Descubrimos a Mafalda Cardenal, la nueva voz de la canción: música, amor y estilo


Nos habla de su próximo disco, su relación con antón carreño (taburete) y su idilio con la moda: “me encanta ir mona, arreglarme y sentirme divina sobre el escenario”


27 de junio de 2026 a las 15:17 CEST

Con solo 24 años, la cantautora que conquistó al público convirtiendo el desamor en un fenómeno viral estrena nueva era. Tras vaciar el alma en su álbum de debut, “Mis Notas de Voz”, Mafalda Cardenal regresa dispuesta a demostrar que la madurez también se puede bailar. Lo hace en un momento de absoluta plenitud: con un sonido renovado que agitará el panorama nacional de cara a su próximo disco en octubre y con el corazón contento, compartiendo su camino sentimental junto a Antón Carreño, integrante de Taburete, con quien no solo compone mano a mano, sino que ha llegado a compartir la magia del escenario. Pero su autenticidad no solo se escucha; también se viste. Abanderada del “menos es más” en su día a día, la artista da un salto de gigante convirtiéndose en su propia diseñadora y confeccionando a mano esos magnéticos vestidos con los que brilla con luz propia. Hablamos con la compositora del momento sobre el amor, la moda y el vértigo de una carrera que avanza con paso firme.

Para empezar a entender este viaje, estás en plena gira de festivales, con la emoción de haber cerrado “Mis Notas de Voz Tour” en Ciudad de México y, además, acabas de lanzar “Creo que te quiero”, el segundo “single” de tu nuevo proyecto. ¿En qué momento vital te encuentras ahora mismo entre tanta intensidad?

—Pues, la verdad, ya con muchas ganas de vacaciones (risas). Pero está siendo una etapa increíble. Venimos de cerrar la gira y ahora estamos metidos de lleno en los festivales de verano. Además, sacar “Creo que te quiero” y ver la reacción de la gente está siendo precioso.

Al estar inmersa en esa adrenalina de los festivales de verano, ¿qué es lo que más te sigue sorprendiendo cuando sales a cantar en directo?

—Nunca deja de sorprenderme la manera en la que el público grita las canciones y cómo las hace suyas. Sentirte tan acompañada y ver que no estás sola es algo mágico. Además, la mayoría de los temas de este disco nacieron desde el desamor y la tristeza, los escribí en mi momento más bajo. Ahora, afortunadamente, ya no estoy nada así.

Esa lección de que no hace falta estar siempre triste se nota ya en tus adelantos. Al hilo de esta evolución, ¿qué representan para ti tus nuevos sencillos, “Canción de amor” y “Creo que te quiero”?

—Representan el inicio de una nueva era. Lo divertido es que, por los títulos, parece que las dos canciones hablan de lo mismo, pero en realidad son superdistintas entre sí. Creo que es una propuesta muy fresca. A ver, no estoy inventando la pólvora, pero sí es verdad que ahora mismo no escucho este tipo de sonido dentro del panorama español. Pero, sin duda, el cambio más notorio es que ahora son canciones de amor y ya no de desamor.

Un mar de dudas

Mirando ese contraste tan claro, todo este viaje comenzó en realidad con “Mis Notas de Voz”, un proyecto sumamente íntimo. ¿Qué ha cambiado en ti tras compartir con el mundo un disco tan personal?

—Lo principal es que, como te decía, ¡ya no estoy nada triste! (risas). La verdad es que este disco nació de una forma totalmente genuina; siempre digo que empecé a escribirlo casi sin querer. Jamás, ni en mis mejores sueños, imaginé que los audios y pensamientos que guardaba en el móvil terminarían convertidos en un disco. Tener tu propio diario de juventud convertido en un álbum en Spotify es algo sumamente especial y emocionante.

Si volvemos la vista al inicio de todo, antes de que esos audios se hicieran públicos, ¿recuerdas el momento exacto en el que la música dejó de ser un “hobby”?

—Por suerte, y gracias a Dios, sigue siendo mi gran “hobby”; lo que pasa es que ahora, además, tengo la suerte de que sea mi trabajo. Ojalá pueda decir esto toda la vida y nunca me canse. Pero sí recuerdo perfectamente el punto de inflexión. Yo terminé la carrera de Administración y Dirección de Empresas y me gradué en junio. Justo en ese momento estaba en un mar de dudas, sin saber si meterme en una oficina o apostarlo todo por cantar. En mayo, en plenos exámenes, había sacado una canción llamada “Tu fan”. Como no tuve tiempo de hacerle promoción, solo subí una historia a mis redes y me olvidé. De repente, en septiembre, el tema se hizo superviral. Me acuerdo perfectamente de decirme a mí misma: “Vale, esto es una señal”. Fui a pedirle consejo a mi madre, de quien me fío ciegamente. Ella siempre ha sido superrecta con los estudios, una mujer muy seria, así que cuando me miró y me dijo: “Tienes que dedicarte a la música, ¿sabes el regalo que te acaba de pasar?”, no lo dudé. Nos dimos un año de margen; si no funcionaba, me metería en una oficina. De eso hace ya tres años y no puedo estar más feliz de la decisión que tomé.

