Rania de Jordania ha cambiado el rojo por el negro en la última parada de su viaje internacional y, una vez más, ha hecho de la moda parte esencial de su presencia pública. La reina acompaña al rey Abdalá II en Nueva York durante la semana de alto nivel de la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas, después de pasar por Francia y República Checa, donde protagonizó uno de sus looks más llamativos de los últimos días: un vestido rojo que recordaba inevitablemente al característico tono del armario de la reina Letizia. Ahora, en la ciudad de los rascacielos, la reina jordana cambia completamente de registro con un look en negro casi absoluto que parece pensado tanto para una jornada internacional como para cualquier calle de Manhattan. Solo los zapatos, en un sofisticado verde oscuro, rompen el monocromo. El resultado vuelve a explicar por qué la reina jordana mantiene desde hace años una relación especialmente estrecha con el diseño, las grandes firmas y las tendencias.
El romanticismo de la blusa frente a la sastrería masculina
La pieza que suaviza el conjunto es la blusa negra Nicolette de Ulla Johnson, confeccionada en satén lavado ligero. Su diseño reúne volantes en los bordes, pliegues delicados y puños elásticos que aportan volumen a las mangas. El cierre de la espalda, con abertura en forma de lágrima y botón, añade otro pequeño detalle de feminidad a una prenda que, precisamente por su tejido y su caída, mantiene una apariencia sofisticada pero nada rígida.
El contraste llega debajo de la cintura. Rania sustituye la habitual falda o el pantalón de vestir por unas bermudas amplias de Dior Homme, de pierna ancha y estética claramente masculina. El largo, la silueta relajada y la estructura de la prenda introducen un punto sartorial que evita que la blusa convierta el conjunto en un look excesivamente dulce.
Un bolso que parece diseñado para Manhattan y taconazos a lo Carrie Bradshaw
Rania lleva el Le Teckel Medium de Alaïa, uno de los bolsos más reconocibles de la firma por su silueta alargada, casi tubular. Está realizado en piel de cabra negra con un acabado de grano sutil y brillante, tiene asas largas y un cuerpo estrecho de 33 centímetros de longitud. La propia casa lo define como uno de sus modelos emblemáticos.
Su nombre es, además, uno de esos pequeños detalles que enriquecen una pieza de moda: Le Teckel significa “teckel” o “perro salchicha” en francés y hace referencia precisamente a la forma alargada del bolso. El modelo incorpora también un pequeño espejo extraíble en el interior y está fabricado en Italia.
La reina completa el conjunto con los zapatos de tacón Jennifer 90 de Malone Souliers, unos mules de punta afilada en piel de efecto charol verde oscuro. El modelo incorpora una abertura en T que cruza el empeine y un tacón de aguja de 90 milímetros, una altura que transforma por completo la proporción de las bermudas.
Nueva York como escenario de su armario más internacional
El contexto no podía ser más adecuado para una reina que ha convertido la moda en una de las dimensiones más reconocibles de su imagen pública. Rania está en Nueva York junto a Abdalá II, que participa en la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas. El debate general comenzó el 22 de septiembre y se prolongará hasta el 28, con la presencia de jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo.
Su viaje ha recorrido tres escenarios muy distintos —Francia, Praga y ahora Nueva York— y también tres registros de vestuario. Del gris y blanco de París al rojo intenso de Praga y, ahora, al negro casi absoluto de Manhattan, Rania demuestra que su armario no depende de un único estilo. Hay vestidos de alta costura y siluetas ceremoniales, pero también bermudas, prendas masculinas, bolsos de tendencia y zapatos que podrían aparecer en cualquier armario de una mujer especialmente pendiente de la moda.







