Hay quien ve en las casualidades la mano del destino, un plan ya trazado o, simplemente, una bonita coincidencia. Pero lo cierto es que hay historias que parecen planeadas de antemano. Un 12 de octubre, Rocío fue a comer con sus amigas; Jaime, con los suyos. Ambos grupos eligieron el mismo restaurante; algunos de los amigos se conocían y terminaron compartiendo mesa. Conectaron desde el primer momento, empezaron a hablar y, como nos cuenta ella, ya nunca dejaron de hacerlo. Tanto es así que, después de tres años y medio de relación, se casaron.
La pareja se dio el 'sí, quiero' en la iglesia de San Dioniso, en Jerez de la Frontera, un templo ubicado en la Plaza de la Asunción y considerado Bien de Interés Cultural. "Para nosotros lo especial del día siempre fue prometerle a Dios ser uno, y sin duda siempre será el momento en el que oficialmente nos convertimos en la misma persona a sus ojos", asegura Rocío. Por eso la ceremonia —desde la entrada del brazo de su padre al coro, que eligió con mucho acierto un buen amigo de la familia, sin olvidar la primera mirada que intercambió con Jaime aquel día— la recuerda con tanta ilusión.
Como manda la tradición, Rocío eligió un vestido de novia blanco que todos los invitados descubrieron cuando entró en el templo. Una llegada que, por cierto, no está exenta de anécdotas. La novia nos explica que tenía previsto hacerlo en un coche de caballos, pero la misma mañana de la boda, ante el riesgo de lluvia, le dijeron que les iba a resultar imposible recogerlos. "Nos mandaron un coche, y yendo con mi padre a la iglesia, vimos un coche de caballos en el Alcázar. Mi padre bajó del coche y fue directo a pedirle que nos llevara y recogiera de la iglesia, y consiguió convertir mi sueño en realidad".
Su vestido fue obra de Inés Martín Alcalde que, además de ser amiga de la familia, tiene un estilo que encajaba perfectamente con lo que buscaba Rocío. "Tenía clara la idea desde el principio, quería que fuera ceñido de cuerpo y con mangas largas". El resultado fue un diseño a medio camino entre lo romántico y lo medieval que estaba lleno de historias. La novia nos cuenta que para el torso —que llevó muchas horas de trabajo— utilizaron las telas del traje con el que se casó su madre. Las mangas y la falda, totalmente nuevas, se confeccionaron con bambula. También tenía una larga cola desmontable que salía de la cintura y que se retiró en el momento del baile.
"Las pruebas fueron momentos muy divertidos; mi madre me acompañó a todas y me ayudó con todas las decisiones, mi tía y mis hermanas pequeñas vinieron también a casi todas. Fue divertido elegir entre todas los detalles del traje y ver cómo avanzábamos en cada prueba".
Pero un look nupcial no está completo sin el resto de accesorios. Rocío llevó velo, un manto de corte de encaje de Bruselas que había pertenecido a su bisabuela. "Me hizo mucha ilusión casarme con el mismo velo y en la misma iglesia en la que se casó mi madre hace 28 años".
Las joyas también eran familiares. Llevó una diadema y unos pendientes a juego; también unos zapatos, regalo de una buena amiga. En cuanto al ramo, nos cuenta que fue obra de Artemisa, igual que la decoración de la casa. "Quería algo sencillo pero elegante, que fuera verde y blanco. Me enseñaron alguno que habían hecho antes y, en cuanto lo vi, quise el mismo; me encantó desde el principio".
La novia nos confiesa que dudó mucho si maquillarse. No suele hacerlo en su día a día, y no quería verse rara. Pero confió en Rocío Nández y se sintió muy cómoda tanto con el maquillaje —sutil y muy natural— como con el peinado, un moño bajo trenzado.
Después de la ceremonia se trasladaron al palacio del Virrey Laserna, que además de ser un lugar de singular belleza y perfecto para celebrar una boda, lleva en la familia de la novia desde el siglo XIII. "Mis tíos se encargan de gestionarlo y, además de lugar de celebraciones, es casa museo. Todos los días hay visitas guiadas en varios idiomas y es digno de ver, ya que posee una de las colecciones privadas de arte más importantes de Andalucía. Además, cuenta con seis habitaciones ricamente decoradas como alojamiento turístico, con lo que pudimos alojar a la familia política".
También nos habla del excepcional trabajo del catering, Alda y Terry, tanto en la decoración como en los platos y el trato.
El aperitivo fue en el jardín, el almuerzo en los salones. "Elegimos a Artemisa para que nos ayudara a resaltar las mesas y salones de la casa, e hicieron un trabajo impecable. Delegamos en ellos con total confianza y eligieron la decoración floral acorde a cada salón; la verdad es que quedó increíble".
"Después de la comida, vinieron a cantar el grupo flamenco Voces de la Ina, que me atrevo a decir que es el mejor grupo de Jerez, contaremos con ellos siempre que podamos, y acabamos con Adrián Lozano de DJ, amigo desde hace años de mi marido, que supo leer perfectamente a los invitados y adaptar la música a cada momento, ¡la verdad es que es un crack!", asegura Rocío, que sigue recordando aquel día con mucha emoción.























