Parece un detalle casi sin importancia, pero tienen el poder de culminar (o no) el look nupcial. Los pendientes de la novia deben armonizar con el estilo del vestido y el resto de accesorios, funcionar bien con el peinado que se ha elegido y equilibrar, en cierto modo, el rostro de la prometida. Por eso hay que elegirlos a conciencia y no dejar para el último momento la elección de esta joya que prácticamente todas las prometidas llevan en su boda. Aunque las tendencias mandan, por suerte, hay una gran variedad de opciones: desde piezas vintage llenas de historia a diseños minimalistas que poder reutilizar tras el enlace.
María se casó en Madrid con un vestido de Valenzuela lleno de detalles especiales, como el escote, con forma de abanico. Para completar su look, llevó tres joyas: tiara, pendientes y su anillo de compromiso. ¿El nexo común? Todas combinaban diamantes y esmeraldas y habían sido regalos de personas importantes para ella. "La tiara, de mis tíos Riestra Villanueva; los pendientes, de mi familia política; y el anillo que me regaló Lucas cuando me pidió matrimonio en Menorca".
Laura apostó por Inés Martín Alcalde para que creara su vestido de novia: un diseño hecho en tres meses, con una capa de cashmere que incluyeron en la última prueba y un velo que, inicialmente, era la cola. Las joyas que eligió tenían un valor sentimental muy especial. Llevaba el anillo de esmeralda que le regaló Antonio y unos pendientes, también de Suarez, que le dieron sus suegros. Además, incorporó un broche de un familiar que no pudo asistir a la boda. "Me hizo mucha ilusión llevar algo suyo en un día tan importante", recuerda.
Inés concibió su boda como una extensión natural de su forma de entender la belleza, el arte y la vida. Eligió a Ynés Suelves para que diseñara su vestido de novia, un traje con el cuerpo ceñido, tipo corsé, y una falda con mucho movimiento y telas superpuestas que creaban volantes. Lo completó con un velo con bordado floral, motivo por el que incorporó a su look unos pendientes de Ynés con forma de flores grandes. "La boda era en el campo y en primavera, me parecieron muy adecuados", nos contaba.
María apostó por unos pendientes de colgante fino con diamantes y perla, un regalo que le hicieron sus suegros el día de la pedida. Esta joya funcionaba de maravilla con su look en dos partes, que reflejaba perfectamente la personalidad de la novia y fue creado por el diseñador Gorka Cintero.
Carla se casó en Altea con un vestido a medida de Claudia Llagostera. Una pieza sencilla y muy especial que completó con unos pendientes de diamantes y oro blanco; se los regalaron los padres de su marido en la pedida. Las alianzas también se hicieron en el mismo taller, el de Claudio Lacaba Joyeros, donde vivieron "una mañana muy especial" tal como relataba la novia.
Alejandra eligió un vestido de novia de Alejandra Valero para su boda; un diseño salpicado de flores en plata que combinó con unos complementos muy especiales. "Llevé unos pendientes de plata y piedras antiguas que me dejó la madre de mi mejor amiga", una mujer a la que considera casi como una segunda madre. "Nos hacía especial ilusión", compartía emocionada.
Cuando llegó el momento de elegir su vestido, Rosa tuvo claro que se haría un diseño a medida. El nombre del atelier que lo confeccionaría tampoco lo dudó: Navascués. "Para mí lo más importante era que cosiesen bien y entendiesen mi estilo. Al final son una casa de costura de toda la vida y su trabajo es impecable", apunta. Tal vez por eso, cuando llegó el momento de elegir los pendientes, también confió en "lo de siempre". "Eran un modelo de Ansorena, antiguos. Quería llevar unos que no fuesen muy exagerados, para que no quedase recargado con la tiara", nos contaba.