El amor y el dolor se complementan y guían, mueven y cambian el mundo. Como mecanismo de escape ante la tristeza y la gloria, desde tiempos inmemorables existe el arte. Para Frida Kahlo, la pintura no fue solo una forma de expresión, sino la manera de reconstruirse una y otra vez frente a la adversidad. Su vida estuvo marcada por el dolor desde la infancia. A los seis años sufrió poliomielitis, pero fue un devastador accidente de autobús, con apenas dieciocho años, el que cambió su destino para siempre.
Una barra metálica atravesó su pelvis y le provocó graves lesiones en la columna vertebral, teniendo que someterse a más de 30 cirugías y provocándole dolor crónico que la acompañaría hasta el final de sus días. Durante las largas temporadas de convalecencia encontró en los lienzos en blanco y la pintura una forma de huir y salir de su nube gris de de eterno dolor. Comenzó a pintarse a sí misma con la ayuda de un caballete y un espejo entre colores llamativos que camuflaban su expresión de tristeza y reflejaban la fuerza de una mujer que convirtió el sufrimiento en varias de las obras más influyentes de la historia del arte.
La exposición que ha vuelto a poner a Frida Kahlo en el centro de todas las miradas
A partir de ese instante, el arte acompañó a Frida durante cada etapa de su vida, convirtiéndose en una artista respetada en su círculo y logrando un éxito moderado en vida. Sin embargo, éxito global llegó tras su muerte y comenzó a expandirse en la década de los 70 gracias al movimiento feminista.
Hoy en día el mundo sigue conectando con las obras de la artista. Prueba de ello el éxito de la venta anticipada de más de 40.000 entradas para ver Frida: The Making of an Icon en el Tate Modern de Londres, una exposición que muestra cómo la artista pasó de ser pintora a un fenómeno cultural global a través de sus obras y objetivos personales. Una prueba de que la gran artista mexicana sigue conquistando corazones alrededor del mundo. Pero, ¿cómo fue la vida de Frida?
Dolor y gloria, la vida personal de Frida: matrimonio con Diego Rivera y 20 años de diferencias
Aunque Frida pasó gran parte de su vida recuperándose, lidiando con el dolor y las múltiples cirugías, su vida dio para mucho. Tan solo tres años después de su accidente, conoció a Diego Rivera. Ella ya comenzaba a abrirse camino como pintora y él era un artista consagrado. Se enamoraron y formalizaron rápidamente una de las relaciones más apasionadas y complejas del mundo del arte. Su primera boda fue en 1929 -tan solo un año después- ella tenía 22 años y él 42. Su diferencia de edad fue cuestionada, sobre todo por el cínculo más íntima de la artista, despertando dudas en su propia madre, Matilde Calderón de Kahlo, que definió la unión como la de “un elefante y una paloma”.
Su amor fue intenso, marcado por una profunda admiración artística, pero también por las continuas infidelidades de ambos. Una relación llena de contradicciones, subidas y bajadas, que causó un profundo dolor en Frida cuando entre sus infidelidades, descubrió que Diego sostenía un romance con Cristina Kahlo, su hermana menor. Tras ello Frida se sumergió en una profunda depresión que dejó una huella imborrable en su vida y obra, siendo este el primer paso hacia su divorcio de 1939. Tras ello, volvieron a casarse tan solo un año después permaneciendo juntos hasta que Frida murió en 1954, a sus 45 años.
Un amor en el que pese a las diversas crisis, compartían el amor por el arte y por la obra del otro, admiración mutua e ideales políticos. Por desgracia, en muchas ocasiones para el público la artista mexicana pasó a ser “la esposa de Diego Rivera”, algo que cambiaría radicalmente con el paso del tiempo.
Los cuadros que explican por qué Frida Kahlo convirtió el dolor en arte
Mucho más allá de su historia de amor, su dolor y su drama, -y aunque no en vida- Frida pasó a ser una de las artistas más consagradas y reconocidas del siglo XX. Su obra representó una historia que atravesó el corazón de admiradores alrededor del mundo. De las 140 obras que aproximadamente pintó la artista, más de 50 fueron autorretratos, pintando y enfrentándose al dolor de su propia imagen.
Entre sus pinturas más conocidas, destacan Las dos Fridas, realizada en el año de su divorcio; La columna rota, en la que aparece con una columna fracturada sostenida por el corsé ortopédico que durante tantos años de su vida le acompañó; y Henry Ford Hospital, un impactante cuadro donde plasmó el dolor que pasó por un aborto espontáneo cuando su bebé tenía tres meses de gestación. Obras que relatan con total vulnerabilidad los acontecimientos más dolorosos e impactantes de su vida.
El “armario” de Frida que se abrió medio siglo después de su muerte
Tuvieron que pasar nada más y nada menos que 50 años desde su fallecimiento para que decidieran abrir las puertas del baño de la Casa Azul y descubrir así multitud de pertenencias de la artista. Tras su muerte, Diego ordenó que varias habitaciones de la casa donde Frida nació, vivió y falleció permanecieran cerradas con llave e inaccesibles para siempre. Hoy, cuando se cumplen 109 de su nacimiento, contamos qué piezas históricas vieron la luz aquel año 2004.
Salieron a la luz más de 300 prendas, entre las piezas más sorprendentes se encontraban los vestidos tradicionales tehuanos, los huipiles bordados y largas faldas.
También algunos de los objetos más personales de la pintora. Un pintalabios de Revlon en el tono Everything’s Rosy y un lápiz negro para remarcar sus características cejas. También varios de sus corsés ortopédicos, personalizados con dibujos de colores y símbolos.
Junto a ellos, la prótesis que utilizó tras la amputación de su pierna derecha en 1953, rematada con una llamativa bota de cuero rojo decorada con bordados y pequeños cascabeles, convertida hoy en una de las piezas más emblemáticas de la artista. Más allá del valor histórico de estos objetos, el descubrimiento pudo mostrar un lado más íntimo aún, si cabe, de su vida al resto del mundo.
¿Por qué Frida Kahlo sigue conquistando al mundo más de 70 años después?
Pocas artistas pueden presumir de seguir despertando la misma admiración décadas después de su muerte. Sin proponérselo, Frida Kahlo se convirtió en un símbolo de fortaleza, autenticidad y libertad creativa. Quizá por eso su historia se ha convertido en un legado universal que inspira a personas alrededor del mundo. Sus obras, la forma en la que realizó una metamorfosis eterna de su dolor, y su estilo caracterizado por sus grandes cejas, trenzas y flores de colores que traían luz a su rostro, será eterno dentro y fuera del mundo del arte.




















