Hablamos con Jaime Monge, el artista español en el barco de Jeff Bezos: "Lauren Sánchez me dijo que se había enamorado de mi obra"


Con sus pinceles, ha conquistado a muchas 'celebrities', pero lo que de verdad le apasiona es que su obra conecte con la gente, y esta es su fascinante historia


Jaime Monge en su taller estudio en Madrid© JAVIER ALONSO
2 de mayo de 2026 a las 21:13 CEST

Se mueve en un mundo volátil y complejo, pero su gran sueño es poder vivir, toda su vida, de su arte... y cualquiera diría que cada día está más cerca de conseguirlo. Jaime Monge puede presumir de haber conquistado, con sus pinceles, a Lauren Sánchez Bezos –quien se hizo con su obra Help is on the way en la gala organizada por la Fundación Global Gift en el Festival de Cannes, el año pasado- y a Eva Longoria -a la que está preparando una obra muy especial-. Sin embargo, mantiene los pies en la tierra y, con humildad, nos confiesa que no reconoce la etiqueta de 'pintor de los famosos' que, en los últimos tiempos, le hemos adjudicado en los medios de comunicación. Porque eso no es lo que busca. Para él, lo verdaderamente importante es que cualquier persona conecte con su trabajo y ahí reside la verdadera esencia y la belleza de su arte.

Arquitecto de formación y artista por vocación, nos recibe en su refugio, en su taller y estudio que se encuentra en pleno corazón de Chamberí, en la capital, para contarnos su historia. Su nombre ya suena en otras partes del mundo y sus obras están comenzando a viajar al otro lado del Atlántico, aunque no es lo único que ha logrado. Jaime también está adentrándose en la escultura, porque su curiosidad y sus ganas de crecer no entienden de límites. "Mi objetivo es no parar de aprender y de investigar, y la escultura no deja de ser un acercamiento más a mis orígenes como arquitecto. Se trata de trascender un poco el lienzo y salirme al espacio que todos utilizamos. Es un poco conectar las dos pasiones que tengo, el arte y la arquitectura", nos asegura Jaime que también es embajador de Opel. 

Jaime Monge en una parte de su estudio© JAVIER ALONSO
El artista nos recibió en su taller y estudio en el barrio de Chamberí

Lo de estudiar arquitectura, ¿era algo que venía de casa, de tu familia?

Sí, mi padre la hizo en su momento y a mí me gustó desde un inicio la parte creativa de la arquitectura. Yo veía lo que se hacía en España hace ya muchos años, y a mí me apasionó lo que era crear de la nada un edificio, un proyecto… Eso fue lo que me invitó a entrar a ese mundo. La parte que ‘no me gustó’, lo que me invitó a explorar más el arte como alternativa profesional fue esa parte técnica que te limitaba un poco frente a crear, por así decirlo…

Te defines como un arquitecto con la mente de un artista. Esa visión de artista, ¿estuvo siempre ahí incluso cuando estudiabas arquitectura?

Exacto. Digamos que ambas han estado en ambos lados. Cuando yo era arquitecto, la mente artística siempre estaba ahí y es la que me ha movido a seguir adelante porque me apasionaba crear, crear y crear. Entonces un poco hacía que cumplía el resto para seguir creando: esto tengo que terminarlo, tengo que hacerlo porque quiero seguir proyectando… Y cuando me fui a Londres, pues fue como lo más cercano que he vivido a poder tener ambos mundos, la arquitectura y el arte juntos, porque se creaban los proyectos, un poco ‘sin tapujos’. Disfruté mucho de esa parte de mi carrera. Ahora que ya he dejado un poco la arquitectura de lado… y me he dedicado al arte. La arquitectura siempre ha estado de la mano de todo lo que hago. Se puede ver en mis en mis obras: la geometría, la fuga, incluso la psicología del color. Todo eso parte de mi educación arquitectónica y un poco también de esa investigación constante de cómo transmitir incluso en el espacio esas perspectivas y contar un mensaje en muchas dimensiones.

