El diamante "maldito" de 18.000 millones que enfrenta a reyes y países: la historia del Koh-i-Noor, la joya más polémica del mundo


Pesa 105 quilates, está rodeado de una leyenda que augura desgracias a los hombres y es el centro de una disputa diplomática que Carlos III no ha podido cerrar


La corona de la Reina Madre Isabel, donde está engastado el Koh-i-Noor© Getty Images
Ana Merodio - Redactora senior de actualidad
30 de abril de 2026 a las 15:03 CEST

No es el diamante más grande del mundo. Tampoco el más perfecto. Pero pocos tienen una historia tan fascinante, sangrienta y polémica como el Koh-i-Noor, la joya que hoy forma parte de la Corona británica y que India reclama desde hace décadas.

La piedra ha vuelto a la actualidad después de que el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, dijera que, si tenía ocasión, pediría al rey Carlos III que devolviera el diamante a India. Una frase breve, pero suficiente para reabrir uno de los debates más incómodos de la monarquía británica: ¿a quién pertenece realmente esta joya?

La corona de la Reina Madre Isabel, donde está engastado el Koh-i-Noor, símbolo de poder y controversia© Getty Images
La corona de la Reina Madre Isabel, donde está engastado el Koh-i-Noor, símbolo de poder y controversia

El Koh-i-Noor, cuyo nombre significa "montaña de luz" en persa, está hoy expuesto en la Torre de Londres como parte de las Joyas de la Corona. Pesa 105,6 quilates y se encuentra engastado en la corona de la Reina Madre Isabella corona de la Reina Madre Isabel, madre de Isabel II y abuela del actual monarca. Pero su historia empezó mucho antes de llegar a Reino Unido y está marcada por conquistas, saqueos, reyes destronados y una leyenda inquietante: la de una supuesta maldición que solo afecta a los hombres. Ingredientes más que suficientes como para encandilar o, al menos, despertar la curiosidad, de cualquiera. 

El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, conversa con Carlos III durante su visita oficial, un encuentro marcado por la polémica petición de devolver el diamante Koh-i-Noor a India© Getty Images
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, conversa con Carlos III durante su visita oficial, un encuentro marcado por la polémica petición de devolver el diamante Koh-i-Noor a India

Una joya tan valiosa que ni siquiera tiene precio

El Koh-i-Noor nunca se ha vendido en el mercado, así que su valor real es imposible de calcular. Aun así, algunas estimaciones lo sitúan entre los 900 millones y más de 18.000 millones de euros, una cifra que lo convertiría en una de las gemas más valiosas del mundo si algún día saliera a la venta.

Pero su importancia va mucho más allá del dinero. Lo que lo hace único es su recorrido y la historia que lleva detrás. Durante siglos pasó por manos de emperadores mogoles, shahs persas, gobernantes afganos, maharajás sijs y, finalmente, la monarquía británica.

Su origen exacto sigue siendo un misterio, pero todo apunta a la India del siglo XIII. En esa época, los diamantes no se extraían de minas profundas como hoy, sino que se recogían de ríos secos en la región de Golconda. Ahí debió aparecer esta piedra gigante que dejó a todos con la boca abierta. Hasta hay leyendas hindúes que lo vinculan al Syamantaka, una joya mágica de los cuentos de Krishna que daba riqueza y protección. 

Pero, apareciera donde apareciera, lo cierto es que su hallazgo debió de parecer algo casi sobrenatural: una piedra enorme, luminosa y destinada a convertirse en un símbolo de poder.

El entonces príncipe de Gales, hoy Carlos III, observa la Corona Imperial en la Torre de Londres, donde se custodian las Joyas de la Corona, incluido el controvertido diamante Koh-i-Noor 
© GTRES
El entonces príncipe de Gales, hoy Carlos III, observa la Corona Imperial en la Torre de Londres, donde se custodian las Joyas de la Corona, incluido el controvertido diamante Koh-i-Noor

Del Trono del Pavo Real al saqueo de Delhi

Uno de los primeros grandes escenarios del Koh-i-Noor fue el fastuoso Trono del Pavo Real, construido por el emperador mogol Shah Jahan, el mismo gobernante que mandó levantar el Taj Mahal.

