"No puedo hacerlo", asegura Mr. Big cuando Carrie le llama preocupada porque no ha aparecido en la Biblioteca Pública de Nueva York el día de su boda. La protagonista de Sexo en Nueva York exclama un ¡Oh, dios mío! mientras, atónita, deja caer el teléfono móvil, que se desliza por la voluminosa falda de su vestido de novia. Una escena que presenciamos por primera vez hace casi dos décadas —la película, secuela de la icónica serie, se estrenó en Estados Unidos el 30 de mayo de 2008—, y que las seguidoras de la ficción, en el fondo, esperábamos que sucediese.
Todas sabíamos que idealizar a Mr. Big no era buena idea y que su apego evasivo terminaría minando una vez más la estabilidad emocional de nuestra querida protagonista. Pero regresemos a aquel maravilloso estilismo nupcial que lucía Sarah Jessica Parker en la pantalla, porque lo que entonces no sabíamos era el impacto que este diseño de Vivienne Westwood tendría en las prometidas.
Un vestido de novia que iba a ser en color negro
No era la primera opción de Carrie Bradshaw, pues tenía colgado en su vestidor un conjunto de dos piezas que dice haber encontrado en una tienda de ropa vintage —en realidad se trataba de una creación actual de Dior—, listo para el día de su boda. Sin embargo, en la película, la propia Vivienne Westwood decide regalarle este vestido con corsé y silueta exagerada, tras habérselo visto puesto en una sesión de fotos para Vogue.
Lo curioso es que, en la vida real, la creación de la británica tampoco era la primera opción para Patricia Field, la diseñadora de vestuario de Sexo en Nueva York. La experta en moda reveló que en un principio quería vestir a Carrie con el diseño en color negro de Zac Posen que finalmente lleva Charlotte en la película. "Creo que me inspiré en su impredecible relación con Mr. Big y sus altibajos. De alguna manera se convirtió en un vestido de luto", explicó Field a People. Pero se descartó la idea y triunfó la exuberancia: Carrie vistió de blanco.
El vestido de novia de Vivienne Westwood que se agotó en tiempo récord
La elección definitiva fue esta creación que formaba parte de la colección Otoño/Invierno 2007 de Vivienne Westwood Gold Label, bautizada como Wake Up Cave Girl. Se trataba de una pieza sin mangas, compuesta por el característico corsé de escote afilado de la firma, elaborada en seda de marfil dorada.
Contaba con una falda de gran volumen que se asemejaba a una nube esponjosa, confeccionada en dos niveles: el superior, estaba elaborado con varios metros de seda Duchesse en color marfil, y el inferior, en seda tafetán Radzimir, un lujoso tejido algo rígido y ligeramente brillante, que permitió darle ese aspecto casi escultural.
El vestido de novia de Carrie Bradshaw vio la luz en 2008, pero no fue hasta el año siguiente cuando llegó a las tiendas. Para entonces, un buen número de seguidoras de la ficción se había enamorado de él, ansiosas por adquirirlo: salió a la venta en 2009 por un precio de 6.774 euros y se agotó casi inmediatamente.
"En su día, los medios estadounidenses criticaron la trama de la boda fallida, entre otras razones, por la opulencia de este vestido de Vivienne Westwood, pero el tiempo le ha dado la razón a Patricia Field", explica Mariana Torres, redactora de moda en ¡HOLA! "Es precisamente ese look de Alta Costura (tocado incluido) lo que hizo que aquella escena de Carrie, humillada en el que sería su día más especial, pasara a la historia".
Y es que quizá si Carrie hubiese aparecido en un principio con el conjunto minimalista de dos piezas que tenía preparado para aquel día —es aquel que escoge al final de la película, cuando ella y Mr. Big se casan por fin en una ceremonia civil íntima en los juzgados—, no estaríamos hablando de ello 18 años después.
Aquel vestido de Vivienne Westwood, que acompañó con velo en tono champán, un tocado con un pájaro disecado y plumas azules, y sandalias de piel de serpiente—, fue tan icónico que en 2023 volvieron a rescatarlo. Es el que Carrie lleva en la segunda temporada de And Just Like That..., la serie secuela de las películas, para acudir a la MET Gala.
"Casi dos décadas después, este tipo de vestidos con corsé y falda voluminosa, muy royal y de estética vintage, que todas las amantes de la moda asociamos con Vivienne Westwood —y Carrie—, son todo un éxito entre las novias más jóvenes", asegura nuestra experta.














