Es imposible hablar de guarniciones a base de patata típicas de las mesas de Estados Unidos y no referirse al mashed potatoes. Este popularísimo puré comenzó a consolidarse en el país norteamericano cuando, en la segunda mitad del siglo XIX, empezaron a llegar inmigrantes procedentes de Irlanda, Reino Unido, Alemania (trayendo con ellos sus recetas de patatas).
Son muchas las versiones de purés de patatas que encontramos en la gastronomía mundial. Aunque la base es la misma, muchos países tienen particularidades propias. En Europa, por ejemplo, es muy conocido el Purée de Pommes de Terre, mítica receta francesa del chef Joël Robuchon, cuya mayor característica es la enorme cantidad de mantequilla que lleva (250 gramos por cada kilo de patata).
Aunque el mashed potatoes también lleva mantequilla, su proporción no es tan elevada. Se suma leche caliente, patatas cocidas y machacadas (normalmente de la variedad Russet o Yukon Gold) y también es común añadir ingredientes que aportan grasa y acidez, como el sour cream (crema agria).
Su resultado es un puré de textura suave y cremosa (no elástica), perfecto para acompañar carnes asadas, pavo, pollo… Es muy habitual servirlo con gravy, la conocida salsa estadounidense hecha con los jugos de carne que quedan al cocinar, mezclados con harina y caldo para espesarla.
LA VARIANTE DE MASHED POTATOES IDEAL PARA LOS MÁS QUESEROS
A partir del mashed potatoes clásico hay algunas variantes y, entre ellas, una de las más populares es aquella a la que se le suma queso: el Cheesy Mashed Potatoes. También hay en otros rincones del mundo purés de patata y queso; precisamente, si antes hablábamos de Francia, en el país galo tienen su famoso Aligot (aquí os dábamos su receta). Pero esta versión de EEUU es diferente: en este caso, el protagonista es el cheddar rallado.
El resultado es ese mismo puré cremoso, pero con un intenso sabor a queso. Si te apetece prepararlo en casa para variar un poco tus guarniciones de siempre, a continuación te dejamos el modo de elaboración.
RECETA DE CHEESY MASHED POTATOES, PASO A PASO
INGREDIENTES (4 raciones)
- 1 kg de patatas para puré (en España, sustituir las típicas Russet por Kennebec o Monalisa)
- 80 g de mantequilla
- 120 ml de leche entera caliente
- 120 g de queso Cheddar rallado
- 1 o 2 cucharadas de sour cream
- Sal
- Pimienta negra
ELABORACIÓN
- Pela las patatas y córtalas en trozos grandes del mismo tamaño (4–5 cm).
- Ponlas en una olla con agua fría y 1 cucharadita de sal. Hierve durante 15–20 minutos, hasta que estén muy tiernas (cuando al pinchar cuidadosamente con un tenedor, este entre sin resistencia).
- Escurre bien las patatas y devuélvelas a la olla caliente 1 minuto a fuego muy bajo, moviendo, para evaporar el agua.
- Machaca las patatas con prensapatatas o machacador hasta que no queden trozos grandes.
- Incorpora la mantequilla en cubos (a temperatura ambiente) y mezcla hasta que se funda con el calor de las patatas.
- Agrega la leche, previamente calentada, poco a poco hasta obtener un puré cremoso.
- Incorpora el Cheddar rallado gradualmente, mezclando mientras el puré sigue caliente para que se derrita y se integre.
- Mezcla la sour cream al final hasta que el puré quede homogéneo.
- Ajusta al gusto de sal y pimienta.
VERSIÓN HORNEADA DE CHEESY MASHED POTATOES
Como decíamos, en ocasiones se hace una subvariante de esta receta, con un horneado del puré como paso final. Nos referimos a las Baked cheesy mashed potatoes, que normalmente se presentan en una fuente, y que resultan más comunes para grandes celebraciones y reuniones con bastantes comensales. El resultado tras el horneado es un interior igualmente cremoso, pero con una capa superior dorada. El paso a paso sería:
- Coloca el Cheesy mashed potatoes en una fuente de horno ligeramente engrasada con mantequilla y extiéndelo de manera uniforme.
- Espolvorea 60–70 g de Cheddar rallado por la superficie.
- Gratinar u hornear según el caso:
- Si el puré está aún caliente y recién hecho, basta con gratinar 4–5 minutos hasta que el queso se funda y se forme una capa dorada.
- Si el puré se ha preparado con anterioridad y está templado o frío, hornéalo primero 20 minutos a 180°C para que se caliente bien por dentro y, después, gratínalo 2–4 minutos hasta dorar la superficie.
Opcional: Antes de hornear, puedes repartir unos pequeños dados de mantequilla por encima para que la superficie quede más jugosa y sabrosa.
ERRORES HABITUALES A EVITAR
Terminamos con algunos de los errores más comunes a evitar si queremos conseguir los mejores resultados a la hora de hacer este tipo de purés.
Usar batidora o procesador
Es uno de los errores más habituales. Cuando las patatas se baten demasiado, el almidón se libera y el puré se vuelve pegajoso o elástico. Por ello es mejor usar una prensa de patatas, pasapurés o un tenedor.
Añadir la leche fría
Si añades leche directamente de la nevera, esta enfría las patatas, la mantequilla emulsionará peor y la textura quedará menos cremosa. Así que, mejor calentar previamente la leche.
No secar las patatas después de cocer
Después de escurrirlas, las patatas aún tienen mucha humedad. Eso hace que el puré quede algo aguado y, por tanto, menos sabroso. Un truco común es devolverlas a la olla 1–2 minutos al fuego muy bajo para evaporar el agua restante.
Empezar la cocción con agua hirviendo
Mucha gente pone las patatas directamente en agua hirviendo. El problema es que, así, el exterior se cocina antes y el interior queda más duro. Mejor empezar con agua fría y, de esta forma, se cocinan uniformemente.
Cortar las patatas de tamaños diferentes
Si unos trozos son grandes y otros pequeños, algunos se desharán y otros quedarán duros. ¿El resultado? Un puré irregular. Por ello, hay que tratar de cortar los trozos de patata en un tamaño similar.











