Si hay una película que las amantes de la moda nos sabemos de memoria, esa es El diablo viste de Prada. Me atrevo a decir, de hecho, que todas las editoras de FASHION descubrimos nuestro destino profesional a raíz de esta película, cuando éramos apenas unas niñas, y desde entonces la hemos visto decenas de veces al punto de poder recitar páginas enteras del guion. Sin embargo, por mucho que hayamos analizado los impecables estilismos creados por la legendaria Patricia Field para Meryl Streep y Anne Hathaway, la gran pantalla siempre esconde secretos fascinantes. Hoy, a propósito del estreno de la secuela este próximo 30 de abril, ponemos bajo la lupa el que es, sin lugar a dudas, el accesorio más caro de toda la cinta: un collar con una historia de amor y poder que conecta con la realeza británica.
El carísimo accesorio de El diablo viste de Prada que perteneció a la realeza
Hablamos de la llamativa joya que Miranda Priestly luce con aparente naturalidad (y un look sorprendentemente casual) para asistir a un desfile de moda. Se trata de un espectacular collar de oro adornado con piedras de colores y símbolos de inspiración egipcia. Pero lo que a simple vista parece una acertada elección de vestuario para elevar un conjunto "básico" de oficina, es en realidad una pieza histórica con muchísimo peso.
El diseño fue un encargo personal del mismísimo rey Eduardo VII allá por 1870, y no precisamente para su esposa. El monarca mandó crear esta joya de diseño casi escultórico a la casa Hancocks London para su amante, Lillie Langtry. Ella no era una mujer cualquiera; era una aclamada actriz de la época, íntima de Oscar Wilde, musa de innumerables artistas y una de las mujeres más deseadas de su tiempo. Su romance con el rey era un secreto a voces tan extendido que, según cuentan los rumores, hasta la reina Victoria estaba al corriente de la situación.
El romance entre el aristócrata y la intérprete duró aproximadamente dos años, aunque ambos volvieron a verse más tarde, como en el debut teatral de ella, donde él apareció entre el público.
El misterio de su desaparición y su llegada a Hollywood
Aprovechando que la estética egipcia era pura tendencia en aquel momento, pues coincidía con el descubrimiento de nuevos yacimientos arqueológicos en África, Langtry llegó a lucir este majestuoso collar (y una réplica del mismo) sobre los escenarios teatrales mientras interpretaba a Cleopatra en la obra Antonio y Cleopatra.
Tras aquellos años de esplendor, la joya se esfumó y estuvo desaparecida durante décadas. No fue hasta el año 2003 cuando volvió a ver la luz en una subasta, donde fue adquirida por un coleccionista privado por la astronómica cifra de 100.000 dólares.
Y aquí es donde entra en juego la magia del cine. Patricia Field logró convencer al propietario para que prestara la pieza histórica a la producción, permitiendo que pasara de la realeza victoriana directamente al cuello de Meryl Streep.
Más allá de su valor económico, la verdadera genialidad de esta elección reside en el poderoso mensaje que esconde. El collar nació en 1870 siendo un símbolo del poder masculino y de un amor clandestino. Al colocarlo sobre Miranda Priestly, Field le da la vuelta al significado de la pieza: ahora la lleva la mujer más poderosa de la industria, una líder implacable que domina su propio sistema a la perfección.
Prueba irrefutable de que un buen trabajo de vestuario nunca se compone de casualidades.








