Ayer, 17 de junio, Ana Boyer viajó a Barcelona para sorprendernos en su primer evento de trabajo un mes después de dar a luz a Mía, la primera niña de la casa tras Miguel, Mateo y Martín, y undécima nieta de Isabel Preysler. Para la ocasión, la creadora de contenido y empresaria eligió un estilismo que no solo la hacía lucir radiante, sino que también reflejaba a la perfección el momento en el que hoy por hoy se encuentra: una etapa especialmente dulce, repleta de ilusión y felicidad.
Su aparición tenía lugar con motivo de la renovación de la boutique de Rabat en Casa Codina, en un encuentro íntimo y lleno de emoción que reunió a algunos rostros cercanos a la firma. El espacio, dividido en cuatro ambientes diferentes, invita a acercarse a su universo artesanal y a ese savoir-faire que se aprecia especialmente en los detalles. Ana, que mantiene una relación muy cercana con la casa desde hace tiempo, no quiso perderse esta cita y lo hizo con un estilismo que encajaba a la perfección con ese ambiente elegante, luminoso y cuidado.
Una pieza que le ayudaba a destacar desde los detalles
En esta ocasión, la hija de Isabel Preysler y Miguel Boyer se decantó por un vestido largo en un ideal tono amarillo mantequilla que defendió con mucha naturalidad. La pieza (el modelo Norma de Silvia Tcherassi, 2.650 euros) presentaba un escote palabra de honor, cuerpo ajustado y fruncidos horizontales en la zona del torso que, más allá de aportar textura, ayudaban a dibujar la silueta y a suavizar la zona del abdomen, algo especialmente cómodo y favorecedor ahora que acaba de dar a luz a su cuarto hijo. Además, incorporaba una costura central que rompía el efecto del drapeado y ayudaba a alargar visualmente la figura.
Las tendencias vistas en su look: del amarillo mantequilla al escote palabra de honor
Para su look, la madrileña apostó por algunas de las claves más apetecibles de la temporada, empezando por el amarillo mantequilla. Ese tono suave y luminoso se ha convertido en una de las alternativas más bonitas al blanco cuando llega el buen tiempo y, en su caso, resultaba especialmente favorecedor por el contraste con su melena oscura y la calidez de su piel. A esto se sumaba el escote palabra de honor, una silueta que vuelve a ganar fuerza y que encajaba a la perfección con el aire limpio y femenino del vestido, dejando los hombros al descubierto y reforzando esa elegancia sensual y minimalista con la que suele conquistarnos.
Una selección impecable de joyas: movimiento y muchos diamantes
Para completarlo todo, Ana apostó por una selección de joyas de RABAT Waves que terminaban de elevar el conjunto. Piezas de líneas fluidas, con diamantes y mucho movimiento, que acompañaban la luz del amarillo mantequilla y reforzaban esa sensación de frescura. Entre ellas, destacaba especialmente el collar tipo lariat, que acompañaba con mucha delicadeza el escote palabra de honor y ayudaba a alargar visualmente el cuello. Lo completó con pendientes de aro, pulseras finas y varios anillos. “Las pulseras tienen mucha luz y aportan un toque muy especial a cualquier look”, explicaba la hija pequeña de Isabel Preysler, quien también es embajadora de la marca.
La guinda del pastel: una apuesta de belleza luminosa
Para complementarlo todo, Ana apostó por una propuesta de belleza natural, con un maquillaje suave y luminoso que la hacía lucir radiante. Sumó unas sombras cálidas en tonos tierra y un delineado muy sutil que enmarcaba la mirada. Sin embargo, el verdadero punto fuerte estaba en el cabello, que llevó suelto, con raya lateral y unas ondas amplias y relajadas que caían sin esfuerzo hacia un lado. Un peinado sencillo que terminaba de reforzar ese aire elegante que marcaba todo el estilismo.









