Sentirse en su mejor versión y potenciar sus puntos fuertes. Estos son tan solo dos de los objetivos habituales entre las madrinas de boda actuales. Son muchas las que apuestan por hacerse un vestido a medida que no solo encaje con su estilo, sino que realce su silueta y rasgos. Rufina Atienza es una de esas madres del novio que, sin una idea segura de por dónde debía empezar su look, confió en un creativo que entendió lo que buscaba para la boda de su hijo en Sevilla. “El diseño es de Nicolás Montenegro y fue mi hija la que me habló de él; me dijo que sería una madrina elegante y juvenil”, nos cuenta ella misma.
Un look hecho en la capital andaluza
Nuestra protagonista no tenía una inspiración clara, pero sí sabía qué detalles eran imprescindibles para ella. “Solamente quería que me marcase la figura. Lo demás es diseño de Nicolás; me dejé aconsejar por él totalmente”, apunta. El morado fue el tono elegido para el tejido del look, una propuesta que le fascinó desde que era un simple boceto. “La verdad que confié desde el primer momento que lo vi, porque fue muy claro con el color y el diseño y me encantó; no cambié nada de lo que diseñó”, desvela Rufina.
Era un diseño largo, con un gran trabajo artesanal detrás. De hecho, cuando preguntamos al propio Nicolás Montenegro acerca de esta prenda, nos relata que se trata de un vestido “realizado en bambula de seda, con cuerpo trabajado en drapeados, con cortes, a modo de corsetería. La parte de la falda lleva una segunda piel de bambula de seda. Sin embargo, la parte de arriba la hemos querido aligerar y modernizar, dejándole el contraste del tejido de crepe”, describe.
De la experiencia de creación del estilismo para un día tan señalado, Rufina se lleva un recuerdo imborrable. El proceso fue ameno y se sintió muy arropada, como ella misma admite: “tanto Olga como Nicolás, en todas pruebas fueron encantadores y muy cercanos, haciéndome sentir como en casa y sin ninguna prisa por ver todos los complementos y elección de mantilla”.
El resultado no pudo ser más acertado, pues el estilismo de esta madrina sevillana ha terminado por dar la vuelta a las redes sociales. La pieza era elegante, perfecta para una boda religiosa en la capital andaluza, pero no excesivamente clásico como para caer en lo predecible. La impresión que nuestra protagonista quería causar era clara: “quería ir acorde al protocolo, pero no me gustaba la idea de verme vestida de señora, por lo que pienso que Nicolás era el ideal para hacerlo posible, y así fue”.
Accesorios vintage para completar el look
La base, sin duda, era el traje, pero más allá del mismo, los complementos fueron un bien necesario para convertirlo en una apuesta mucho más atractiva y repleta de personalidad. La estrella entre su selección de accesorios fue la mantilla. La suya era de chantilly negro, “de volantes, de hace siglos”, matiza. ¿Por qué se decidió por incorporar este detalle al look? “Tenía claro que la quería llevar porque es nuestra tradición”, afirma.
En sintonía con las tendencias entre invitadas y madrinas, Rufina se decantó por lucir una gargantilla que, en realidad, era una pulsera antigua, de brillantes, que pertenecía a su familia y que colocó a modo de choker. La combinó con unos pendientes de oro blanco con diamantes y perlas. A estas joyas, del mismo estilo que el broche que acompañaba a la mantilla, sumó, también, “dos sortijas de brillantes y un bolso antiguo de carey que hacía juego con la peina”.
Una pieza tan clásica como una mantilla, marca el protocolo, exige un recogido como peinado. Primero, para asegurar la sujeción de la teja sobre la que se coloca este velo de encaje y, en segundo lugar, para despejar el rostro, que debe quedar al descubierto, sin caer en excesos. Esta madrina sevillana conocía las normas de etiqueta, por lo que se puso en manos de Manolo Gutiérrez, para que creara el moño y de Gabriel Rey para el maquillaje, con el que quiso darle luz al rostro. "Sin duda, tuve a los mejores", defiende.
Casarse en el casco antiguo
Como sucede con otras muchas madres de novios andaluzas, Rufina recurrió a la tradición y la adaptó a sus gustos. El de su hijo fue un enlace celebrado en el centro de Sevilla. Los novios escogieron la histórica Real Parroquia de Omnium Sanctorum, ubicada en el casco antiguo, en la muy popular calle Feria. Aprovecharon la luz del día y las buenas temperaturas propias de finales de invierno en la ciudad andaluza. "La boda fue el sábado 7 de marzo a las 11:30 de la mañana", añade nuestra protagonista.
Cuando le consultamos sobre qué recuerdos se lleva de esta jornada tan señalada, nos dice: "Todo salió muy bien y nos divertimos mucho, estábamos pendiente de la lluvia y hubo suerte, ya que pasamos un día magnífico". Además, reconoce que fue realmente especial para ella el simbolismo de esta cita y el hecho de poder ver a su hijo "casado con su mujer y saber que será para siempre". Y agrega: "me hace muy feliz verlos tan enamorados".
En la experiencia está la virtud y, para Rufina, el saber hacer del taller que eligió para confeccionar su traje es, sin duda, un motivo para recomendarlo. Por ello, en el momento en el que le pedimos que aconseje a otras madrinas que pueden ocupar un lugar similar en los próximos meses, contesta sin rodeos: "mi consejo sería que cuenten con Nicolás Montenegro y su equipo y para el estilismo (mantilla, peinado y maquillaje) sin duda, Manolo y Gabriel". Profesionales que seguro se alegrarán de saber que dejaron tan buena sensación en su clienta.
