¿Cuándo llegó ese momento en el que decidiste lanzarte de pleno? ¿Fue en Londres?

No, mucho antes. Realmente yo terminé mis estudios y me fui a Londres porque salí de la carrera en un momento en el que tampoco había mucha oportunidad aquí en España. Yo creo que también fue probar el buen sabor de la arquitectura directamente, porque fui a Londres y lo disfruté mucho. Fueron cinco años y durante toda esta etapa yo estuve pintando, pero digamos que no lo enseñaba: yo vivía de la arquitectura. En Londres tuve la oportunidad de trabajar en ambos, de pintar para crear y eso fue muy bonito. Muchos dibujos que tengo por ahí guardados, de esa arquitectura que creé pintándola con el lápiz, con el color… A mí me dio la vida. Y luego ya fue cuando volví a España, me di cuenta de que esto no es lo mío. No es lo mío en el sentido de que creía que no me estaba dando todo lo que necesitaba; y tuve la suerte de que llegué a un punto en el que el arte me abrió las puertas a lo profesional. Como te digo, ya me había llevado a ello y pude continuar de forma profesional. Estoy eternamente agradecido a todos los que me han ayudado en mi camino desde que empecé, porque hay muchas personas al final en la carrera de un artista.

El coche hecho por Jaime Monge
Jaime ha plasmado su arte en un Opel Frontera

Es una carrera de fondo

Sí, es una carrera de fondo y yo creo que, aunque parezca que estás muy solo, te ayuda tener gente que te va ayudando a seguir y eso también hay que agradecerlo. Una galería que te coge en un momento determinado, un coleccionista que habla de ti… Todo eso son condicionantes en un camino bastante inhóspito y solitario; y te va ayudando. Agradezco todo lo que ha sido llegar hasta donde estoy, ya son muchos pasos y mucha gente que ha estado ahí.

Cuando comunicaste esto de que ‘dejabas’ la arquitectura como tal, no dejabas de ser muy joven… Cuando lo comentaste a tu familia, los más cercanos… ¿Tuviste siempre una red de apoyo?

Sí, digamos que siempre suena raro, pero, bueno, suena y sonará. Al final, el mundo del arte es muy volátil, y para un padre, que un hijo se dedique a esto… No inseguridad, pero es cierto que, en el fondo, no es la estabilidad que te da un trabajo asalariado, por así decirlo. Una vez ven que no solo es tu pasión, sino que llena tu tiempo, tus días… Yo creo que tirarían para atrás si me hubiesen visto pasándolo mal, sin llenar mis días, sin hacer nada, pero como vieron desde el principio que, cuando di el paso, trabajaba tantas horas… Yo trabajaba hasta las 18:00 de la tarde y luego hasta las 03:00, todos los días haciendo arte y fines de semana y fiestas de guardar y todo.

Tendrías que acabar cansado

Bueno… Sobre todo, cuando mi mujer me dijo: perfecto, lo entiendo, o te vas o te va a dar un ‘patatús’. Y yo creo que incluso esperé demasiado para tomarla, aunque siempre hay cierto riesgo y que ha sido muy valiente, pero realmente yo ya tenía relativamente establecido mi mercado inicial, por así decirlo. Entonces, bueno, pues lo tomé con cierta seguridad y creo que al final fue un cambio que me cambió tanto la mente... Fue un gusto poder dedicarme a esto solo en vez de pensar todo el día en ello y luego llegar a casa y ejecutarlo. Lo cogí con unas ganas que no paré. Entonces fue, digamos, el detonante para que eso empezase a crecer y a crecer.

Tus ‘personajitos’ se han convertido en tu seña de identidad… ¿Tú cómo los llamas? ¿Qué es lo que te inspira a la hora de crear?

