Pocas figuras del cine pueden presumir de llegar a los 100 años manteniendo intacta su pasión por la creación. Así celebra Mel Brooks su centenario, con una trayectoria de más de ocho décadas dedicadas al arte y al entretenimiento, que han marcado un antes y un después en la historia de la comedia en el cine, teatro y la televisión. Un legado que, en este centenario, invita a recordar su visión: quizá tomarse la vida con humor sea una de las verdaderas claves de la longevidad.
Ganador de un Oscar, varios Emmy, Grammy y premios Tony, el director, actor, guionista y productor continúa vinculado a nuevos proyectos, demostrando que la creatividad no entiende de edad. Pero detrás del hombre que hizo reír a millones de espectadores hay una historia de superación, pérdidas, talento y perseverancia que comenzó muy lejos de los focos de Hollywood.
La infancia que forjó el carácter de un niño destinado a hacer historia
Nacido en Brooklyn en el seno de una familia judía de origen europeo y su verdadero nombre es Melvin Kaminsky. Su infancia no fue fácil, ya que estuvo marcada por la pérdida de su padre cuando él tenía apenas dos años, obligando a su madre a sacar adelante a sus cuatro hijos.
Durante su adolescencia trabajó en diversos empleos mientras comenzaba a actuar como animador en hoteles de la región de Nueva York. Con apenas 17 años, la Segunda Guerra Mundial interrumpió cualquier plan de futuro. Mel Brooks fue llamado a filas y sirvió en el Ejército de Estados Unidos, una experiencia que le dejó marcado para siempre.
A pesar de las circunstancias, años después contaría como el humor entre soldados fue su herramienta más poderosa para lidiar con los conflictos y mantener la moral del grupo. Así es como, incluso en un contexto totalmente alejado, su humor comenzaría a desarrollarse y convertirse en una de sus mejores cualidades en la cotidianidad y frente a las adversidades.
Pasión por el mundo del entretenimiento
Terminada la guerra, regresó a Nueva York con una idea clara: quería dedicarse al mundo del entretenimiento. Comenzó escribiendo chistes para humoristas y colaborando en programas de radio hasta que, poco a poco, empezó a hacerse un nombre como guionista. Su gran oportunidad llegó a principios de los años cincuenta cuando formó parte de Your Show of Shows, un programa que marcó la historia de la televisión estadounidense.
En 1965 creó, junto al guionista Buck Henry, la serie Superagente 86 (Get Smart), una parodia del cine de espías que triunfaba entonces gracias al fenómeno James Bond. Esto confirmó que Brooks tenía una habilidad extraordinaria para convertir cualquier género cinematográfico en una comedia brillante.
Su llegada a Hollywood y las películas que convirtieron a Mel Brooks en el gran maestro de la comedia. Ese éxito televisivo le abrió definitivamente las puertas de Hollywood. Apenas dos años después debutaría como director de cine con Los productores (1967), una comedia que le hizo ganar el Oscar al Mejor Guion Original y, lo más importante, el público descubrió por primera vez el inconfundible universo de Mel Brooks. Su gran año llegaría en 1974, cuando estrenó dos películas que hoy figuran entre las mejores comedias de todos los tiempos.
Por un lado, Sillas de montar calientes (Blazing Saddles), y por otro lado El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein), un homenaje respetuoso y ingenioso a los clásicos de terror. El resultado fue una obra que sigue conquistando a nuevas generaciones más de cincuenta años después y que demuestra que ningún género es intocable.
Anne Bancroft, la gran historia de amor que marcó su vida dentro y fuera de los focos
El director ha estado casado en dos ocasiones. La primera, con Florence Baum entre entre 1951 y 1962, cuando decidieron divorciarse. Sin embargo, Si hubo una persona que marcó la vida de Mel Brooks, esa fue Anne Bancroft. Mel conoció a la actriz y el cineasta en 1961 y quedó completamente fascinado desde el primer instante. Su amor por el arte y el sentido de humor como lenguaje común les unió desde el primer momento. Se casaron en 1964 y permanecieron juntos durante más de cuatro décadas, hasta el fallecimiento de la actriz en 2005.
El duelo que el director atravesó con la muerte del amor de su vida fue muy doloroso, y en diferentes ocasiones confesó que nunca dejaría de echarla de menos. En una industria donde las relaciones suelen estar sometidas a una enorme presión, su matrimonio se convirtió en un ejemplo de estabilidad, complicidad y admiración mutua. Lejos de abandonar su trabajo por su inmensa tristeza, Brooks encontró precisamente en la creación una forma de seguir adelante.
Fruto de su matrimonio nació su hijo, Max Brooks, escritor de éxito. Además, Mel Brooks mantuvo una estrecha relación con la hija que Anne Bancroft había tenido en un matrimonio anterior.
El EGOT: El exclusivo club al que pertenece gracias a una carrera irrepetible
A lo largo de su trayectoria, Mel Brooks ha recibido algunos de los mayores reconocimientos. Sin embargo, hay uno que resume mejor que ningún otro la dimensión de su legado y es que forma parte del reducido grupo de personalidades que han conseguido el EGOT. Este es un acrónimo reservado a quienes han ganado un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony, los cuatro premios más importantes de la industria del entretenimiento estadounidense. Solo una veintena larga de artistas ha alcanzado este logro.
A estos galardones se añaden otras distinciones como el Kennedy Center Honors, el Premio del Instituto Americano del Cine (AFI Life Achievement Award), entre otros, que confirman una vez más que es uno de los creadores más influyentes del último siglo.
¿Cuál es el secreto de Mel Brooks para seguir trabajando a los 100 años?
Según el propio Mel Brooks, "la mejor forma de mantenerse joven es sentir curiosidad". Este sentimiento y el amor profundo hacia su profesión y todo lo que la envuelve, ha hecho que en su novena década siga implicado en numerosos proyectos como la secuela de Spaceballs, que saldrá en 2027 y supondrá el regreso de una de las comedias más queridas de los años ochenta.
Mel no ha dudado en dejar de estar accesible a su público, así es como en 2021 publicó sus memorias All About Me! My Remarkable Life in Show Business y en enero de este año la serie documental titulada Mel Brooks: The 99 Year Old Man con dos episodios que repasan toda su trayectoria.
Por qué es clave su legado: Aquel soldado que regresó de la guerra y cambió la historia del cine
Su cine rompió barreras al atreverse a tratar temas que parecían intocables, siempre desde el respeto y la convicción de que el humor podía ser una poderosa herramienta para desmontar el fanatismo, los prejuicios o los abusos de poder. Esa mirada, tan personal como valiente, explica por qué títulos como El jovencito Frankenstein, Sillas de montar calientes o Los productores siguen ocupando un lugar privilegiado en la historia del séptimo arte.
Pero quizá su mayor logro se encuentre en la capacidad de hacer reír a personas de distintas generaciones, demostrando que las buenas historias nunca pasan de moda. Al cumplir 100 años, aquel niño de Brooklyn que encontró en el humor una forma de sobreponerse a la adversidad terminó conquistando Hollywood, transformando la comedia y dejando una huella imborrable en el cine, el teatro y la televisión.
Las 5 películas imprescindibles para descubrir a Mel Brooks
- El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein)
- Los productores (The Producers)
- Sillas de montar calientes (Blazing Saddles)
- La loca historia del mundo (History of the World, Part I)
- Las locas, aventuras de Robin Hood (Robin Hood: Men in Tights)





