Aquel trono era una exhibición de riqueza casi inimaginable: rubíes, esmeraldas, perlas y diamantes formaban parte de una estructura pensada para mostrar el poder absoluto del Imperio mogol. Allí brillaba también el Koh-i-Noor.

Pero en 1739 todo cambió. El gobernante persa Nader Shah invadió Delhi y se llevó un botín gigantesco. Según algunas crónicas, hicieron falta cientos de elefantes, miles de camellos y miles de caballos para transportar las riquezas robadas.

Fue entonces cuando el diamante abandonó India por primera vez. También fue, según la tradición, cuando recibió su nombre. Al verlo, Nader Shah habría exclamado "Koh-i-Noor": montaña de luz.

Desde ese momento, la joya dejó de ser solo una piedra preciosa más para convertirse en un trofeo de conquista.

El Trono del Pavo Real, símbolo del esplendor del Imperio mogol, estaba decorado con algunas de las gemas más valiosas del mundo, entre ellas el legendario diamante Koh-i-Noor© Getty Images
El Trono del Pavo Real, símbolo del esplendor del Imperio mogol, estaba decorado con algunas de las gemas más valiosas del mundo, entre ellas el legendario diamante Koh-i-Noor

La piedra que pasaba de mano en mano

Tras el saqueo de Delhi, el diamante pasó por territorios que hoy asociamos con Afganistán, envuelto en luchas de poder y cambios violentos de gobernantes. Durante décadas fue propiedad de reyes, caudillos y líderes que lo consideraban mucho más que una joya: era una forma de decir “yo tengo el poder”.

En 1813 regresó a India y acabó en manos del maharajá sij Ranjit Singh, fundador del Imperio sij en el Punjab. Para entonces, el Koh-i-Noor ya era una piedra cargada de leyenda y simbolismo. Quien la poseía no solo tenía riqueza, que eso podían tenerlo muchos, tenía prestigio, autoridad y una conexión simbólica con siglos de poder.

Pero el imperio de Ranjit Singh tampoco sobrevivió mucho tiempo. Tras su muerte, el Punjab se debilitó y los británicos vieron la oportunidad.

El rey Jorge VI y la reina Isabel saludan desde el balcón de Buckingham Palace tras su coronación, en una ceremonia en la que la corona —engastada con el legendario diamante Koh-i-Noor— simbolizaba el poder y la herencia de la monarquía británica© Getty Images
El rey Jorge VI y la reina Isabel saludan desde el balcón de Buckingham Palace tras su coronación, en una ceremonia en la que la corona —engastada con el legendario diamante Koh-i-Noor— simbolizaba el poder y la herencia de la monarquía británica

¿Regalo o botín colonial?

Esta es la gran herida histórica del Koh-i-Noor.

En 1849, tras la anexión del Punjab por parte de la Compañía Británica de las Indias Orientales, el diamante terminó en manos británicas. La versión oficial durante mucho tiempo habló de cesión o regalo. Pero muchos historiadores y voces críticas rechazan esa lectura.

El maharajá que entregó el diamante, Duleep Singh, tenía solo 10 años. Había perdido su reino y estaba rodeado por el poder colonial británico. En virtud del Tratado de Lahore, el Koh-i-Noor fue entregado a la reina Victoria.

Por eso, cada vez que se presenta como un regalo, surge la misma pregunta: ¿puede hablarse realmente de regalo cuando lo entrega un niño rey derrotado, bajo presión militar y política?

La periodista Anita Anand, coautora de un libro sobre el diamante, lo resumió con una frase muy gráfica: no había oído hablar de muchos "regalos" entregados a punta de bayoneta.

La corona con el diamante Koh-i-Noor fue vista por última vez en público en 2002, reposando sobre el féretro de la Reina Madre Isabel durante su funeral de Estado en Londres© Getty Images
La corona con el diamante Koh-i-Noor fue vista por última vez en público en 2002, reposando sobre el féretro de la Reina Madre Isabel durante su funeral de Estado en Londres

Cuando llegó a Londres decepcionó al público

Aunque hoy el Koh-i-Noor es una de las joyas más famosas del mundo, su llegada a Londres no fue tan espectacular como se podría imaginar.

En 1851 se exhibió en la Gran Exposición de Londres. El público esperaba ver una piedra deslumbrante, casi mágica. Pero muchos visitantes se sintieron decepcionados por su aspecto. Incluso hubo quien lo comparó con un simple trozo de vidrio.