(Se ríe) Cada uno los llama como quiere y eso al final me gusta porque lo asocias a lo que, para ti, es una persona pequeñita. A mí lo que me inspira realmente es volver un poco al origen. Memorias, ideas, sueños… pero todo lo relacionado con poner al ser humano en el centro de atención, al personaje a la persona. Todo es: cómo puedo hacer para transmitir emociones y demás con este grupo de personas que están haciendo una acción específica o están en un elemento específico de color o en una geometría específica. Todo parte de memorias, de elementos que he vivido, de la arquitectura, de… un poco, cuando quitas todo y dejas a esas personas que es lo que transmiten. Cuando tú creas arquitectura, la persona está en el centro de todo, por mucho que tú llenes de florituras. La persona es la razón para crear, por así decirlo. Entonces, en este caso, se quita todo y se deja a la persona y qué es lo que te cuenta, ¿no? Y el menos es más. Intento que mis mensajes y conceptos sean muy claros, pero con muy poquito puede parecer rozar la simpleza… pero, al final, hay veces que es más complicado con un trazo de un Chillida contar mucho más que con un bodegón, ¿sabes? Al final yo creo que también está en esa parte del arte que evoluciona hacia los conceptos más abstractos, independientemente de que luego sea un poco figurativo, porque son personas.
Me inspira también, por supuesto, mi familia. Por ejemplo, ahora mi hijo ha sido una gran fuente de inspiración desde su nacimiento: podéis ver un poco más de color aquí (gira la cabeza hacia otras obras de su estudio). Ha crecido el color en mí y ahora incluso trabajo más elementos más inocentes, infantiles, los juegos de la infancia.... Vuelvo otra vez a revivir elementos de mi vida, como te digo, empíricos, que te abre cajones.

 "Realmente es mucho trabajo personal ir en persona a una subasta porque pones tu trabajo en la línea de fuego"

Jaime Monge, dibujando© JAVIER ALONSO
Jaime, trabajando en la obra que ha preparado para Eva Longoria y su marido, Pepe Bastón

¿Así que has notado un cambio en tu arte desde que eres padre?

Yo creo que el arte refleja la vida de uno, por así decirlo, el momento en el que vives tanto tú como dónde estás en España (o fuera, dentro de lo que sea). Tú cuentas tu actualidad y tu vida te afecta, Solo cuando transmites con algo que realmente te apasiona y tal, es lo que hace que conectes verdaderamente con la obra y luego la obra con la gente que la vea.

¿Le has hecho una especial a tu niño?

Pues mira, hice la primera de Lego, un lego pequeñín que está ahí colgado en su cuarto, pero la verdad es que yo estoy más porque él pinte…

¿Te haría ilusión que también pinte?

Le apasiona pintar, le gusta mucho, y a mí me hace mucha ilusión que él coja la creatividad como parte de su vida, independientemente de lo que sea. Que, al final, mi hijo me pida ‘oye, papá, vamos a pintar’, o que, por supuesto, relacione todo lo que vea a mi alrededor conmigo… Tiene dos añitos todavía.

"Realmente es mucho trabajo personal ir en persona a una subasta porque pones tu trabajo en la línea de fuego. Todo esto es lo que hago, puede gustar o no gustar, entonces yo ya voy pensando, lo que tenga que ser, será"

Es muy pequeño entonces

Pero ya lo relaciona y eso me encanta porque, al final, está como desde muy pequeño, cogiéndome la batuta.

