En la cuenta atrás para la celebración de las elecciones en Andalucía, el actual presidente de la Junta ha dado un paso al frente. Juanma Moreno Bonilla ha dejado por unos instantes la campaña y los actos oficiales para mostrar su lado más personal. Nacido en Cataluña, empezó a interesarse por la política en la adolescencia, etapa que precisamente atraviesan ahora sus hijos. Sobre su faceta como padre de familia numerosa, su sorprendente pasado como cantante y el impacto psicológico que ha tenido para él la tragedia ferroviaria de Adamuz, se ha sincerado como nunca.
Antes de sus primeros (y tempranos) pasos en la política, Juanma Moreno probó suerte en la música. Fue vocalista de tres grupos: Falsas realidades, Lapsus psíquico y Cuarto protocolo. "Nos tomábamos unas cervezas y empezábamos a decir nombres. Estábamos en los principios de los 90 y los nombres eran así", ha comenzado a contar en El Hormiguero. Las letras de los temas que defendían eran "de amor y de cosas cotidianas" porque la motivación de hacer una banda no era otra que "ligar".
El amor llegó a su vida en 2004 durante una fiesta en el marco del congreso del Partido Popular en la que estaba Manuela Villena, politóloga y afiliada a Nuevas Generaciones. "La rondé un poco pero no me hizo ni caso. Le di mi móvil y no me llamó nunca", ha contado. Tiempo después coincidieron en otro acto en el que volvió a insistir.
"Ella estaba haciendo un doctorado, con una investigación sobre política. Yo estaba en Génova y me dijo que si podía darle datos. Al principio vino al despacho, luego le propuse tomarnos un café y por último cenar. Poco a poco la fui seduciendo", ha detallado sobre Manuela, una de las grandes influencias de su vida al ser una mujer "con mucho criterio y una gran asesora".
Tras unos inicios que se cocinaron a fuego lento, comenzaron una relación que tuvo su gran día en septiembre de 2006, cuando pronunciaron el "sí, quiero" en la iglesia de los Santos Justo y Pastor, en la tierra de ella, que es una de las mujeres más elegantes de nuestro país.
Así viven sus tres hijos la política
Su felicidad se multiplicó formando una familia numerosa con la llegada de Juanma, en 2010; Fernando, en 2011; y Alonso, en 2014, el mismo año en el que fue nombrado presidente del PP andaluz. A pesar de que los niños ya habían nacido cuando Moreno comenzó a dar los pasos más importantes en la política, siempre han apostado por mantenerlos al margen del foco mediático. Quieren garantizarles una infancia discreta y tranquila, lejos de los comentarios de todo tipo que acompañan cada día a los cargos públicos.
Sin querer romper su habitual anonimato, los hijos de Juanma Moreno sí han dado un paso al frente para acompañar a su padre a la televisión, donde han tenido un inesperado protagonismo. "¿Sabes lo que me han dicho mis hijos antes de entrar al programa?" Me han dicho: papá, tú siempre nos dices que en la vida hay que escribir un libro, que ya lo he escrito; plantar un árbol, que ya lo he hecho; y tener hijos, que somos nosotros. Pero te quedaba una cosa, ir a El Hormiguero. Así que hoy he cumplido con todo, con las cuatro", ha dicho ilusionado en este debut.
Juanma le ha explicado a Pablo Motos cómo viven sus hijos su trabajo: "El mayor lo entiende. Y no solo lo entiende, sino que lo sigue. Tiene inquietudes, le llama la atención. El mediano, medio medio. Y el último pasa completamente de todo. Le da igual lo que hago", ha contado con toda naturalidad. Además, ha confesado que le ha pedido a su primogénito que no tenga redes sociales hasta que pasen las elecciones de Andalucía "porque el ambiente y las conversaciones son muy duras y va a sufrir".
Su impacto con Adamuz
En estos años de mandato, una de las situaciones más difíciles a las que ha tenido que hacer frente ha sido el accidente de Adamuz, en el que murieron 45 personas y decenas resultaron heridas. Es incapaz de hablar sin emocionarse de esa tragedia a la que se desplazó en cuanto tuvo constancia. Recuerda que cuando llegó a las vías se encontró con cientos de objetos personales y con los cuerpos de las víctimas: "Esas imágenes se me quedaron grabadas, y más que el impacto fue cuando conocí a las familias de esas personas a las que había visto allí. Me quebró y he tenido que acudir a un psicólogo".








