Cómo poner freno al hiperapego en perros

Los perros siempre van a desear estar con nosotros, por eso son nuestros mejores amigos, sin embargo, cuando ese apego es excesivo puede producir problemas.

Por David Navarro

El apego no es una cuestión únicamente canina sino que podemos comprenderlo perfectamente si miramos a otras especies, incluso la humana. Una de las claves de comportamiento más poderosas de los canes se basa en formar un grupo, una manada. Los perros en un ambiente natural son animales gregarios que se organizan muy bien para defenderse y conseguir comida, su supervivencia depende de ello, y el apego es el mecanismo que les une. 

El apego para ellos significa tener más oportunidades de sobrevivir ante las adversidades, y aunque en un ambiente doméstico esto ya no funciona así, su mente se organiza todavía alrededor de esta creencia o mandato, y es su forma de interactuar con los humanos en el hogar. Si no fuera por ese apego, probablemente el perro no sería el mejor amigo del hombre, pues aquello que tanto nos gusta de ellos es su interés por nosotros, su actitud leal, próxima e implicada. Eso es producto del apego. ¿Pero qué es el hiperapego?

Se dice que un can sufre hiperapego cuando esta actitud de cercanía con el ser humano se hace tan intensa que produce problemas, porque no es flexible y desencadena consecuencias negativas. El hiperapego no es un problema subrayable cuando estamos presentes en casa, sino que se evidencia cuando nos separamos. El perro desarrolla un comportamiento ‘atormentado’: ladra insistentemente, jadea, rompe cosas y trata de escapar. Todo esto son formas de llamar la atención, y no lo hace porque desee ser el centro de nuestra mirada, sino porque está haciendo una llamada de alerta, estando solo su mente le avisa de que algo terrible pasará si no encuentra compañía, y en concreto la nuestra. Por eso ladra, es una llamada de ayuda. A raíz de eso, jadea y saliva, porque de tanto ladrar su cuerpo desarrolla ansiedad y en los lapsos en los que deja de ladrar, necesita salivar

Pero lo más difícil de encajar es que destruya cosas: alfombras, zapatos, cojines y todo lo que encuentre. Tanto es así que puede llegar, incluso, a hacerse daño a sí mismo. Esta dinámica destructiva es un producto de su ansiedad y desorientación. El hiperapego, como ves, es equivalente a un problema de salud mental para los perros, pues puede llegar a ser destructivo. Lo que el perro trata es de saltar de pantalla, es decir, generar una situación de cambio que le ayude a encontrar compañía, es como si la soledad le quemara y tuviera que encontrar escapatoria. Por eso, una de las consecuencias finales es tratar de escapar de casa, usando cualquier hueco o su inteligencia para lograr abrir las puertas.

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Motivos por los que surge el hiperapego

Aunque puede haber rasgos genéticos o de comportamiento único, como temperamento o afinidad propia de un perro en concreto, lo cierto es que el hiperapego es más probable que surja cuando se dan ciertas circunstancias que, de alguna forma, marcan o trauman al can. Un caso muy clásico es el de los perros adoptados que han pasado mucho tiempo solos o en apuros, una vez que el perro ya está asentado y acostumbrado a formar parte de una familia (su manada de humanos) separarse puede generarle una ansiedad de rebote igual o superior a la que padeció cuando estaba solo antes de ser adoptado. Todo el afán del perro será salir de la soledad y conseguir volver a estar en compañía. Recuerda, el hiperapego y sus consecuencias no son un capricho del animal, sino que apela a uno de los cometidos más profundos del perro: sobrevivir, lo que ocurre es que en este caso la dosis de necesidad está trastocada y es dañina para él o para el entorno.

Cualquier perro puede experimentar los estragos del hiperapego cuando se acostumbra a vivir con su manada, es decir: contigo y con tu familia, y de repente esa situación cambia. Esto es común en perros que han sido adoptados en épocas vacacionales, como verano, o durante una etapa larga de teletrabajo de su dueño, y de la noche a la mañana se ven solos muchas horas en casa, sin llegar a comprender si volverás o no.

Los perros no tienen una memoria capaz de comprender que siempre que te vas, regresas. Tampoco comprenden por qué te vas. Para la mente de un perro, tenga hiperapego o no, el hecho de que tú salgas de casa solo (sin su compañía) es siempre un desatino: él considera que siempre debes ir acompañado, como de hecho hacen los perros y los lobos en un ambiente de manada, puramente gregario. Aunque siempre regreses, aunque siempre le dejes solo pocas horas, esto no cambia para nada la sensación del animal de que la soledad os producirá serios apuros.

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Atajar el problema del hiperapego

De forma general, se trata de un problema de temperamento y ‘salud mental’ bastante grave para el perro, por lo que si destroza cosas, se hace daño a sí mismo y la convivencia se hace compleja, el mejor consejo que puedes recibir es buscar ayuda de un adiestrador o etólogo que ponga medidas pautadas encima de la mesa y os ofrezca soluciones a medio plazo para tratar el problema, casi a modo de terapia. Sin embargo, si el nivel de hiperapego no es crítico, podemos poner en práctica algunos consejos prácticos.

Como hemos comentado antes, los perros no tienen memoria para determinar que es cierto que siempre que sales, acabas regresando. Sin embargo, podemos trabajar en la percepción que tiene el animal de nuestras salidas. Programando gradualmente muchas salidas, pero de poco tiempo, para generar en él un patrón de normalidad. Aunque sea durante un tiempo, no desaparecer ni dejarle solo durante horas, sino en intervalos de minutos.

Por otro lado, no debemos realizar ningún tipo de refuerzo negativo (regañar por encontrar las cosas rotas o castigarlo), pues eso sólo contribuiría a que ahondemos más en la situación de bloqueo del animal. Debemos obviar las llamadas de atención del perro, no acudir ante sus quejas. Hay perros que incluso han llegado a hacer sus necesidades en casa para generar esa atención, no debemos generar un efecto instantáneo ni acudir veloces. El perro, instintivamente, quiere provocar cambios, pero si no los logra producir desistirá porque no conseguirá instaurar un patrón de refuerzo si no le funcionan.

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