Los artistas tenéis también un punto de ‘psicólogo’, en tu caso decías que te gusta conocer a tu cliente para conectar la obra…

Al final, yo creo que todo el mundo tiene un poco de psicólogo. Tienes que conectar en cierta medida, empatizar con la gente, ya sea el trabajo que sea... Ya no hago tanto encargo, pero siempre lo he determinado como algo muy importante. Estás haciendo algo que va a reflejar la vida de una persona o que va a ser una obra que va a estar para siempre con ellos. Muchas veces, no es tanto que yo les conozca para crear, sino que yo les comento normalmente que yo lo que quiero es que esa obra, sin contarte yo lo que sea, te transmita a ti lo que tú piensas que te transmite. Al final, la obra te la vas a llevar a tu casa, independientemente de lo que yo te cuente. Esta obra la vas a ver tú todos los días de tu vida y entonces te tiene que transmitir a ti. La relación emocional con las obras yo creo que es algo muy importante y no se puede fingir. Entonces, yo creo que es parte de parte de mi labor entender a la gente y entender un poco, no qué quiero contar, sino cómo contarlo para que ellos luego conecten cada uno con su obra. El arte es tan complejo que yo creo que tú puedes conectar con una obra de todas las que tengo aquí y él puede conectar con otras siete menos ésa. Entonces es imposible llegar a la conclusión de que a esta persona le va a emocionar esta u otra. Lo que intento hacer siempre es ese pequeño detalle de meter a la gente dentro de la obra, por ejemplo, porque al final es una especie de retrato abstracto, pero la emoción es imposible que yo se la imponga. Yo puedo decir: mira, esta obra es la que me gusta y no la de detrás, porque me transmite como un olor, como una canción…  Trasciende al lienzo para ser una emoción, por así decirlo, pero creo que es importante entender eso y me gusta conocer a la gente. Me encanta conocer a mis coleccionistas, a la persona que se lleva la obra a casa… Estas obras son como ‘hijos’ para mí. Tardo mucho tiempo, mucho más tiempo en pensarlas que en pintarlas. Hay algunas que llevan años en el tintero… Ahí tengo una que lleva pintada u año y medio. Cuando salen de aquí pienso: a ver dónde se va. Y cuando conectan, realmente, ya sea con Jeff Bezos o con mi prima que está en Málaga, realmente esa sensación me vale lo mismo. Es emoción pura para mí. Se me pone la piel de gallina cuando me lo dicen. Esto es el arte, es el puro arte.

Jaime Monge en su estudio en Chamberí© JAVIER ALONSO

Los artistas tenéis fama de ser muy exigentes con vosotros mismos, ¿a ti te pasa? 

El arte exige mucho auto trabajo, porque, independientemente de que haya muchas personas que van, entran y salen de tu carrera, es una vida muy solitaria. Hay mucha introspección personal. Estás constantemente buscando ideas dentro de ti. No siempre tienes que estar feliz, pero tienes que poner en orden tus pensamientos para poder ejecutar una obra o pintar. Yo creo que hay un trabajo muy grande detrás de la carrera artística y es una carrera que, si todo va bien y toco madera, dura muchos años y al final eso hay que trabajarlo porque es una carrera muy muy de fondo y muy volátil, pero merece mucho la pena porque es preciosa. Si trabajas con arte, sabes que su belleza es la última esencia de todo, ¿no? Es una cosa súper bonita, pero también dura.

Y ahora viajas con tu obra Twister al Festival de Cannes, de la mano de la Global Gift Gala. ¿Cuál es tu relación con Eva Longoria y con la gala Global Gift? ¿De dónde sale ese impulso de ayudar con tu arte a los que lo necesitan?

A ver, yo creo que todo el mundo quiere ayudar en la vida, ¿no? En cierta medida, tú puedes siempre ayudar a cruzar a alguien, puedes darle de comer al que lo necesita… pero realmente yo creo que en el arte es más complicado porque tú quieres poder ayudar, pero tu obra realmente no deja de ser una emoción tuya y que en una gala, una subasta, consiga x beneficio para una fundación tampoco depende de ti. Yo siempre he querido y estoy dispuesto a ayudar desde que empecé. A mí me parece que tenemos una responsabilidad como seres humanos, para empezar, y luego ya como artista. Si encima puedo dar más de mí y que mi obra no sólo esté en casa de un coleccionista, sino que encima ayude a solucionar problemas en el mundo, eso es oro puro. Jamás diría que no, lo raro es que ellos me digan que sí porque, igual, si no se vende, pues no sabes… pero, por suerte, todo ha llegado a buen puerto y he conseguido ayudar mucho a esa gente, que es quien lo necesita. Y oye, pues todo lo que se pueda… Ya son dos años haciendo galas, y ellos son puro corazón, dedicados a causas absolutamente necesarias e increíbles. Y lo bueno es que tienen un gran alcance, entonces tienen más posibilidad de que las obras se puedan vender.

