Hay personajes que, sin buscarlo, dejan huella en el público… aunque no precisamente por ganarse su cariño. Es el caso de Pelayo, a quien da vida Alejandro Albarracín, en Sueños de libertad, uno de los nombres más polémicos de la colonia. Dicen aquello de que “bicho malo nunca muere”, pero la ficción diaria de Antena 3 demuestra que ese dicho no siempre se cumple. Tras el adiós a Jesús de la Reina (Alain Hernández), ahora le llega el turno al político en un giro que no solo sacude la trama, sino que también marca un antes y un después que cambia por completo el rumbo de la historia y de algunos de sus protagonistas.
Hace unas semanas, Pelayo regresaba a Toledo tras su exilio en México con una intención muy clara: confesar a Marta (Marta Belmonte) el secreto que llevaba demasiado tiempo guardando sobre Fina (Alba Brunet). Fue él quien, mediante amenazas, la obligó a marcharse a Argentina sin mirar atrás, una culpa que no ha dejado de perseguirle durante este tiempo. Una decisión que rompía el corazón de su mujer y también el de los seguidores de la pareja, conocida cariñosamente como Mafin, que nunca le han perdonado aquella separación.
Sin embargo, antes de dar ese paso, su camino se cruzaba con el de Beatriz (Xenia Tostado), a quien ya conocía de su etapa en la capital azteca. Ese encuentro terminaba por destapar una verdad que no debe salir a la luz, al descubrir ex gobernador civil de Toledo la verdadera identidad de la joven.
A partir de ese momento, todo se precipitaba. Pelayo se convertía en una amenaza directa para los planes de Beatriz y de Álvaro Marquina (Javier Lara), su amante, que decidía actuar por su cuenta para evitar que la situación se descontrolara. Mientras tanto, el político seguía adelante con su idea de sincerarse y citaba a Marta decidido a contarle toda la verdad. Pero ese encuentro nunca llegaba a producirse como él había planeado.
En el camino, Álvaro lo interceptaba y la tensión estallaba. Lo que comenzaba como un intento por frenarlo terminaba en tragedia: tras un forcejeo, Pelayo era empujado por unas escaleras. Lejos de quedar ahí, además recibía una puñalada mortal que acababa con su vida. Todo ocurría en cuestión de segundos, en una escena tan rápida como demoledora que dejaba sin salida al personaje justo cuando estaba a punto de cambiarlo todo.
Marta, ajena a lo que estaba sucediendo, se acercaba al lugar de la cita y se encontraba con una escena que, sin saberlo, va a marcar un punto de inflexión en la ficción. Pelayo agonizaba y apenas tenía fuerzas para hablar. Aun así, lograba dirigirse a ella con un último gesto cargado de significado: “tienes que perdonarme”, le decía antes de que su voz se apagara para siempre. El joven fallecía sin poder contarle la verdad sobre Fina, dejando ese secreto suspendido en el aire y abriendo nuevas incógnitas en la historia.
¿Qué escenario se plantea ahora?
La muerte de Pelayo no es solo un golpe emocional, sino que cambia por completo las reglas del juego. Su desaparición elimina de un plumazo el principal obstáculo que condicionaba la vida de Fina y Marta. Durante mucho tiempo, él ha representado el control, el miedo y las amenazas que impedían que ambas pudieran siquiera plantearse un futuro juntas. Ahora, ese freno ha desaparecido y abre una puerta que hasta el momento estaba cerrada.
Para Fina, esto supone algo más que un cambio de escenario. Por primera vez, podría plantearse regresar a la colonia sin estar condicionada por el miedo. Ya no hay imposiciones externas que marquen sus pasos, lo que da un nuevo significado a cualquier decisión que tome a partir de ahora. Si vuelve, será porque realmente lo siente.
En el caso de Marta, el impacto es igual de profundo, aunque desde otro lugar. Durante meses, su historia con la fotógrafa ha estado marcada por la distancia y la imposibilidad. Ahora, sin ese obstáculo, se enfrenta a algo mucho más complejo: la posibilidad real de recuperar lo que perdió, sobre todo tras su ruptura con Cloe. Y eso, lejos de ser sencillo, abre la puerta a dudas, inseguridades y emociones que habían quedado congeladas en el tiempo.
Pero las consecuencias no terminan ahí. El asesinato de una figura como Pelayo, con peso político y social, amenaza con desencadenar una serie de reacciones que pueden afectar a muchos personajes. Álvaro queda en una posición especialmente delicada tras cometer el crimen, mientras que Beatriz también ve cómo su situación se complica al estar cada vez más expuesta.
