Cuando pensamos en una persona con depresión, solemos imaginar a alguien triste, que llora con frecuencia o que apenas tiene fuerzas para levantarse de la cama. Sin embargo, la depresión no siempre se manifiesta de esta manera. Hay personas que continúan trabajando, mantienen sus relaciones sociales e incluso sonríen cuando alguien les pregunta cómo están. Sin embargo, si ahondamos más en su comportamiento, nos daremos cuenta de que no son las mismas. Son señales que pueden pasar inadvertidas o confundirse con una mala época. Y es difícil que lo asociemos con una depresión. Pero puede ser.
Como afirma el doctor Carlos Atef Harkous, jefe del Servicio de Salud Mental del Hospital Blua Sanitas Valdebebas, no siempre es necesario que exista una tristeza evidente para sospechar que alguien puede estar atravesando un episodio depresivo. De hecho, hay otros síntomas a los que conviene prestar atención, especialmente cuando se prolongan en el tiempo. Junto a él, la psicóloga Virginia del Palacio, de Blua de Sanitas, identifica algunos cambios que pueden alertarnos de que una persona necesita ayuda profesional.
¿Se puede tener depresión sin sentirse triste?
Como decíamos, aunque la tristeza es uno de los síntomas más conocidos de la depresión, no es imprescindible que sea la emoción predominante. Algunas personas experimentan un síntoma conocido como anhedonia.
"La depresión puede manifestarse mediante un estado de ánimo bajo, pero también a través de la pérdida de interés o capacidad para disfrutar de actividades habituales, falta de energía, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, problemas de concentración o diversas molestias físicas para las que no siempre se encuentra una explicación médica", señala el doctor Harkous.
Esto explica por qué, en ocasiones, las primeras señales de una depresión se confunden con estrés, agotamiento o falta de motivación. La persona puede seguir cumpliendo con sus obligaciones, pero cada vez le cuesta más hacerlo o deja de encontrar satisfacción en su día a día.
Asimismo, podemos notar que dejan de proponer planes, contestan cada vez a menos mensajes o sienten indiferencia hacia aficiones o acontecimientos que anteriormente sí les provocaba emoción.
¿Qué señales pueden alertarnos de que una persona tiene depresión aunque aparente estar bien?
Además de las citadas, hay otras manifestaciones menos evidentes. La psicóloga Virginia del Palacio destaca cuatro que pueden indicar la necesidad de una valoración profesional.
1. Le cuesta tomar decisiones que antes resolvía sin dificultad
Elegir qué comer, contestar un correo electrónico o pedir una cita médica pueden convertirse en tareas sorprendentemente complicadas. La persona empieza a posponer decisiones sencillas porque le cuesta concentrarse, organizarse o decidir qué hacer.
No se trata necesariamente de indecisión o falta de voluntad. La depresión puede afectar a procesos cognitivos que utilizamos continuamente, como la atención, la planificación y la toma de decisiones.
2. Se culpa por cualquier error y siente que nunca hace nada bien
Otra señal es un cambio en la forma de interpretar las propias equivocaciones. Un pequeño despiste o un contratiempo cotidiano, que antes apenas tenía importancia, empieza a vivirse como una demostración de incapacidad personal.
La autocrítica se vuelve mucho más intensa y aparece la sensación persistente de no estar haciendo nada suficientemente bien. Esta manera de juzgarse puede pasar desapercibida para los demás, especialmente cuando la persona no expresa abiertamente lo que piensa de sí misma.
3. Abandona sus proyectos y pierde la motivación
Quizá antes tenía ganas de viajar, aprender algo nuevo, quedar con sus amigos o emprender un proyecto personal. Sin embargo, poco a poco deja de hablar de esos planes o los abandona.
La psicóloga explica que esta reducción progresiva de objetivos puede estar relacionada con la pérdida de motivación que acompaña a algunos cuadros depresivos. Lo importante es observar si supone un cambio respecto a sus intereses habituales.
4. Tiene una visión cada vez más negativa del futuro
No todas las personas con depresión dicen sentirse tristes. Algunas empiezan a hablar como si nada de lo que hicieran fuera a servir para mejorar su situación.
Expresiones que transmiten desesperanza, la convicción de que las cosas saldrán mal o la sensación de que cualquier esfuerzo será inútil pueden indicar un cambio en su manera de pensar.
Como recuerdan los especialistas, ninguna de estas señales, por sí sola, permite diagnosticar una depresión. También pueden aparecer durante periodos de estrés, procesos de duelo o enfermedades físicas. Lo que debe alertarnos es su persistencia y el impacto que tienen en la vida cotidiana.