¿Y cómo fue esa noche en la que Jeff Bezos y su mujer, Lauren Sánchez, cogieron una de tus obras? ¿Cómo te sentiste cuando uno de los hombres más poderosos del universo se interesó por tu arte?

No te lo crees, ¿no? Realmente es mucho trabajo personal ir en persona a una subasta porque pones tu trabajo en la línea de fuego. Todo esto es lo que hago, puede gustar o no gustar, entonces yo ya voy pensando, lo que tenga que ser, será… Todo lo que pueda ayudar… Jamás en mi vida pensaría que lo fuera a coger Lauren, que se enamoró de la obra y la cogió. Yo ahí fui diciendo: Mira, ya estoy aquí, la obra está hecha… que, de hecho, tiene una historia curiosa porque tardó en llegar. El tema de los transporte, es complicado, y es una parte del proceso que hay que hacer, pero es quejarse de ‘vicio’ porque que tu obra vaya a todo el mundo es increíble… aunque, en el fondo, dice, ojalá fuese todo más cómodo porque hay muchas barreras. Llegó tarde y ya está. Lauren Sánchez Bezos hizo una puja por ella, y a mí como me ‘explotó’ la cabeza de la emoción. Más todavía después, hablando con ella. Porque yo lo primero que pensaba es que ellos ganasen todo lo que pudiesen porque esto va para causas benéficas, que es lo principal. Más tarde, conseguí hablar con ella y me dijo: ‘Oye, me he enamorado’. Y fue como… Vale, he conseguido lo que quería que era que realmente una persona conectase con la obra. Y Lauren era una persona que lo había hecho, y eso para mí… Dije: ya está. Porque no sabes si también lo hacen por la fundación, que es precioso, y dices: vale, ya está.

"También soy consciente de lo importante que son este tipo de elementos trascendentales para la carrera de uno. No hay que ser hipócrita, ¿no? Pero, para mí, lo importante realmente era que esto tuviese una repercusión mediática para la ayuda que se iba a proporcionar"

Ya me puedo ir tranquilo, ¿no?

Sí. Para mí fue un momento muy emocionante, obviamente, pero lo que te digo es que, al final, también soy consciente de lo importante que son este tipo de elementos trascendentales para la carrera de uno. No hay que ser hipócrita, ¿no? Pero, para mí, lo importante realmente era que esto tuviese una repercusión mediática para la ayuda que se iba a proporcionar. Eso era lo verdaderamente importante, que consiguiesen esa ayuda... aunque no te voy a mentir, me ha ayudado… Y si quieren otra, aquí las tengo todas. 

Y ahora estás haciendo otra para Eva Longoria y Pepe Bastón

Sí. Son bellísimas personas, la verdad. He tenido la oportunidad de conocerles y cuando traspasas todas esas barreras, que, al final, yo entiendo que es un trabajo y ellas están dedicadas constantemente al suyo. Ves ese ambiente interno… y son puro amor. Con ellos, conecté hace mucho tiempo a raíz de la fundación y luego, pues me ha llevado tiempo, como todo en esta vida, hasta que les conoces y sabes qué es lo que les gusta. A mí lo que me gusta es el encargo que les he hecho, que he tardado dos años desde que empecé con las ideas hasta que hemos llegado a esto que tenéis aquí. Desde la primera vez que fui a su casa a ver el espacio… verles, conocerles, han sido muchas galas y muchos viajes, entonces ya entiendo más o menos un poco a la persona y conectas con el concepto, que es lo importante. Luego a ver si les gusta.