Aquello no gustó nada al príncipe Alberto, marido de la reina Victoria, que ordenó retallar el diamante para darle más brillo. El resultado fue una piedra más luminosa, pero mucho más pequeña, pues pasó de unos 186 quilates a los 105,6 actuales.

Desde entonces, el Koh-i-Noor pasó a formar parte del joyero de la monarquía británica. Victoria lo lució como broche y, con el tiempo, fue incorporado a distintas coronas reales.

La maldición que solo afectaría a los hombres

A la historia política del Koh-i-Noor se suma otra capa irresistible: la leyenda de su maldición.

Según la tradición, el diamante trae desgracia a los hombres que lo poseen. Muchos de sus antiguos dueños perdieron el trono, fueron derrotados, encarcelados o asesinados. La leyenda sostiene que solo un dios o una mujer pueden llevarlo sin sufrir sus consecuencias.

Casualidad o estrategia, desde que llegó a Reino Unido el Koh-i-Noor ha sido usado por mujeres de la realeza. Se incorporó a la corona de la reina Alejandra, después a la de la reina María y finalmente a la corona de la Reina Madre Isabel, fabricada para la coronación de Jorge VI en 1937.

Su última gran aparición pública fue en 2002, cuando la corona reposó sobre el ataúd de la Reina Madre durante su funeral.

Una modelo india presenta una réplica del diamante Koh-i-Noor durante una exhibición en Calcuta en 2002© Getty Images
Una modelo india presenta una réplica del diamante Koh-i-Noor durante una exhibición en Calcuta en 2002

Por qué Camila no lo llevó en la coronación de Carlos III

Cuando Carlos III fue coronado en 2023, muchos se preguntaron si la reina Camila llevaría la corona de la Reina Madre, en la que está montado el Koh-i-Noor, pero, finalmente no lo hizo.

La decisión fue interpretada como una forma de evitar un conflicto diplomático, especialmente con India. En lugar de utilizar el diamante más polémico de las Joyas de la Corona, Camila lució otra corona adaptada con diamantes vinculados a Isabel II.

El gesto no fue menor. En una ceremonia llena de símbolos, dejar fuera el Koh-i-Noor era reconocer, aunque fuera de manera indirecta, que la joya sigue siendo demasiado incómoda.

En la coronación de Carlos III, la reina Camila optó por llevar la corona de la Reina María de Teck, bisabuela del monarca, utilizada originalmente en 1911 durante la coronación de Jorge V, evitando así el uso del controvertido Koh-i-Noor© Getty Images
En la coronación de Carlos III, la reina Camila optó por llevar la corona de la Reina María de Teck, bisabuela del monarca, utilizada originalmente en 1911 durante la coronación de Jorge V, evitando así el uso del controvertido Koh-i-Noor

India no es el único país que lo reclama

India ha pedido reiteradamente la devolución del Koh-i-Noor, al considerarlo una pieza sustraída durante el dominio colonial británico. Para muchos indios, el diamante no es solo una joya: es un símbolo del saqueo imperial.

Pero la disputa es todavía más compleja. Pakistán, Afganistán e Irán también han reivindicado en algún momento du propiedad, ya que el diamante pasó por manos de gobernantes vinculados a esos territorios.

Reino Unido, por su parte, sostiene que fue adquirido legalmente mediante el Tratado de Lahore. Sus críticos responden que esa explicación ignora el desequilibrio de poder propio del colonialismo.

Y ahí está el verdadero conflicto: ya no se trata solo de una superjoya, sino de una forma de mirar la historia, generando inevitablemente esta pregunta: ¿deben los museos y las monarquías devolver piezas obtenidas durante conquistas, guerras o dominación imperial?

Más de siglo y medio después de llegar a Londres, el Koh-i-Noor sigue brillando en la Torre de Londres. Pero su resplandor ya no habla solo de lujo, sino también de conquista, memoria y reparación.

Para Reino Unido, forma parte de las Joyas de la Corona. Para India, es una pieza de su historia arrebatada durante el periodo colonial. Para otros países, también es parte de su pasado. Y para millones de visitantes, continúa siendo una de las gemas más fascinantes y misteriosas del mundo.