El cine español vive un momento histórico. Los Javis han conseguido que su último proyecto, La bola negra, traspase fronteras y conquiste al público y a la crítica. Con más de 5,5 millones de espectadores, el filme se ha convertido ya en la tercera cinta nacional más taquillera de todos los tiempos, mientras continúa su carrera hacia los Oscar y suma reconocimientos internacionales.
Un éxito que también celebra su gran amiga y musa, Ana Belén, que no ha dudado en deshacerse en elogios, orgullosa de la película: "Con ellos, voy con todo". Sin embargo, en medio de este entusiasmo generalizado, una prestigiosa e inesperada voz al otro lado del charco ha irrumpido con una opinión diferente y una crítica demoledora.
Mientras el mundo aplaude esta hazaña cinematográfica, la prestigiosa revista estadounidense The New Yorker ha alzado una voz radicalmente opuesta. A pesar del cariño del público, su crítico de cabecera, el ganador del Pulitzer Justin Chang, ha firmado una severa reseña que contrasta con la euforia general. Para el experto, la cinta peca de "insustancialidad" y, alejándose de los elogios, la sentencia de forma tajante: "No es un monumento, es un fracaso".
La tajante crítica
Chang desmenuza la trama describiéndola como una "tediosa ficción para fans" y una "epopeya desmesuradamente recargada". En su escrito, lamenta que "los dramas de la represión y la liberación homosexual se entrelazan de manera más simplista que esclarecedora". El periodista percibe la obra como "un frenesí hipercontrolado de corte transversal", apuntando que "las complejidades humanas no se exploran, se solucionan, como una prueba matemática". Con un tono reflexivo, se pregunta: "Pero, ¿qué se está probando aquí, exactamente? ¿La universalidad del sufrimiento? ¿La magia de la edición?".
Además, define el perfil de sus creadores asegurando que "son, en el fondo, románticos de la vieja escuela, sensibles a la emocionante tentación de lo prohibido y, por consiguiente, escépticos ante la era moderna y sus beneficios". Todo resulta, bajo su particular mirada, en "un trauma repetitivo alejado de la psicología, gestos descoordinados desprovistos de significado". Incluso critica su aproximación al mítico poeta andaluz, indicando que el filme "se engancha al manto de otro gigante literario queer, Federico García Lorca", pero "no le rinden homenaje, intentan superarlo".
El veredicto sobre el reparto
El maravilloso elenco de la película tampoco escapa a su detallado análisis. Aunque aplaude a Miguel Bernardeau por resultar "intensamente carismático en su interpretación de Rafael, un hombre físicamente frágil, pero espiritualmente fortalecido", es mucho más duro con Guitarricadelafuente, de quien asegura que "se conforma con mirar directamente perplejo". Sobre el impecable trabajo de Carlos González, opina que el actor "no puede trascender la función pasiva y de resolución de rompecabezas".
Afortunadamente, las mujeres del reparto corren mejor suerte a ojos del crítico, destacando sus personajes "cuyos papeles adquieren mayor relevancia gracias a una concentración estratégica del poder estelar, casi propia de grandes divas". Así, define a nuestra querida Penélope Cruz como "una maravilla descarada y provocadora", celebra que la gran Glenn Close "consigue elevarse por encima de la mediocridad de la escritura", y ensalza el talento de Lola Dueñas, capaz de "dar voz a una furia hirviente e inconsolable".








