Caroline “Lee” Bouvier Radziwill nació en 1933 en Nueva York y, aunque la historia la recuerda como la hermana menor de Jacqueline Kennedy Onassis, muchos insiders del mundo de la moda coinciden en algo: si Jackie se llevó la fama, Lee se llevó el estilo. Hoy, 3 de marzo, habría cumplido 93 años, una cifra para recordar a una de las mujeres más influyentes —y a menudo olvidadas— del siglo XX en términos de estética, gusto y sofisticación.
Desde niña mostró un carácter rebelde y una intuición estética precoz. Ella misma contaba que, con solo siete años, intentó huir de casa cruzando el puente de Brooklyn con su perro, aunque tuvo que volver atrás porque, como decía con ironía, “es bastante difícil escaparse con los tacones de tu madre”. Esa mezcla de osadía, independencia y amor por lo bello definiría toda su vida.
Formó parte del círculo de las legendarias “cisnes” de Truman Capote, el selecto grupo de socialités que definió la elegancia neoyorquina de mediados del siglo XX, y fue musa de diseñadores, fotógrafos y artistas. Su estilo era tan depurado que André Leon Talley, ex editor de una de las revistas más importantes de la época, la definió con una frase que hoy es mantra editorial: “Ella se edita a sí misma. Edita su armario. Edita su vida.”
Una vida entre la aristocracia, la cultura y la alta sociedad
Nacida en una de las familias más acomodadas de Nueva York, Lee creció en una constante rivalidad con su hermana mayor, Jackie, más estudiosa y disciplinada. Su padre, John Vernou Bouvier III, era un carismático corredor de bolsa, y su madre, Janet Norton Lee, una ambiciosa socialité que educó a sus hijas con frases tan contundentes como: “La debilidad no es algo con lo que naces, se aprende.”
Desde joven, Lee mostró inclinación por el arte y la cultura. Fascinada por la pintura renacentista, llegó a escribir al historiador Bernard Berenson y viajó a Italia para conocerlo, afirmando después: “Sentí que había conocido a Dios”. Estudió en escuelas privadas del Upper East Side y en Sarah Lawrence College, y tuvo un breve pero influyente paso por una revista de moda como asistente de Diana Vreeland, una experiencia que marcaría para siempre su sensibilidad estética.
Su vida sentimental fue tan sofisticada como polémica. Se casó primero con Michael Temple Canfield, del que se divorció para casarse con el príncipe polaco Stanislaw Albrecht Radziwill, convirtiéndose en princesa y viviendo cerca del Palacio de Buckingham, en lo que ella describía como “la casa divina detrás del palacio”. Más tarde tuvo un romance con Aristotle Onassis, que acabaría casándose con su hermana Jackie, y se casó por tercera vez con el director Herbert Ross.
Fluida en francés e italiano, Lee se movía con naturalidad entre la aristocracia europea y la élite neoyorquina. Fue amiga de Rudolf Nureyev, Renzo Mongiardino, Cecil Beaton, Giambattista Valli y Andy Warhol, con quien colaboró en múltiples retratos. También estuvo presente en momentos históricos: estaba junto a JFK cuando pronunció su famoso “Ich bin ein Berliner” en 1963.
La arquitecta del estilo Kennedy
Aunque Jackie Kennedy se convirtió en uno de los mayores iconos de estilo del siglo XX, insiders de la moda aseguran que fue Lee quien moldeó gran parte de su estética. Lee le aconsejó usar Givenchy incluso cuando John F. Kennedy insistía en que Jackie debía vestir diseñadores estadounidenses, y comprendía mejor que nadie el poder político de la ropa.
Su gusto era más audaz, más europeo, más inesperado. Periodistas como Hamish Bowles la describieron como alguien que “definió el estilo dinámico americano durante décadas”. Para Lee, la moda era un lenguaje, una herramienta de expresión personal y política.
Su círculo incluía a los célebres “cisnes” de Capote: Babe Paley, Slim Keith, Gloria Guinness o Pamela Harriman. En el legendario Black and White Ball de 1966, organizado por Capote en el Plaza Hotel, Lee lució un vestido y abrigo de Mila Schön en blanco y plata, con joyas de diamantes y una máscara bordada. La pieza fue donada posteriormente al Victoria & Albert Museum, consolidando su lugar en la historia de la moda.
Looks icónicos: elegancia sin esfuerzo
Lee Radziwill representaba una elegancia sin esfuerzo. Su estilo combinaba sastrería impecable, vestidos camiseros, gafas de sol oversize, pieles y joyas discretas pero poderosas. Prefería diseñadores franceses como Yves Saint Laurent, Givenchy y Courrèges, y fue musa de Giorgio Armani, con quien trabajó como ejecutiva de relaciones públicas entre 1986 y 1994.
Uno de sus looks más recordados es un vestido camisero ceñido con cinturón, zapatos planos y grandes gafas de sol, fotografiado junto a Capote en Nueva York. Su presencia en listas de las mejor vestidas fue constante, especialmente en la célebre International Best Dressed List de Eleanor Lambert, donde apareció siete veces entre 1961 y 1996.
Pero Lee no seguía tendencias. “No creo en ser esclava de las tendencias, sino en vestir lo que te hace feliz”, dijo al New York Times durante la Semana de la Moda de París en 2015.
Creativa, musa y diseñadora
Más allá de la moda, Lee fue actriz, diseñadora de interiores y figura cultural. Debutó en teatro interpretando a Tracy Lord en The Philadelphia Story, fundó una firma de interiorismo en los años setenta y colaboró con Renzo Mongiardino en espacios que mezclaban lo clásico con lo surrealista. Sus casas en Londres, Oxfordshire, París y Nueva York fueron fotografiadas por reconocidas revistas de decoración.
Decía detestar la mentalidad estadounidense de cambiar de decoración constantemente: “Cuando compro algo, lo hago con la intención de conservarlo para siempre”. Sus interiores eran un collage sofisticado: textiles turcos, grabados florales del siglo XVIII, camas con dosel rosa intenso y habitaciones con animales pintados en las paredes.
Su colaboración con Peter Beard y los hermanos Maysles llevó al documental Grey Gardens, una obra de culto que revolucionó el género documental y mostró el universo excéntrico de su familia.
El ocaso de una era
Lee Radziwill falleció en 2019 en su apartamento del Upper East Side a los 85 años, un evento que muchos describieron como “el final de una era”. Incluso en sus últimos años seguía asistiendo a desfiles y galas de Louis Vuitton, Marc Jacobs o Giambattista Valli, manteniendo intacta su aura de sofisticación.
Reflexionando sobre la vida, dijo: “He hecho muchas cosas fascinantes y la mayor alegría es seguir haciendo cosas interesantes y conocer gente fascinante”. También confesó que la vejez le había dado algo invaluable: memoria y perspectiva.
Lee Radziwill, la elegancia editada
Quizá el mayor legado de Lee Radziwill no sea un vestido concreto ni una fotografía icónica, sino una filosofía estética. Editar. Elegir. Refinar. Saber decir no. En palabras de André Leon Talley, ella editaba su vida como se edita una revista.
Hoy, cuando el lujo vuelve a ser discreto y la moda abraza la idea de la curaduría personal, el estilo de Lee Radziwill resulta más relevante que nunca. No fue solo la hermana de Jackie Kennedy. Fue su musa silenciosa, su asesora estética y, para muchos, la mujer más chic del siglo XX.













































