En las últimas semanas, Meryl Streep y Anne Hathaway -quienes retoman sus papeles como la editora de moda Miranda Priestly y su exasistente Andy Sachs- han recorrido el mundo entero, de Ciudad de México a Seúl, promocionando la secuela de El diablo viste de Prada. La intensa campaña mediática culminó este lunes por la noche con la premier en Nueva York, un evento que deja en evidencia cuánto ha evolucionado la saga desde entonces.
El radical antes y después en el estreno de El diablo viste de Prada 2
La promoción de El diablo viste de Prada fue mucho más modesta por aquel entonces, y esto también repercutió en los looks que sus protagonistas llevaron a la gran premier neoyorquina: "Todo el mundo le tenía miedo a Anna en la primera, así que no pudimos encontrar ropa", confesó Streep en una entrevista reciente a Vogue, en la que conversó, precisamente, con la mismísima Anna Wintour, exdirectora de la publicación.
Para esta segunda entrega de la cinta, que llega dos décadas después, es obvio que ninguna de las tres protagonistas tuvo problemas para encontrar el look perfecto. Haciendo gala de su elegancia característica, nuestra querida Andy Sachs vistió un diseño hecho a medida por Louis Vuitton al estilo años 50 que se compone de un corpiño tipo bustier y una falda armada y acampanada. Como accesorios, optó por unos pendientes Diva's Dream de Bvlgari y unas sandalias de raso a juego con el vestido.
Dramática y majestuosa, la actriz que más veces ha estado nominada al Oscar optó por una imponente capa rojo escarlata con lazada al cuello, de la colección Otoño/Invierno 2026 de Sarah Burton para Givenchy, que se complementaba con guantes de ópera negros, zapatos de tacón al tono y unas gafas de sol oscuras de gran tamaño. Miranda Priestly seguramente le daría el visto bueno.
No cabe duda, sin embargo, de que la que más impactó con su look fue Emily Blunt. Está a la vista: en lugar de ceñirse al dress code negro y rojo que unió a sus compañeras de reparto, lució un diseño de Alta Costura (Primavera/Verano 2026 de Schiaparelli) en tul de marfil con un efecto sfumato y dobladillo de tijera que desafiaba la gravedad.
En la parte superior, presentaba un bustier con cresta cubierto con 25.000 plumas de hilo de seda, lo que requirió aproximadamente 4.000 horas de trabajo, y detalles de encaje con los ojos de metal dorado en la parte posterior. En la parte inferior, diferentes tonos y capas de tul se mostraban apiladas juntas para traer ese volumen aerodinámico que apreciamos en las imágenes.
Así vistieron Anne Hathaway y Meryl Streep en 2006
Nada que ver con los estilismos que llevaron estas mismas actrices en 2006... ¡hace 20 años! Si bien es cierto que Meryl Streep es una de las artistas más conocidas y admiradas desde Kramer contra Kramer (1979), Emily había participado en una única película -Mi verano de amor (2004)- y Anne era conocida principalmente por sus papeles de chica Disney -Hechizada (2004) y Princesa por sorpresa (2001)-. En resumen, las firmas de lujo aún no se peleaban por vestirlas.
De todas las marcas que contactaron para que les cedieran a las actrices algunos vestidos para los distintos eventos de lanzamiento, solo Prada (evidentemente) respondió rápida y afirmativamente. La firma italiana está detrás de algunos de sus estilismos, mientras que la diseñadora de vestuario Patricia Field, quien también fue artífice del vestuario de Sexo en Nueva York, se encargó de confeccionar otros tantos y de fichar tesoros vintage en boutiques de la ciudad de los rascacielos.
En 2006, Meryl se enfundó en un traje mucho más discreto, realizado en satén de seda champán, encaje y tul bordado de cuentas y lentejuelas. Anne, por su parte, sí fue de rojo en esa oportunidad, haciendo un guiño explícito al mítico tacón del cartel de la película, con un vestido sencillo y fluido de cuello drapeado que nos recuerda a las antiguas divas del cine.
En contraste con Miranda y Andy, Emily Blunt sí se aferró a las tendencias que dominaban las tendencias en 2006, cuando vio la luz esta primera entrega, y vistió un modelo tipo slip rosa malva de largo midi y escote cuadrado con encaje negro y tirantes espagueti, que se ajustaba a su cintura con un fajín en una tonalidad más oscura.
El calzado fue, quizás, lo que más nos sorprendió: unas sandalias de tacón kitten con tiras y flores de pedrería sobre el empeine por las que hubiésemos dado todos nuestros ahorros de adolescentes. De allí, no obstante, a Schiaparelli, hay un trecho enorme.