¿Y cómo trabajas tú también esos momentos? Porque una obra puede gustar, no… hay mucha incertidumbre

Ya tengo la costumbre de haber tenido mucha gente a la que he entrado la obra, mucho coleccionista... Yo creo que hay una parte de ti que sabe que no puedes hacer más. O sea, tú te has dejado la vida en crear, en conceptualizar, en ejecutar la obra… Y si no gusta, pues no pasa nada, no hay que ponerse dramático. Esa parte también volátil, de que la gente conecte o no con la obra, que siempre queda en último minuto que digan algo bonito. Prefiero que me lo digan antes, que no después cuando está colgada. Yo le digo mucho a la gente, cuando va a elegir una obra, normalmente quieren una demasiado grande… Hay algunos que me dicen que tienen un espacio de cinco metros y tú dices, no te voy a hacer una obra de cinco metros porque te vas a cansar y qué haces con ella entonces… Yo prefiero que te quedes con una cosa con la que conectes a otra monumental. Les enseño las cosas y les digo, ¿hay algo que te guste de aquí? Pues coge eso, verás como te enamora más que tener una obra del tamaño de tu salón, y la verdad es que es así.

Jaime Monge, haciendo bocetos© JAVIER ALONSO
Jaime Monge, haciendo dibujos© JAVIER ALONSO
En las imágenes, Jaime haciendo algunos de sus 'sketches'. Nos cuenta que, en ocasiones, sueña con sus obras

¿Y cómo llevas la etiqueta de ser el pintor de los famosos?

Bueno, yo creo que no lo soy porque no lo busco. Cierto es que he tenido por la gente que ha ido a mi alrededor durante mi carrera… pero, a estas alturas, no tengo una carrera tan larga, de momento.

Eres joven, tienes 35

Por suerte he tenido mucha gente que me ha ayudado y he podido conectar con esa gente, que luego les ha gustado las obras y han querido más. Entonces he tenido la oportunidad de meterme en muchas casas de muchos coleccionistas dedicados al mundo mediático, por así decirlo. Pero no es mi objetivo. Me encanta cuando un coleccionista que tiene obra de grandes maestros o lo que sea, de repente quiere coger algo. Algún artista joven que esté y me coge a mí y dices: jopé. O alguien que viene y te dice que te conoce desde hace años, y ahora que he ahorrado, voy a coger esta pieza. Y te das cuenta de que él piensa que esa obra tuya merece un hueco en su casa. Para mí eso es bueno. Esto es parte de lo que he ganado en esta carrera, que tengo una obra que se han llevado buenos coleccionistas, pero a mí, personalmente, internamente, no me define.

¿Cuál es tu siguiente paso? Tu objetivo…

Mi objetivo, realmente, a largo plazo es poder dedicarme a esto toda la vida. A treinta años vista. Me encantaría que mis nietos tuviesen un abuelo artista y que fuese para siempre. Ése sería mi sueño. Partiendo ya de abajo, arriba, de abajo, arriba. Artista para siempre. Esto es muy volátil. Yo estoy enamorado de lo que hago, pero bueno, es el día a día. Tengo esperanzas de que vaya para siempre de ahí para arriba. Obviamente, llegar a grandes colecciones… compartir casa con maestros o grandes artistas de otras épocas. Llegar a grandes galerías, por supuesto. Tener una exposición mundial, conocer otros lugares del mundo, cosa que estoy empezando a hacer porque he tenido exposiciones en Estados Unidos, en Berlín, en Tokio están llegando… Pero, bueno, eso, al final, que tengan una visión global de mi arte, que pueda estar a caballo entre otros mercados. Además, me parece muy interesante porque es conocer más gente, otras personas… Luego también tengo una residencia artística en México, que me emociona mucho porque es increíble. Va a ser un mercado interesante.