Es evidente que ese apoyo y esa autenticidad te han mantenido con los pies en la tierra. Cuando echas la vista atrás y escuchas tus primeras canciones, ¿qué ves de la Mafalda de aquel momento?

—En realidad, veo a la misma de ahora; solo que un poco más joven y más pequeña. Yo empecé a escribir canciones por los cumpleaños de mis amigas. Me acuerdo perfectamente de cuando íbamos a cumplir 16 años: se acercaba el cumple de mi amiga Paula, yo no tenía regalo ni sabía qué hacerle, y se me ocurrió intentar componerle algo. Me salió solo, fue rapidísimo y quedó una canción bastante graciosa; ahí fue cuando comprendí que se me daba bien. Poco después me rompieron el corazón por primera vez, empecé a escribir sobre eso y, desde entonces, no he parado. De hecho, la primera canción seria que compuse y saqué se llama “Para que me cantes en el coche”. A día de hoy la sigo cantando en directo; es el tema con el que cerramos los conciertos y a la gente le fascina.

De lo más normal

Esa timidez e inocencia de los inicios contrasta con la intensidad que pones en tus letras actuales. Quitando la faceta artística, ¿cómo eres en tu día a día, cuando nadie te está viendo?

—La gente siempre se imagina que soy una chica triste y que me paso el día llorando por los rincones porque mis canciones tienen ese tono, pero nada más lejos de la realidad (risas). Soy una persona inherentemente feliz; me encanta serlo y considero que se me nota. Soy superpositiva y es verdad que a veces a la gente le choca y me pregunta: “¿Cómo puedes escribir letras tan desgarradoras si luego no eres así?”. Yo siempre respondo lo mismo: lo que pasa es que todo lo siento con muchísima intensidad. Cuando estoy feliz, soy la más feliz del mundo, y cuando me toca estar triste, lo estoy de verdad. Pero en mi vida cotidiana soy muy optimista; me apasiona estar con mis amigas, disfrutar de mi familia, de la gente que quiero. Al final, soy una persona de lo más normal.

Precisamente por ser una persona tan normal, entre tanta exposición, viajes y un ritmo tan vertiginoso en la industria, ¿qué es lo que necesitas para desconectar y volver a ti misma?

—Necesito la playa. Me da muchísima paz estar tranquila frente al mar. Y, aunque suene curioso, ¡me apasiona hacer crucigramas y autodefinidos! Es algo que me flipa, los hago todo el tiempo. En este trabajo estás constantemente rodeada de gente, todo el día acompañada, por lo que también he aprendido a disfrutar mucho de la soledad. Hay veces que llego a casa tras una racha intensa y solo pienso: “Quiero estar tranquila, sola y sin hablar con nadie”. Para mí, el verdadero lujo es ese silencio. Después, por supuesto, me refugio en mis amigas de siempre y, aunque parezca una locura, sigo tocando la guitarra en mi tiempo libre por puro placer. Al final, mi cable a tierra son las cosas más sencillas.

¿Consigues mantener algún tipo de rutina para no perder el equilibrio?

—Es que con este trabajo es verdaderamente difícil tener algún tipo de rutina; la realidad es que no existe. No hay dos días iguales en mi vida. Siempre me preguntan: “¿Y cómo es un martes normal para ti?”, y nunca sé qué responder, porque cada semana cambia por completo. Así que, si te soy sincera, mi única rutina es no tener ninguna. He aprendido a fluir con el caos del día a día y a disfrutar de la sorpresa que trae cada jornada.

“me gusta muy poco escuchar música”

Fluyendo con ese caos y teniendo claro que necesitas momentos de silencio rotundo… siendo la música tu vida, ¿eres de las que la escucha también en su tiempo libre?

—Sé que va a sonar un poco raro, pero prefiero el silencio; me gusta muy poco escuchar música en mi día a día para ser cantante (risas). En realidad, paso más tiempo escuchando mis propias maquetas y los proyectos que tengo a medias que música en Spotify.

Esa intimidad musical la gestionas sola, pero en medio de toda esta vorágine profesional, también está tu vida personal. Compartes camino con Antón Carreño, que también vive la música desde dentro. ¿Cómo se gestiona una relación cuando los dos compartís la misma industria?

—Pues se vive muy bien, la verdad. Imagino que, como ocurre en cualquier otra profesión, el hecho de que la persona con la que compartes tu vida entienda perfectamente tu ritmo, tu rutina y tu día a día, siempre es un punto a favor y ayuda muchísimo. Estoy en un momento muy feliz; nos llevamos de maravilla y nos apoyamos en todo. Al final, tener a alguien al lado que habla tu mismo idioma es una suerte.

De hecho, ese apoyo mutuo y esa sintonía se hicieron evidentes cuando Antón subió al escenario en uno de tus conciertos para cantar juntos “Color Estival”.