Además, la historia deja varios frentes abiertos. El secreto sobre Fina no desaparece con la muerte de Pelayo, y todo apunta a que próximamente podría salir a la luz por otras vías. En paralelo, el regreso de figuras del pasado y nuevos movimientos en la trama añaden más tensión a un momento que ya se presenta como uno de los más convulsos de la serie.
Con este giro, Sueños de libertad entra en una nueva etapa en la que ya no hay barreras externas que marquen el destino de sus protagonistas. A partir de ahora, todo depende de ellas. Y es precisamente ahí donde la historia se vuelve más imprevisible… y también más interesante. ¿Se descubrirá el secreto de Beatriz? ¿Regresará Fina y las Mafin volverán a unirse? Pronto descubriremos todas las respuestas de una serie que no deja de plantear incógnitas con las que mantiene en vilo a los espectadores cada tarde.
Así han vivido los protagonistas este desenlace
El fallecimiento de Pelayo no solo marca un cambio clave en la historia de Sueños de libertad, también supone una despedida importante dentro y fuera de la pantalla. Alejandro Albarracín, que ha dado vida al personaje durante un año y medio, se despide de uno de los papeles más complejos de su carrera con una mezcla de emociones que trasciende la ficción. “Es raro. Tengo sentimientos encontrados”, ha escrito en sus redes sociales, visiblemente impactado por la reacción del público. El actor asegura que está “un poco en shock” tras recibir “tantos y tantos mensajes llenos de buenos deseos y comentarios tan bonitos” sobre su trabajo en una despedida que no está resultando sencilla.
El protagonista de Pasión de Gavilanes admite que “estoy tomando conciencia de que se acaba, o eso parece”. Aun así, también pone en valor lo vivido: “Supongo que también hay algo bonito en reconocer que algo ha sido importante y que siempre estará ahí”. El intérprete, que confiesa que no es amigo de las despedidas, ha querido agradecer el apoyo recibido con un mensaje directo a quienes han seguido la serie: “Nunca me imaginé recibir tanto cariño, no me acostumbro”. Y aunque esta etapa llega a su fin, deja claro que sigue adelante con nuevos proyectos que “me retan y me ilusionan a partes iguales”.
En sus últimos momentos como Pelayo, el actor adelantaba desde el set cómo afrontaba el cierre de su personaje. “Es mi último día, así que a darlo todo", dice emocionado en un vídeo compartido por Antena 3.
El viaje de Pelayo ha llegado a su fin y también el gran trabajo de Albarracín que ha dado vida a este complicado personaje que tantas penas y alegrías le ha dado. El intérprete considera que la despedida es coherente con el recorrido de su alter ego en Sueños de libertad: “Creo que es un buen final”, afirma, destacando además la labor de los guionistas como una de las claves del éxito de la ficción. No obstante, reconoce que le encantaría regresar a la serie en algún momento.
El protagonista de Amar es para siempre también se ha referido a la reacción del público hacia Pelayo, un personaje que nunca ha dejado indiferente. “Me alegra que la gente defienda una historia entre dos mujeres y comparto el odio hacia Pelayo”, asegura el actor, que valora que la audiencia haya conectado intensamente con la trama, especialmente con el triángulo con Mafin. “Pensaba que me iban a coger más manía, saben que lo hacemos con amor”, añade con simpatía.
El actor tampoco ha querido olvidarse del equipo con el que ha trabajado durante esta etapa y de la química vivida en el plató, especialmente con sus compañeras Marta Belmonte y Marta Calvó, su mujer y su madre en la pantalla, con las que “me he sentido muy querido y respetado”.
Está claro que el papel de Pelayo ha sido uno de los más exigentes de su carrera y que el trabajo de Alejandro ha sido fundamental en la construcción del personaje. Una despedida agridulce en la que el actor reconoce estar contento por todo lo vivido, pero también triste por decir adiós a la serie, al equipo técnico y a los compañeros que forman parte de esta gran familia.
Por su parte, Marta Belmonte ha querido profundizar en lo que supone este giro para su personaje, un momento que define como “muy tramposo” y de “doble filo”. Por un lado, explica, es la pérdida de un ser querido "de una forma abrupta, muy dolorosa". Pero en medio de ese shock y de la conmoción, cuando apenas se puede digerir lo ocurrido, se gira la moneda y resulta que "esa persona amada es la que prácticamente te ha destrozado los últimos meses de tu vida".
La actriz describe este proceso como un duelo doble en el que el dolor se mezcla con la necesidad de entender todo lo que ha sucedido, incluyendo recuerdos y flashbacks que vuelven con fuerza. “Cada vez que me miraba, cada vez que me tocaba, cada vez que me animaba… ha sido muy fuerte”, resume. Un desenlace que cierra una etapa intensa en la serie y abre otra completamente distinta en sus historias principales.


