Otro aspecto importante que debemos recordar es que se trata de un problema que puede afectar a muchas mujeres.
¿Por qué muchas mujeres dicen que están bien cuando en realidad no lo están?
Reconocer que necesitamos ayuda no siempre resulta sencillo. A veces porque nos cuesta identificar qué nos sucede y otras porque preferimos no preocupar a quienes nos rodean.
Esta realidad queda reflejada en un estudio internacional realizado por Ipsos para Lancôme, en el marco de su iniciativa I'm Fine, desarrollada junto a la organización Anxiety and Depression Association of America (ADAA). Según los resultados de la encuesta, realizada entre mujeres de cinco países en 2025 y 2026, el 80% reconoce haber dicho "estoy bien" cuando no era cierto y el 72% afirma haberse arrepentido de ocultar cómo se sentía realmente.
Como adelatánbamos, los motivos son diversos. El 52% no quiere convertirse en una carga para los demás, el 38% cree que debe afrontar sus problemas sola y el 31% teme parecer vulnerable.
Aunque estos datos se refieren al bienestar emocional en general y no exclusivamente a mujeres con depresión, ayudan a comprender por qué tantas personas ocultan su malestar.
Helena de Carlos, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de Fundación Manantial, explica que algunas personas responden "estoy bien" para evitar dar explicaciones, no preocupar a su entorno o porque les resulta difícil expresar lo que sienten.
"Algunas mantienen su actividad cotidiana, cumplen con sus responsabilidades e incluso muestran una actitud aparentemente positiva, aunque estén atravesando un sufrimiento emocional importante", señala.
El miedo a ser juzgadas
Pero no siempre se trata de proteger a los demás. En ocasiones, detrás de ese silencio también está el miedo a cómo reaccionará el entorno.
Según Helena de Carlos, el estigma que todavía rodea a los problemas de salud mental es una de las razones por las que muchas personas prefieren ocultar lo que les ocurre.
"A menudo, detrás de un "estoy bien" hay miedo a ser juzgadas, a que se las considere débiles, a que cambie la forma en que las demás personas las perciben o incluso a sufrir consecuencias en su entorno laboral, familiar o social".
A esto se suma que algunas personas interiorizan esos prejuicios y terminan sintiendo vergüenza o culpa por encontrarse mal, como si atravesar una depresión fuera un fracaso personal.
La representante de Fundación Manantial insiste en que la salud mental no depende únicamente de nuestra actitud o de nuestra capacidad para afrontar las dificultades. Las condiciones de vida, las relaciones personales, el trabajo y las experiencias que atravesamos también influyen en nuestro bienestar emocional.
Por eso, pedir ayuda no debería interpretarse como una muestra de debilidad, sino como una forma de cuidar nuestra salud.
¿Cómo podemos ayudar a alguien que dice estar bien, pero sospechamos que no lo está?
Si observamos que una persona cercana está más distante, ha perdido interés por sus aficiones o se muestra especialmente irritable, lo primero es evitar sacar conclusiones precipitadas.
Helena de Carlos recomienda crear un clima de confianza que facilite hablar de lo que está ocurriendo. Preguntar con interés genuino, escuchar sin juzgar y no minimizar sus sentimientos puede ayudar a que esa persona se sienta cómoda para expresarse.
También conviene respetar sus tiempos. No todo el mundo está preparado para hablar de su sufrimiento en el momento en que alguien se lo pregunta.
Y, ¿cuándo debemos preocuparnos especialmente? El doctor Harkous señala que es importante observar si los cambios se mantienen durante dos o más semanas y, como señalábamos, tienen un impacto significativo en la vida personal, familiar, social o laboral. En esos casos, es recomendable solicitar una valoración profesional.
En las personas mayores, además, hay que prestar especial atención a la apatía, la pérdida de iniciativa, las quejas físicas o las dificultades cognitivas. Como advierte Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, estos cambios no deben atribuirse automáticamente al envejecimiento.
Por último, ante ideas de suicidio, un deterioro brusco o una incapacidad importante para cuidarse, es necesario buscar atención urgente.
En definitiva, no hace falta esperar a que alguien rompa a llorar o nos diga abiertamente que está sufriendo para interesarnos por su bienestar. A veces, el primer paso para ayudar consiste simplemente en prestar atención a lo que ha cambiado, preguntar cómo se encuentra y estar dispuestos a escuchar la respuesta, incluso cuando no sea ese "estoy bien" que estamos acostumbrados a oír.














