Cuando Mario Vaquerizo habla de dinero, suele hacerlo con la misma naturalidad con la que habla de música, televisión o moda. Sin embargo, detrás de su imagen desenfadada y su carácter extravagante se esconde una faceta mucho menos conocida: la de inversor inmobiliario. A lo largo de más de dos décadas, el líder de Nancys Rubias ha construido discretamente un patrimonio que hoy está valorado en varios millones de euros y que le garantiza una jubilación más que cómoda.
"Creo en el ladrillo"
Lejos de apostar por inversiones complejas o productos financieros sofisticados, Vaquerizo siempre ha defendido una filosofía muy clara. "Creo en el ladrillo", ha repetido en varias ocasiones. Una máxima que ha guiado gran parte de sus decisiones económicas y que explica cómo ha conseguido levantar uno de los patrimonios inmobiliarios más llamativos entre los rostros conocidos de la televisión española.
Un imperio que comenzó hace más de 20 años
La historia de este particular imperio comenzó hace más de veinte años, cuando Mario y su mujer, Alaska, adquirieron su primera vivienda en el centro de Madrid. Lo que inicialmente era una compra residencial acabó convirtiéndose en el inicio de una estrategia de inversión tan constante como discreta. Desde entonces, la pareja ha ido ampliando sus propiedades hasta reunir una importante cartera de inmuebles en algunas de las zonas más cotizadas de la capital.
En pleno centro de Madrid
El corazón de su patrimonio se encuentra en pleno centro de Madrid, muy cerca de la Gran Vía y de la plaza de Callao. Allí, en un edificio histórico construido a comienzos del siglo XX, Vaquerizo ha ido adquiriendo diferentes viviendas con un objetivo que va mucho más allá de la inversión tradicional. Según ha explicado él mismo, su sueño es llegar a controlar la totalidad del inmueble para transformarlo algún día en un pequeño hotel familiar.
Su proyecto de futuro
La operación resulta especialmente llamativa porque no se trata de una única vivienda, sino de varias propiedades repartidas dentro del mismo edificio. Con el paso de los años, el artista ha ido comprando distintos apartamentos hasta convertirse en propietario de una parte significativa del bloque. Incluso llegó a adquirir la antigua portería para convertirla en un espectacular vestidor, una muestra de cómo ha ido adaptando los espacios a sus necesidades sin perder de vista su proyecto de futuro.
Su ático en Madrid, una auténtica joya urbana
Pero la Gran Vía no es el único escenario de sus inversiones. Mario y Alaska también poseen otras propiedades en Madrid que complementan su patrimonio. Entre ellas destaca un ático con una amplia terraza privada en una de las zonas más céntricas de la ciudad, una característica especialmente valorada en el mercado inmobiliario madrileño. La combinación de ubicación privilegiada y espacios exteriores convierte este tipo de viviendas en auténticas joyas urbanas.
La casa de Boadilla del Monte
A estas propiedades urbanas se suma una vivienda situada en Boadilla del Monte, uno de los municipios residenciales más exclusivos de la Comunidad de Madrid. Allí la pareja disfruta de un entorno mucho más tranquilo y alejado del ritmo frenético del centro de la capital. Rodeada de jardines y con una amplia parcela, esta casa representa la cara más privada de su patrimonio y funciona como refugio para desconectar de la exposición mediática.
Una estrategia segura para su futuro
Lo más llamativo de esta historia es que Vaquerizo nunca ha ocultado que considera estas adquisiciones una forma de asegurar su futuro. Mientras otras celebridades diversifican sus inversiones en empresas, fondos o negocios tecnológicos, él ha preferido apostar por un modelo clásico que considera más seguro.
Un patrimonio de casi cinco millones de euros
Una estrategia que, vista en perspectiva, parece haber dado resultado. Según distintas estimaciones publicadas en los últimos años, el valor conjunto de sus propiedades supera ampliamente los cuatro millones de euros y podría situarse incluso por encima de los cinco millones.
Uno de los reyes del 'Glam'
El artista que revolucionó la escena glam y conquistó los programas de entretenimiento ha sabido construir, ladrillo a ladrillo, un patrimonio sólido que le asegura una cómoda jubilación.









