Rosa y Javier se conocieron en un voluntariado de reparto de comida durante la pandemia, aunque, como tenían amigos comunes, sabían ya algo el uno del otro. "Como no podíamos salir de casa, la única forma de vernos era acudiendo a ese voluntariado; no fallamos ni un día", recuerda la novia divertida. Luego todo volvió poco a poco a la normalidad; ellos empezaron a salir y cinco años después celebraron su boda.
Se casaron en Olivenza, Badajoz, el 7 de junio por la tarde. La celebración fue en un cortijo de su familia paterna, el Cahoso, Badajoz. "Me hizo especial ilusión porque he vivido allí algunos de los momentos más felices de mi vida junto con toda mi familia. El cortijo cuenta con una capilla preciosa, pero en la que no puede celebrarse la ceremonia religiosa", nos cuenta la novia. Por eso se dieron el 'sí, quiero' en la iglesia de Santa María Magdalena. "Tiene muchos azulejos de estilo portugués, ya que Olivenza fue hasta hace no mucho parte de Portugal".
Un vestido a medida con corsé
Cuando llegó el momento de elegir su vestido, Rosa tuvo claro que se haría un diseño a medida. El nombre del atelier que lo confeccionaría tampoco lo dudó: Navascués. "Para mí lo más importante era que cosiesen bien y entendiesen mi estilo. Al final son una casa de costura de toda la vida y su trabajo es impecable", apunta.
La novia nos cuenta que siempre quiso verse de "novia novia" y llevar un vestido que, cuando pasara el tiempo, le siguiera gustando. También que el estilo medieval siempre le había llamado la atención. Fue así como dieron forma a un traje compuesto por dos piezas: un corpiño en seda rústica al que añadieron unas jaretas centrales hechas a mano —seña de identidad de la firma—. "En una de las últimas pruebas, a Cristina se le ocurrió añadir una cinta de terciopelo cruzada en la parte de atrás del vestido, a modo de cierre, y quedó ideal".
En cuanto a la falda, estaba compuesta por varias capas de organza y bambula, colocadas a modo de pañuelos. "Nos la fuimos inventando sobre la marcha, añadiendo más pañuelos en las partes laterales del vestido, y el resultado fue realmente mágico. Al ser la bambula una tela tan delicada, le dio muchísimo movimiento al vestido". También tenía una bonita cola de organza.
Rosa nos cuenta que a las pruebas siempre iba con su madre, que también llevó un diseño de Navascués en la boda. "Ha sido muy especial poder compartir estos ratos con ella y que nuestros vestidos tuvieran el toque de la firma".
Cada vez es más habitual que las novias opten por vestidos transformables, que evolucionan a lo largo de la celebración. En su caso, Rosa se quitó el corsé después de la cena y lo reemplazó por un diseño de la colección prêt-à-porter de T.ba. "Quería sentirme cómoda al bailar para poder darlo todo y Sol Prado y todo el equipo de T.ba lo hicieron todo super fácil. Todo lo que tienen es una maravilla y cada prenda transmite elegancia y delicadeza".
Una tiara familiar y un ramo con historia
Para que el look nupcial quede redondo, es importante que los accesorios sean acordes al vestido y lo complementen, sin opacarlo. Sobre su moño de inspiración bailarina, obra del sevillano Bruno Pantoja, Rosa llevó una tiara de brillantes muy especial. "Fue la que llevaron mi madre y mis tías en su boda, así que no me podía haber hecho más ilusión llevarla. Los pendientes eran de Ansorena, antiguos. Quería llevar unos que no fuesen muy exagerados, para que no quedase recargado con la tiara. También llevé la sortija que me regalaron los padres de Javier en nuestra petición de mano".
Del maquillaje se encargó José Belmonte. "Le había visto en varias bodas a través de las redes y me encantaba el resultado tan natural que dejaba a todas las novias; sin duda lo elegiría mil veces".
En cuanto a su ramo, Rosa apostó por una flor que cada vez vemos con más frecuencia entre las prometidas: los nardos. Javi, de Florenea, se encargó de añadirles flores silvestres para que la composición encajara con el ambiente campestre de la celebración. "Como detalle, una amiga muy especial me regaló la medalla de la virgen de Covadonga, que es un lugar muy especial para Javi y para mí, para atar al ramo y, en el último momento, Bruno Pantoja, el peluquero, le añadió un trozo de la capa del Cristo del Gran Poder de Sevilla, para que me acompañase".
Todos los detalles de la organización
Y llegó el gran día. Organizar una boda no siempre es sencillo, y no debemos olvidar que la de Rosa y Javi se celebraba en un cortijo familiar. Por eso contaron con la ayuda de Eva, wedding planner y creadora de Bodas Colorín. "Desde que la conocimos nos transmitió muchísima confianza. Además, algo peculiar de nuestra boda es que a mi padre le hacía especial ilusión organizar el catering. Mi familia tiene una empresa hotelera, Vincci Hoteles; por eso, aunque normalmente no organicen bodas, junto al equipo de Bodas Colorín se unieron en toda la organización del catering e hicieron un trabajo increíble".
La novia nos cuenta que, aunque ambos son de Madrid, tienen mucho cariño a dos sitios en los que han veraneado con frecuencia: Menorca y El Puerto de Santamía. Por eso quisieron que la boda tuviera una temática que girara en torno a estas dos localizaciones. "Cuando le comenté esta idea a mi padre y a mi hermano, se les ocurrió que toda la comida y bebida, tanto del aperitivo como de la cena, estuviesen inspiradas en comida típica de ambas localidades. Al comentárselo a Eva, le dio forma en lo que es la decoración y finalmente contamos con unos puestos divertidísimos 'De Cádiz a Menorca', en los que podías encontrar desde langosta con huevos y patatas o sobrasada, hasta un puesto de atún de Barbate y pescaíto frito".
Los meseros, obra de Sol Erquicia, eran de sitios de Menorca y de la provincia de Cádiz. En cuanto a la decoración de las mesas, contaron con el trabajo Florenea, Sonido al Sur y Cashmere decoración, "quedaron preciosas".
Para cerrar esta historia, le pedimos a Rosa que nos cuente qué fue lo más especial de aquel 7 de junio. "Poder compartir este día con todas las personas que más queremos de nuestra familia y amigos, y acordarnos de aquellas que no pudieron estar presentes, hizo que fuese el día más emocionante de nuestra vida. Desde que me levanté por la mañana estaba rodeada de todos mis primos, tíos y mi familia. Al final, eso hizo que los momentos de los preparativos fuesen muy especiales".
Y añade: "También el momento de ir a la iglesia en coche con mi padre y mi hermano fue muy especial y, por supuesto, el 'sí quiero'".























