vestido a varias mujeres de la misma familia para una misma boda, pero nunca había hecho tres vestidos de novia para tres hermanas. "Ha sido algo muy, muy especial que me ha llenado de alegría. Al confeccionar un traje de novia, entras en un diálogo muy personal y emotivo con la novia. Al ser de la misma familia, la camaradería se hace más cercana y profunda. Aprendes que sí, son hermanas, pero cada una tiene sus sueños, gustos, personalidades e ideas, y tú tienes que acompañarlas para que se hagan realidad. Eso hace que los tres vestidos sean diferentes, aun saliendo del mismo taller y diseñador", asegura el creativo.
Pero no solo es el saber leer a cada novia lo que hace que los vestidos hayan sido un éxito, también su saber hacer y su técnica. Si algo caracteriza las creaciones de Jan Taminiau son sus bordados minuciosos, sus tejidos, la artesanía y el cariño que hay detrás de cada puntada. Y su estilo: clásico, pero nunca demasiado; con un aire romántico, pero medido. Y su pasión por los relieves, aplicaciones tridimensionales, cristales, hilos metálicos y motivos inspirados en la naturaleza o la arquitectura; algo que hace únicos y especiales cada uno de sus diseños.
"Había diálogo, química y, muy importante, había confianza", apunta el diseñador. También complicidad y apoyo; siempre fueron unas a las pruebas de las otras; siempre brindaron y celebraron en la última.










