Patricia López Arnaiz se llevó el Goya a mejor actriz protagonista por su magistral actuación en Los domingos, película dirigida por Alauda Ruiz de Azúa. Tras escuchar su nombre de boca de Victoria Abril, la intérprete vasca, de 44 años, se fundió en un apasionado beso con su novio antes de subir emocionada al escenario a recoger el galardón, el segundo de su carrera.
Entre lágrimas, dedicó el premio "a mis personas queridas". "A mi familia, a mis amigas y mis amigos", dijo. Después, mientras las cámaras de Televisión Española enfocaban a su pareja, Patricia resaltó la importancia de las relaciones auténticas. "Celebremos las relaciones que sí son posibles, esas en las que gana el querernos mucho, nos lo curramos, nos miramos y nos deseamos los unos a los otros ser nuestra versión más genuina". Por último, haciendo un guiño a su personaje, la tía Maite, que lucha porque su sobrina Ainara no se meta a monja de clausura, expresó con cariño: "Y como no hay tía sin sobrina, para mi amor Emma".
A pesar de su gran éxito profesional, López Arnaiz vive totalmente alejada de los focos. Desde hace una década reside en las montañas de Álava, no muy lejos de su Vitoria natal, junto a su pareja. "Me gusta esta paz, me aterriza y me procura placer", dijo en una entrevista concedida a El País. Sin redes sociales, con un teléfono Nokia y una cuenta de Hotmail, su mayor miedo es perder el anonimato. "Desde el principio he sido muy cautelosa. Estoy en el proceso de soltar ese temor. Es una negociación conmigo misma. En el fondo, tal vez no sea tan grave que me conozca la gente", declaró.
López Arnaiz, que estudió Publicidad y Relaciones Públicas antes de dedicarse en cuerpo y alma a la actuación, prefiere no desvelar el nombre del pueblo en el que vive rodeada de perros y gallinas, y muy cerca de un robledal. "Exponerme me da miedo. Quiero estar ahí, pero que no se me vaya de las manos. De momento, voy tranquila por la calle y muy poca gente me conoce. Mi representante me ayuda mucho, ya sabe cómo soy. Voy haciendo cositas, pero con cuidado", señaló en otra entrevista concedida a El Mundo.
En 2021, en plena pandemia, Patricia se llevó su primer Goya por interpretar a Ane en la película 20.000 especies de abejas y ya entonces se acordó de sus seres queridos. "Quiero dedicarlo, con todo mi amor, a mis amigas, a mis amigos, a mi familia, por hacer mi vida hermosa; a mi abuela, que es una grande; a mi madre y a mi padre, porque han hecho que me sienta acogida en el mundo y que el mundo me reciba; y a mi compañero", dijo llevándose las manos al pecho. "Mucho amor. Muchas gracias", finalizó entre lágrimas.
En aquel momento podía parecer que la actriz estaba en la cresta de la ola. Sin embargo, tocó fondo. "No fue fácil. Venía de una época bastante estresante de trabajo. Iba de un sitio a otro, rodajes, ciudades distintas, pasar muy poco por casa, cuestiones personales que me tocaron mucho… Los picos de emoción de los premios sabes que tampoco son saludables. Fui estirándolo y los Goya eran el último hito antes de dejarme caer. Después me pasé una semana tirada en el sofá. Hice crac. Tuve que aterrizar y reconectar conmigo. Creo que los procesos orgánicos de mi cuerpo son más lentos que lo que mi cabeza quiere", confesó en El Correo.