—Fue un momento verdaderamente bonito. Quería regalarle algo único a la gente en ese concierto de La Riviera, que además era el más grande que habíamos hecho hasta la fecha. Antón y yo componemos muchísimo cuando estamos juntos y, curiosamente, escribimos esa canción apenas una semana antes del “show”. Se me ocurrió preguntarle si quería cantarla conmigo, me dijo que sí al instante y fue mágico. Me pareció un gesto precioso hacia mi público: el poder darles una sorpresa especial y, al mismo tiempo, compartir de una forma natural un pedacito de mi vida y de mi felicidad con ellos.

Más allá de las colaboraciones en el escenario, en tus conciertos e imágenes siempre se nota una estética muy cuidada. ¿Qué lugar ocupa la moda en tu vida?

—A mí la moda me fascina de siempre. Es algo real: los días que voy bien vestida, ¡estoy muchísimo más feliz! (risas). De hecho, compré las telas para los vestidos de esta gira y se la las llevé a un costurero para que me los hiciera. Ha sido una experiencia increíble y me hace mucha ilusión porque la gente siempre me pregunta en redes que de dónde son los diseños o que si se pueden comprar. Así que sí, confieso que soy supercoqueta; me encanta ir mona, arreglarme y sentirme divina sobre el escenario.

Y bajando del escenario, ¿cómo definirías tu estilo personal?

—En mi día a día soy superbásica. Defiendo firmemente el lema de que menos es más y, sobre todo, creo que la ropa te tiene que sentar bien a ti, más allá de lo que dicten las revistas. El tema de las tendencias lo llevo a mi terreno: si hay una moda que no me gusta o sé que no me favorece, no me la pongo. Por ejemplo, sé que los pantalones de tiro alto no me quedan bien, así que no los voy a usar por mucho que se lleven. Mi estilo no ha cambiado apenas con los años; soy feliz con unos buenos vaqueros, una camiseta de calidad y unas bailarinas. Con eso voy comodísima. Además, en el día a día no soy de recargarme con muchas joyas: unos buenos pendientes, mi reloj y lista.

Con esa apuesta tan marcada por la sencillez y la comodidad, ¿qué prendas son las que jamás pueden faltar en tu maleta?

—Mi maleta está perfectamente dividida en dos mundos. Por un lado, va la parte más espectacular: los vestiditos divinos con brilli-brilli que me pongo para los conciertos y, por supuesto, mis botas “cowboy”, que son un imprescindible sobre el escenario. En cambio, por el otro lado, va mi uniforme para el día a día: una buena colección de vaqueros de diferentes estilos, camisetas básicas y mis inseparables bailarinas.

Para cerrar este viaje y mirando al horizonte que tienes por delante, Mafalda… Si tu “yo del futuro” dentro de diez años pudiera enviarte ahora mismo un único audio de WhatsApp, ¿qué crees que te diría para sorprenderte o darte paz en este momento de tu vida?

—Creo que, en realidad, mi “yo del futuro” no querría enviarme nada, porque si lo hiciera, igual cambiaría el destino o el curso de la historia y ya no pasaría nada de lo que tiene que pasar. Pero si de verdad decidiera mandarme ese audio, estoy segura de que me diría que no me agobie tanto, que todo pasa exactamente cuando tiene que pasar y que, al final, todo va a salir bien.

DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO
DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO

“Por suerte, y gracias a Dios, la música sigue siendo mi gran 'hobby'; lo que pasa es que ahora, además, tengo la suerte de que sea mi trabajo. Ojalá pueda decir esto toda la vida y nunca me canse”

DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO
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“La gente se imagina que soy una chica triste y que me paso el día llorando por los rincones porque mis canciones tienen ese tono, pero nada más lejos de la realidad”

DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO
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“El hecho de que la persona con la que compartes tu vida entienda perfectamente tu ritmo, tu rutina y tu día a día, siempre es un punto a favor y ayuda muchísimo”

DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO
DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO

“El tema de las tendencias lo llevo a mi terreno: si hay una moda que no me gusta o que no me favorece, no me la pongo. Por ejemplo, los pantalones de tiro alto”

DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO
DESCUBRIMOS A MAFALDA CARDENAL LA NUEVA VOZ DE LA CANCIÓN: MÚSICA, AMOR Y ESTILO

“Nunca imaginé que los audios y pensamientos que guardaba en el móvil terminarían convertidos en un disco. Tener tu propio diario de juventud en Spotify es algo sumamente especial”

Texto: ENRIQUE J. SUEROFotografía: JAVIER LÓPEZEstilismo: MARÍA PARRA

IZQUIERDA: collar de Jirula

joyas: Molliane

anillo, pulsera y “earcuff” de Molliane

ASISTENTE DE ESTILISMO: BLANCA ALÉS-PALOP / ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: SHEILA VELASCO / MAQUILLAJE Y PELUQUERIÁ: FELIX